Siri Hustvedt y la retrospección corporal

Galia Luque Milla

El mundo nos ha demostrado que la mayoría del tiempo enfrentarse a las falencias físicas y emocionales pareciese ser una hazaña, de esas que pueden llenar hojas y hojas de lamentos y profundas horas sobre cuartos de paredes blancas y distintos aromas de cloro. Dentro del análisis, los diagnósticos y los futuros nebulosos de poco entendimiento, Siri Hustvedt nos muestra un camino certero e inteligente para cualquier momento de incertidumbre corporal. 

Un día todo cambia, a cierta hora y en cierto lugar, algo pasa. Hay una fecha que marca la diferencia, un antes y un después. Algún familiar ha desaparecido entre un cajón y la tierra, y tu cuerpo decide aflorar algún recelo ante la pena, ante la sorpresa. Tal vez no lo sabías, no lo sentías, se escondía fácilmente en un espacio de tu cerebro, pero su momento de brillar era solo una cuenta regresiva. Pareciese ser que estaba almacenado desde antes y solo necesitaba el empujón necesario para cambiar de posición tu vida. La mujer temblorosa (Seix Barral, 2010) es un esquema a seguir, la mirada fría de las enfermedades. Un análisis en primera persona, crudo y positivista – increíblemente necesario en momentos como estos, en donde las dolencias físicas se deshacen en lágrimas, rezos y desinformación. 

La autora utiliza la coraza de las palabras para mostrar un tiempo congelado, en donde las visitas al doctor, los libros de medicinas, las opiniones (expertas e inexpertas) y compromisos a cumplir se entrelazan para marcar un nuevo tiempo en su vida. Pero más allá de las actuaciones en público y discursos llenos de ingenio, hay un cuerpo que tiembla autónomamente: «¿Y por qué tiembla? ¿De dónde puede provenir un temblor que no cesa ni con rogarle al cielo?». Ese es el laberinto al cual nos adentraremos con este libro: la complejidad de los cuerpos y su conexión innegable con la psiquis. 

La autora nos deja en claro algo: lo que vale es entenderse, clínica y socialmente. Con una envidiable pulcritud, busca respuestas que no cambiarán su diagnóstico, pero sí abrirán las puertas hacia la claridad. En una especie de estoicismo mágico, Hustvedt y su historial prolijo no solo nos brindan conocimientos médicos nuevos, sino que también nos permiten mirar dentro de nuestras propias dolencias y cómo jugamos con ellas. 

La mujer temblorosa nos dice algo: tu cuerpo es una máquina (a veces) imposible de controlar, pero utilizar el conocimiento puede apaciguar la oscuridad que conllevan las enfermedades: a veces es mejor saber que no saber. Una apología a la sabiduría, una maqueta para estudiar y valorar.

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