Vuelve a creer en tu gente

Galia luque milla

Después del estallido de octubre, las ventanas se volvieron a abrir para dejar sonar por todas las esquinas lo que quisieron borrar; otra vez la Nueva Canción Chilena como música de fondo para apoyar la lucha eterna contra la injusticia y la desigualdad –un canto de lucha, canto popular, pero por sobre todas las cosas, un canto de amor–. Hoy, enfermos por los efectos secundarios del neoliberalismo, abro la invitación a escuchar una de las cosas más maravillosas que nos ha entregado el amor al pueblo y a la tierra: «La población», disco conceptual del cantautor Víctor Jara (1932-1973). Publicado en 1972, bajo el sello Discoteca del Cantar Popular (DICAP), y tal como una obra de teatro, Víctor nos adentra en la historia de la toma de terrenos de Herminda de la Victoria, Barrancas, hoy comuna de Pudahuel.

«La población» es un disco sobre levantarse y adueñarse del futuro, tomar lo que no nos quieren dar. Romper la marginalización, y no sólo hacerlo desde la rabia, sino también desde el cariño y la necesidad del bienestar de nuestra comunidad. A Víctor Jara lo sacaron de nuestras manos por ser un idealista, por creer en nosotres, por cantar el imaginario que siempre han querido eliminar: el pobre no es sólo un pobre obrero que vive y sufre por trabajar, sino que también cree, siente, ama y construye. Víctor Jara fue un subversivo, simplemente, porque no hay nada más amenazador que cantar sobre los que no se nombran.

Nuestros días han sido oscuros. Vemos cada día cómo esta franja tan larga de silencio se transforma en un paisaje cada día más complejo y sórdido. La gente en las calles sigue igual, endeudándose y haciendo filas para cobrar el seguro de cesantía. Con mascarilla o sin ella, los reclamos por lo caro del transporte público y el caminar cansado de norte a sur, siguen intactos. Los sueños de mi gente se transformaron en abrumantes deseos de escapar, tomar un bus o un avión y dejar atrás esta tirana sangre latinoamericana. La desidia de parte de nuestros representantes y la soledad abrumante de la pandemia, nos envuelven en tristezas y lamentos. Necesitamos optimismo, y ese optimismo está y existe. El arte es lo único que nos podrá salvar; y la Nueva Canción Chilena es uno de esos fenómenos en donde más podremos encontrar fuerzas para soportar la desesperación que nos produce el hambre en las calles, las escopetas cargadas y las muertes sin autor. «La población» es espíritu y ternura, es querernos y cuidarnos. El arte que dejó Víctor Jara, y del que ahora algunos indeseables se quieren apropiar, es nuestro –es de la gente que se levanta e intenta con todas sus fuerzas que las injusticias se paguen. Es de los que gritan cuando los pasan por arriba, y principalmente, de los que aman a su gente–. 

Los discos son un viaje, y éste es hacia el murmullo de nuestra propia vida. Isabel Parra canta con pena, de esas que nos acongoja. Simple, una guitarra y el grito de un gallo. «¿Quién me iba a decir a mí?/ ¿Cómo me iba a imaginar?/ Si yo no tengo un lugar/ en la tierra». Un lamento conocido. Estar sola, sin algo propio. Pero lo maravilloso y lo contestatario, al fin y al cabo, es no morir de pena al no tener un espacio en el mundo. «Y mis manos son lo único que tengo,/ y mis manos son mi amor y sustento». La alegría de estar vivo, a pesar de las tormentas. Tanto sensibilidad como solidez. 

Tal vez dudamos en el poder del pueblo. Tal vez la represión nos cansó y soltamos lo poco que nos dejaron tomar. En este siempre doloroso 11 de septiembre escribo con la intención de que no nos dejemos derrotar por el dolor que nos pega en la espalda, y que utilicemos la poesía de la música rebelde a nuestro favor. Invito a creer en las palabras de Víctor, de Violeta Parra, de Patricio Manns, de Quilapayún, de Isabel y Ángel. En este día, escuchemos lo que han querido eliminar de nuestra memoria y recordemos que no siempre fuimos un pueblo de mirada deprimida. Encontremos la rebeldía y la valentía en estas voces que tanto tienen para decirnos; quizás nos encontraremos con sentimientos guardados que no han salido a bailar desde que caminábamos por la Alameda. Y el día en que nos volvamos a abrazar, cuando esta pena de la distancia se fusione en una pequeña molestia que produce acostumbrar los ojos al sol, acordémonos de la esperanza detrás de lo que fue la Nueva Canción Chilena. Si nuestras manos son lo único que tenemos, usemoslas con cariño, y con respeto. 

No dejemos que nos separen; mientras estemos juntxs, la estrella de la esperanza seguirá siendo nuestra.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s