Corazón de piano:
Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto

Diego Armijo otárola

Hay que principiar aclarando –carnaza poco usada–, la cercanía que tengo del libro del cual escribiré, a continuación, flores. Trabajo vendiendo en ferias –cuando eran jornada permitida–, online hoy, los libros que Kindberg poco a poco ha publicado. Soy amigo también, me alegra, de la editora. Leo, entonces, desde este conflicto de interés, del cual, si gusta, si agrada el libro, corto algo del valor que se paga. Pese a eso, no me abstendré de elaborar mi agrado frente al libro de Manuela Espinal Solano, publicando gracias al financiamiento de los Fondos de Cultura, convocatoria 2020, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. 

Escribe, esta joven escritora colombina –nace en 1998, a los 18 años publica esta, su primera novela–, en su libro extensamente, bellamente titulado Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto (Kindberg, 2020), la historia musical de su familia –la familia de la hablante–, con énfasis en la carrera como cantante, siempre a punto de despegar, de su madre y en el desvanecimiento de la herencia en esta chica, la cual desea que la música sea algo personal, sin público y se desvía, desatándose, escribiendo.  

Mediante yuxtaposiciones de escenas temporalmente esparcidas de la vida la hablante, en capítulos de corta extensión, se nos relatan al menos cuatro periodos musicales. Es posible identificar, en el bello desorden tejido por Espinal Solano, el inicio de la carrera de cantante de su abuela, una gira por EE.UU. de la madre, una estadía en El Salvador siguiendo los sueños de la madre, una ida y vuelta entre Medellín y Bogota como otro intento de la madre, y el estático, pero optimista, tiempo de escritura.  

En la página 33 se lee:

«Estar en el coro era la mejor opción para alguien que quisiera dedicarse a la música y apenas estuviera descubriendo su talento, pero mis abuela ya tenían mucha experiencia. Para entonces, mi abuelo ya había estado en tríos como tercera voz y guitarrista y mi abuela ya había cantado en muchos bares y restaurantes. Iban al coro porque querían verse».

Escrito con sencillez, Quisiera… nos entrega un texto que cuenta una historia muy sutil, que con el velo de lo sensible, permite evocar, a uno como lector, situaciones afines. Es, de este modo, un artefacto literario que, aludiendo en su título su vínculo melódico, se transforma en una canción. El lenguaje utilizado, a ritmo de corazón, tiene una cercanía muy bella con las letras que acompañan el canto. Esto debe leerse como un logro, pues sin apelar a la referencialidad –no se nombran géneros musicales, ni canciones ni músicos, solo se hace referencia a que la madre canta en una «orquesta»–, nos mantiene, en lectura, tarareando. 

Espinal Solano nos ofrece un texto, novela, digamos, en donde lo confesional se transforma en «el canto de todos, que es mi propio canto», como cantara Violeta Parra. Quisiera… es una novela que alegra, palpita, que da un enorme gusto ir leyendo. 


Diego Armijo Otárola (Viña del Mar, 1994). Ha publicado el libro de cuentos Glorias
Navales
(Balmaceda Arte Joven Valparaíso, 2019) y la novela Carcasa (La Calabaza del
Diablo, 2020).

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