La nada es una coincidencia

 Quien amasa las olas de Maximiliano Díaz

Josué Navarrete Navarro

Dream of nothing, light and ladder
Love is in my heart.
Flying Lotus & Erikah Badu, Until The Quiet Comes

La reminiscencia de la muerte no es un problema del lenguaje. Va más allá de cualquier intento de poder entenderla, y la poesía siempre ha sido una gran frustración ante esta oscura realidad. La depuración de su forma, como una suerte de reparo o kitsugi, sólo puede servir para poder hallar su voz manifiesta; o por lo menos, para encontrar una claridad íntima que limpie toda la carga trágica de su presencia inmanente en lo amado, en lo que se va encontrando con el tiempo; y Quien amasa las olas de Maximiliano Díaz, poemario ganador del premio Roberto Bolaño 2019, se enfrenta como una maceración de ese pulso en lo que se pierde y cambia.

A través de versos narrativos, los poemas existen en una dinámica paciente, que va develando desde la lentitud una identidad de mundo que no puede pertenecer más que al Chile en extremo melancólico, como decía Raúl Ruíz, donde el suicidio puede llegar a ser igual que la felicidad, que la liberación. En sus silencios y preguntas el libro se enfrenta a esa muralla, a esa mano de Dios que ha de salvarnos y que elige la desnudez de la intimidad para desvelar comportamientos, patrones; hay un alineamiento de la nostalgia. La poética se instaura en una profunda contemplación de lo natural, y precisamente su temple es lo que logra decir algo clave respecto a la idea chilena de la muerte como algo frío, que permanece, y que por sobre todo, hiela. Desde la niñez a la vejez, o desde los problemas hasta la plenitud.

Otra omnipresencia en el relato (porque la poesía es un camino para el tiempo en Quien Amasa Las Olas), tan etérea como vertiginosa, es el sentido de Dios en la familia. «Pero ya no podemos reclamar nada como nuestro» es el verso del fatalismo posmoderno por excelencia en En las plantaciones de cobre; lo único que queda, y por lo tanto auténtico y orgánico en nuestro orden de las cosas, son las relaciones interpersonales, y los sueños de esa neblina. La esperanza no se muestra como algo sólido; es otra voz a la que pedirle explicaciones. A la que se le pregunta porqué la ciencia ficción se manifiesta en autos de importación, o en figuritas a escala. O si sería bueno ir a perderse al norte, en el proceso militar de alcoholizarse y buscar cigarros a escondidas. Todas las opciones parecen una reencarnación de lo perpetuo, que vuelve a través de la naturaleza, los procesos y las palabras.

Quien amasa las olas es una exposición de una labia que implosiona con cada relectura. Su lenguaje suave y ligero es en realidad una confusión; su cálida calma, un suspiro de letargia.

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