Debimos ser felices: el anhelo de regresar

Josué navarrate navarro

Debimos ser felices (Montacerdos, 2020), como libro-objeto que podría ser, está  hecho para leerse fuera de la ciudad, o para al menos, pensar fuera de ella. La misma portada es una foto en medio de todo eso; el ruido del mar, un momento íntimo, y la infancia propia que le pertenece a la familia. Levantamos la vista, y el color azul se toma todo el libro hasta su contratapa; así las palabras más importantes se pronuncian: suicidio, madre, pulsión.

Rafaela Lahore (Montevideo, 1985), en su novela debut y ganadora en la categoría Mejor Novela Inédita del premio Mejores Obras Literarias 2019 del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, realiza una regresión hacia el pasado desde la autoficción para mostrar y señalar leves recuerdos, hoja tras hoja. La narrativa de los sucesos son emociones, y no precisamente lo que va pasando, porque acá el recuerdo es la forma y su movimiento. La narradora recuerda que se quiebra completamente desde el hallazgo nada anecdótico de una carta de su madre, pero no lo supo hasta mucho después; era una niña. Recuerda que de niña vivía en un rancho, rodeada tanto de naturaleza como de espacios perdidos. También recuerda que esta conmoción, construida lentamente y dibujándose como un momento de replanteo emotivo, pudo haber empezado en el casamiento de su abuela, porque ese día llovió. La imagen del agua también es importante. Su maleabilidad y calmado caos son la luz de este relato, porque la luz pareciese siempre evitarse hasta un momento muy especial. 

Con todos esos bocetos, una verdad se va perfilando. Lahore hace una celebración de lo puro que puede habitar en los lazos de familia, y escarbar en ellos es una costumbre que va muy unida al pasado de los nuestros. Como uno va saliendo constantemente de donde se viene, la autora uruguaya quiere que entendamos un proceso que realmente tergiversó en ella: la de venirse a un país como Chile y caminar frente a la Moneda, recordando las bombas, llevando en su mano la compañía y las fantasías de su madre. De la familia entera como una tarde en la playa.

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