Hacia el límite de la transparencia, una reseña a Rendición de Ray Loriga

Jorge núñez riquelme

Imaginen un mundo en donde el agua es escasa, tiene dueños, hay una guerra de la que poco se sabe, y la única posibilidad de salvación es vivir en una ciudad transparente. Rendición de Ray Loriga (Premio Alfaguara 2017) es una novela que narra un mundo en el que el límite toma diversas formas. El límite de dejar un hogar, hijos que abandonaron ese mismo hogar para ir a la guerra, y la escasez de un elemento vital como lo es el agua obligan a un hombre de campo, a Ella (esposa del hombre de campo), y a un hijo adoptivo a trasladarse a un lugar desconocido, en donde la transparencia cobra gran presencia.

El narrador de Rendición es un hombre de campo que trabajaba para Ella, quien enviudó y con quien luego formó una relación. Tuvieron dos hijos que se alistaron a una guerra en la que se da a entender que, tras una larga crisis política y económica, derivó en la pérdida de recursos del planeta en una corrida de alta violencia. Aun así, esta descripción es generosa, ya que no se sabe muy bien por qué se está luchando. La difuminación de ese gran conflicto es también una advertencia, señalando la salvación que se encuentra en la ciudad transparente, en donde existe una hipervigilancia entre ciudadanos y quienes velan por el correcto comportamiento dentro de ella, acaso un detonante de lo que podría liberar una guerra interior en nuestro protagonista y otros ciudadanos.

Loriga narra los sucesos a través de la voz de un hombre maduro, desencantado, señalándonos reflexiones con sencillez y es ahí donde radica su mayor valor. La crudeza de los sucesos pasados y recientes son detallados sin mayor adjetivación, mostrando los hechos lo más cercano posible a tal cuál sucedieron. Lejos de ser un narrador-personaje que nos entregue un mensaje moral de manera directa, Loriga prefiere señalar la crudeza de los actos sin emitir mayor juicio. Apuntar y contar. Dejar al lector que tenga plena libertad de pensamiento ante la muestra de las imágenes. No hay diálogos, todo se centra en un relato en pasado, en donde un ritmo tranquilo y clarificador se apodera de la historia.
Loriga (guardando las proporciones precovid) plantea en la Ciudad Transparente una especie de nueva normalidad. No hay un virus, pero sí existe una amenaza de la cual hay poco conocimiento. Una amenaza que conlleva a estar encerrados, vivir en hogares transparentes (en donde, luego de un par de semanas, ya no hay mayor curiosidad por espiar a vecinos follando, o estableciendo dinámicas propias de cada familia) en donde la intimidad es una cuestión pública. La pérdida de ésta es también lo que lleva al desencanto común de sus ciudadanos que se comportan de manera autómata, y el agua (que al parecer algo tiene) actúa como un regulador de emociones. No hay gente deprimida, tampoco muy feliz. La ciudad transparente lo es a tal punto que Ella (la pareja de nuestro protagonista) tendrá un nuevo y joven novio que vivirá en el mismo hogar de quien relata esta historia. Lo que aún le une el protagonista a Ella es Julio, un niño que llegó de la nada y del que poco se sabe porque casi ni habla. 

Una novela neo-orwelliana y existencial, precisa y con un ritmo realmente envolvente, en donde los vacíos son intencionales e intrigantes. Loriga describe un mundo no tan lejano, acechante en amenazas e hipervigilante del que podríamos estar más cerca con el pasar de los días. 

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