Por eso protesto, por eso escribo: una lectura a De ahí venía el miedo, de Jorge Marchant Lazcano

Daniel López Contreras

De ahí venía el miedo (Tajamar, 2002), última novela del escritor Jorge Marchant Lazcano, existe a pesar de todo, a contracorriente de la urgencia del presente, de la incertidumbre ante el futuro y prefiere quedarse con la ansiedad viajera del tiempo. Una narrativa que salta cien años atrás para explorar los rincones claustrofóbicos de la naturaleza e identidad homosexual, quizás la propia, quizás la colectiva. En ella. cinco voces se turnan para narrar esta historia que nace a la sombra del «caso» de Oscar Wilde, pero se difuminan en una, la única, la voz de un Marchant-autor que exhibe las tensiones y contradicciones que campean en la construcción de identidades que fueron proscritas. En este libro, Marchant Lazcano actualiza lo mejor de la novelística decimonónica clásica e invita a conocer de primera mano el lugar en que anidan sus obsesiones más íntimas.

Preguntarse por un canon de literatura gay desde la escritura misma. De esto, la novela es un ejemplo, una red literaria o constelación sideral de escritores, plumas y sensibilidades atravesadas por la censura ajena y voluntaria. En la hacienda MillThorpe, en Sheffield, la vida bucólica del intelectual y socialista Edward Carpenter y del campesino George Merill, amantes a comienzos de la Inglaterra postvictoriana, desata la curiosidad del escritor Edward Morgan Forster y es descubierta, de modo casi accidental, por el desarraigado Augusto d’Halmar. El escritor chileno, perseguido por el recuerdo de Fernando Santiván y la fallida Colonia Tolstoyana, mira atento una fotografía clandestina de Wilde en una librería de Liverpool y es invitado por Merril, rústico, sudado y sugerente, a pasar un fin de semana y desviarse, casi literalmente, de su viaje a Calcuta.

La conocida elegancia de las formas inglesas es la sublimación del deseo que mueve a estos cinco narradores, a la vez que un modo de intentar comprenderlo. «Lo mejor que puede hacerse con las propias penas es contárselas a los demás. Si es que pueden contarse», piensa Morgan o quizás Marchant. Pero quizás también se esconde en estas páginas una profunda reflexión literaria sobre la construcción de la identidad homosexual y de la naturaleza del mal. «La policía vive cerca del mal», cree el Inspector Harris. El crimen sexual del que es víctima Miss Violet es la excusa que, bajo el aura de proteger y servir, justifica la innecesaria visita de Harris a Milllthorpe, en medio de la visita de Morgan y d’Halmar, la que a su vez detona el comienzo del absurdo y la defensa de la intimidad «a puertas adentro» de Carpenter.Tal vez disfrutar esta novela sea entrar por atrás a la narrativa de Agatha Christie a la vez que mirar con ansiedad disimulada al George Querelle de Jean Genet. En esta novela el whodunit se resuelve de inmediato, no hay misterio, pero sí hay miedo, ese que brota de d’Halmar y Morgan al temer y desear gestos entre hombres que a ratos son un lenguaje de complicidad soterrada. El olor de las sábanas de la cama de Carpenter y Merrill, la intimidad de la maleta de d’Halmar, el abrazo húmedo de Merrill a Morgan son la cristalización de este miedo-deseo que construye Marchant Lazcano y que acompaña a sus personajes hasta la última de las trescientas páginas de esta novela. Una historia que se perfila como denuncia, como una voz que quiere gritar a la vez que disimular desde su olvidada clandestinidad.


Daniel López Contreras (Santiago, 1991). Es abogado, licenciado en ciencias jurídicas y sociales (UDP) y licenciado en literatura (UDP). Cofundador, gestor e investigador en las Jornadas Derecho y Literatura, proyecto interdisciplinario con aristas académicas y culturales, es asistente de coordinación de la Cátedra Abierta UDP, ayudante académico, tallerista, gestor cultural y colaborador en sitios web de crítica cultural.

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