DIARIO DE ALLISON OKE

Manuel boher

Manuel Boher (Santiago de Chile, 1999) es poeta y estudiante de Literatura en la Universidad Diego Portales. Participó en la Fundación Neruda en 2017, ha ganado el premio Roberto Bolaño en la categoría Cuento, además de diversos concursos de poesía. Le encanta la música, y también tiene un bello interés por el dibujo.

En esta ocasión, nos comparte un extracto de su libro Diario de Allison Oke, donde su lenguaje, con un lirismo cálido y referencial, nos narra las vivencias e instantes de una contemplación del testimonio y la exploración como metamorfosis de los valores propios en las fronteras de lo visto, lo observado, y lo sentido.

DIARIO DE ALLISON OKE

La vida que aquí has perdido

la haz destruido en toda la tierra

-C.C.

Acostumbrada a los muros de mi cabina, el cerro chileno me parece abstracto

he olvidado cosas, lo reconozco con fecha diciembre en los boletos que reparto

las noches claras son molestas, como las teleseries de la tarde

mi peaje en el atardecer es una postal de ciencia ficción.

Con frecuencia los atrapanieblas vibran chupando agua de las nubes

el vaho de mis compañeras es una esfera que me orbita

escucho de la patrulla que pasa: nos queda grande la gente noble

yo vivo en un camarote y un camión es mi Salón de Belleza.

Encontré lo más crudo en los aleatorios hallazgos del Ocio,

el barrio era una galleta de la fortuna, y es natural que el destino de los otros

nos provoque insomnio y haya que partir una pastilla blanca

y es probable también que crecer signifique hacer todo, cada vez de forma más privada.

Yo no nací del trigal ni del útero de una vaca parda, yo me desvinculo por el ombligo

no celebro San Valentín, no estoy atorada en la Radio Moscú

y tampoco soy la interferencia en el tablero del presente

yo solo tomé de la ropa a los encargados, para que te figures lo sola que andaba.

Espero de mi presente: Decir que es salvaje mal viaje los sermones oídos por escuadras

robar cerveza y armarme de valor para comprar lo necesario lejos de casa, 

repetir el chiste de bendecir un plato de tallarines frente a las compañeras de cabina

trasmutar mi insaciabilidad reaccionaria en una pura y concreta angustia.

Evitar aquellos amigos que quiero pero que me dan vergüenza

voy a fracasar en creer la razón como la soberana del presente,

fracasaré en hacer arte sin fumar mariguana, una vez más

y cuando llegue a casa intentaré descansar del atractivo mundo que me ha dejado de lado.

Soy adicta a las gotas y duermo sin guatero, repito en mi mente las patentes por si acaso 

reemplazo los jabones por palabra de mis superiores, me siento en la carroza

ocupo siempre el aventón, lleno las esquinas con la piel de mi cuerpo. Digamos: Soy.

Pero todos aquellos que se conocen, afortunadamente acabarán por despedirse.

Me conmuevo por los comunicadores que han interpretado el rol de villano,

alucino como una niña perdida en cada estación de servicio, recuerdo:

ese piano de cola afinado por mi antiguo maestro de lenguaje, la caja de anzuelos y moscas

no pienso en nada al pasar frente a mi escuela antigua.

Muestro mi trabajo debido a la confianza maníaca que me despierta la gente tímida

me siento inválida probando el paracaidismo, mirando una nueva marca de helados

dominar una playa con banderas celestes. Sé que moriré a pocos kilómetros de donde nací

eso no es haber sido una cobarde, eso es haber tenido el mínimo de oportunidades.

No tomo papa del mito, no oigo completa la canción nacional

no ando por la calle pasada la cena, le pongo por chiste nombres a las palomas

soy tierna como una novela gráfica, me dejo peinar por mis compañeras

pero soy una mascota balmacedista, soy tierna; pero tan joven.

En verano nos acosa en el peaje el ave chilena, las caballerizas alcanzan tope

lo esencial se pierde en el séptimo asado, las teles se encienden,

las botillerías abren temprano, la gente se atreve a comprar paltas en verano.

La chanchera cierra y se puede hacer misa con el olor recuperado de la playa.

En verano abren el Tour del Vino en Santa rosa, cerquita del peaje se obsequian lechugas

se comen frutillas de postre, se bebe en una mesa llena de naipes,

a veces se sufren los veranos en Melipilla, se bautizan guaguas en Pomaire. Se hace salud.

Pero eventualmente, se acaba el verano, y nos acabamos nosotras.

En esta enorme sala de espera, en el catálogo de Oviedo, España, en el atrio chileno,

en el hotel de la edad moderna, en el churchyard, en el presbiterio y la sombra del lychgate

en el esqueleto del enfermo, en el bote Morfeo de La Higuera, 

en un clóset de la escuela Pedro Pablo Muñoz, en el escudo del Elqui, en el observatorio.

En el manual de prevención, en los paquetes que guardan los jesuitas, 

en la sangre de Pedro Marín, en el cofre de la viuda, en la basura de la pesca,

en la espina del lenguado, en playas pedregosas, en los islotes de trigo,

en el cementerio de concha molida, en el carbón de raíz, en la corriente de Kamchatka.

En cada una de mis compañeras de cabina, y en mí:

hay una muerte irrevocable, 

mostrándose de la misma forma en que se mostraría

un collar feo que se usa por cariño.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s