Sin promesas
Balneario de José Fliman

Diego Leiva quilabrán

usted quisiera vivir como los demás,
ser honrado como los demás, tener un hogar, una mujer
(…) y sin embargo, ya no hay una sola célula de su organismo
que no esté impregnada de la fatalidad

Los siete locos, Roberto Arlt.

Ocho cuentos de extensión diversa extensión forman parte de Balneario, el debut literario de José Fliman (Santiago, 1950) y más reciente publicación de Editorial Cuneta. Ocho cuentos que exploran lacónicamente vidas que terminan, proyectos que se desmoronan o voluntades que ceden.

Ese laconismo es, en una oportunidad, el defecto más notorio. El punto más bajo quizá resulte ser el cuento homónimo. En él, algunos elementos no terminan de cerrar o parecieran exigir un mayor desarrollo que dé fluidez al montaje de cuadros recortados y formación de contrapuntos. Esto va en desmedro de la tensión narrativa entre la mirada que oscila entre un padre y su familia de vacaciones y un barnizador que pospone su obra en una casa prestada. Aunque me parece el momento más discreto, no deja de ser interesante. A pesar de este detalle, el saldo restante sí o sí es positivo.

Laconismo y montaje, cuando no son se tropiezan entre sí, es decir, en los otros siete cuentos del volumen, son una clara marca de estilo de autor. Las construcciones privilegian el multiperspectivismo, se mueven en el tiempo y el espacio a través de una voz central (en primera o tercera persona) que organiza los relatos y monta retazos de diálogos y cuadros cotidianos, como ocurre de muy buena manera en “Antes de que se enfríe” o “Transplante”. Por otro lado, los juegos temporales de consciencias que se repliegan con mayor o menor detalle en su pasado para salir más lastimados o perdidos alcanzan un punto alto en “Estambul” y “La deriva”.

Si hay algo que agradecer a esta narrativa son la forma en que moviliza éticamente la lectura. Personajes deleznables como el Monseñor de “Demora el cerdo en morir”, el desesperado Jean Bon Dieu, inmigrante haitiano, del relato que lleva su nombre o el protagonista de “Estambul” aparecen para llevar al lector por caminos tan diversos como el desprecio radical por el abuso de poder clerical, la conmiseración y la suspensión del juicio, o el juego con él, hasta el último párrafo. Estos movimientos son interesantes en su diversidad, pues generan una amplia gama de sensibilidades bien conformadas por el autor. Estas se expresan a través de recursos como el énfasis en los excesos, el patetismo y las contorsiones en una misma historia personal, una suerte de multiperspectivismo interno. Todo esto manteniendo un hilo conductor: la falta de esperanzas y que en todas las narraciones algo se está acabando.

Este hilo temático es el que anuda de gran manera los ocho relatos: fracasos como establecidos de antemano, la imposibilidad de cambiar el rumbo, pero también la imposibilidad de mantener el poder en las propias manos. El crimen como cambio de fortuna, por ejemplo, es un recurso útil a favor o en contra del “bien” o al menos de lo que logramos identificar con él, tiene el potencial de arruinar y de movilizar una rueda estancada por un dominio terrible. El agobio producido por una casa llena de alimañas de todo tipo o por el placer de atestiguar un crimen que se libera en el hecho de narrarlo son momentos bien construidos, en que la frase corta, la imagen fragmentaria y los contraplanos de pasado/presente o uno/otro fortalecen las sensaciones.

En suma, el debut de José Fliman es un libro variado, con resultados y experiencias de lectura disímiles. Su punto fuerte es la ausencia de miramientos al enfrentar y representar la crueldad, para deshacerla en su temporalidad o para consolidarla en el centro de una subjetividad. Junto con ello, el uso inteligente de algunos estereotipos en la definición de la acción narrativa: la perversa autoridad eclesial, por ejemplo, o el inmigrante desprotegido o el oficinista otrora joven trotamundos, están inmersos en narraciones bien sopesadas, compensadas y que evitan caer en simplismos. Más bien, cuando lo hacen, saben salir jugando o darle un peso suficiente para que la tensión no decaiga o solo se incremente rumbo hacia el despeñadero.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s