La paciencia infinita o cuánto aguanta una niña

Galia Luque Milla

En una primera edición chilena, bajo la editorial Los libros de la Mujer Rota, Mariana Mariasch ahonda en una profunda ramificación de lo que entendemos por amor en El Matrimonio (2020). Con una elegante poética y sensorialidad, la autora nos presenta una fusión entre ensayo y narrativa, y que, aunque quieras, no podrás categorizar en ningún parámetro clásico. Un camino amplio y al mismo tiempo meticuloso, Mariasch rebana una relación sin ningún escrúpulo, con bisturí en mano y en frente de nuestros ilusos ojos, vemos cómo desmiembra cada sentimiento que aflora en el ir y venir de dos amantes que hace ya bastante tiempo no sienten los estallidos del enamoramiento.

No es un romance floreciente, la luna de miel está guardada en algún lugar del álbum de fotos. Estas son las cenizas, lo que alguna vez fue amor: polvo que simplemente quedó en la misma posición en donde se acostumbró a estar. Falsamente estáticos, porque el silencio desquicia, el murmullo del desastre nos dice «el silencio no es sordo, hay un diálogo continuo entre nosotros, más puro cuanto más distante.» Un conformismo que se transforma en una especie de película de terror, en donde el suspenso de la angustia solapada nos apura la lectura para llegar a ese punto de eclosión – el problema (y la emoción del juego literario) es que ese fuego que quema todo lo contaminado nunca se hace presente. El libro crea una constante expectativa de un salto dramático que salve a esta voz que recorre la casa entre lavar la ropa, meditar sobre sus hijos y un marido de ausente de cariño hacia ella: no hay más que resignación y una mente que gira en su propio eje. Paciencia infinita para soportar esta vida, esta eternidad. Esto no es un grito de ayuda, ni una mujer ni un hombre golpeándose la cabeza por la desesperación, esto es la monotonía más cruda. Cada palabra tiene su tiempo y cada gesto tiene su trabajo, no romperan las cosas con crudezas que estremecen. Hay cosas que simplemente, mejor, no decir.

Con un desplante sedado hacia la vida, una mujer que se obliga a que la corriente se la lleve. Miedos e inseguridades, bajar la vista, observar el piso y no dejar de bajar ¿qué hay en el fondo? reflexión, introspección y el suficiente tiempo emocional muerto como para diseccionar cada paso que das. La eterna comparación entre mujeres, el reojo verdoso de los celos. Esperando, «Tú te vas y yo me quedo aquí». Él no está, la cama está deshecha y el calor que dejó todavía no se esfuma. No volverá, tal vez vuelva solamente a tocarla, pero ha pasado rato desde que se fue. Los trapos sucios se lavan en casa y la suciedad está pegada, el piso y la ropa inmersos en algo que ni el cloro puro saca. La esposa limpia y sana las heridas de sus hij-s, los besa antes de dormir. Las heridas de la esposa no están mezcladas con barro ni son causadas por resbalones de juegos en el pasto, estos dolores vienen de adentro y el yodo que limpiará será la autocompasión.

La soledad la invita a caer en la meditación. La esposa cumple el rol histórico, ella se queda en casa. Se queda en el lugar que le corresponde y todo a su alrededor se mueve mucho más rápido. El 14 de febrero ya no es lo mismo que cuando los besos eran fogosos, los gestos de que alguna vez fueron de ellos ahora pertenecen a otros – otros que se sientan y acarician. No hay nada más angustioso que ver como el amor se escapa de los dedos y ha otr-s no les alcanza las manos para tomar todo ese cariño. El color rojo ya no significa lo mismo. Todo enciende la curiosidad en ella, no hay pasadizos escondidos dentro de la casa familiar.

El matrimonio es melancolía, sentarse a esperar que llegue el agua que las nubes ya no traen. Es la historia de la mujer hogareña que siempre existe, pasado o futuro. La idea angustiante de cumplir un rol que tiene reglas inamovibles, mientras esperas y esperas algo que mueva tus entrañas. Es un empujón para mirar las relaciones y los bucles del tiempo, un momento de análisis a nuestro rol terrenal de ser victimas de las emociones y los dolores que produce el desamor.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s