Cerca de los cuchillos

Olivia Laing
Trad. Rocío Abarzúa

Olivia Laing (Reino Unido, 1977) es una aclamada crítica literaria y escritora. Colabora regularmente en The Guardian, New Statesman y la revista de arte y cultura contemporánea frieze. Previamente a Crudo, su primera incursión en la novela, ha publicado los ensayos To the river, El viaje a Echo Spring –sobre la relación entre el alcohol y la literatura– y La ciudad solitaria (Capitán Swing, 2017), una meditación sobre la soledad en el siglo XXI reconocida con el premio Windham-Campbell 2018 a la mejor obra de no ficción. Crudo forma parte de la lista de los 100 mejores libros de 2018 según The New York Times.

Rocío Abarzúa nació en Santiago, Chile, en 1990. Trabaja en comunicación y lee.


Cerca de los cuchillos
David Wojnarowicz
Marzo 2016

Puedes no estar familiarizado con el nombre del artista y activista americano¹ David Wojnarowicz, pero si tienes cierta edad, probablemente has visto al menos una de sus imágenes. Su fotografía de un búfalo cayendo de un precipicio fue usada como cover de One de U2, llevando su arte a una audiencia global pocos meses antes de su muerte en 1992 por complicaciones relacionadas con el SIDA. Wojnarowicz tenía solo 37 años cuando murió, pero dejó tras de sí un extraordinario cuerpo de trabajo, particularmente al considerar las desagradables circunstancias de gran parte de su corta vida. Refugiado de una familia violenta, ex niño de las calles y hustler² adolescente, creció para convertirse en una de las estrellas de la febril escena artística que fue el East Village en los ochenta junto a Kiki Smith, Nan Goldin, Keith Haring y Jean-Michel Basquiat.

Sus pinturas fueron lo que lo hicieron famoso – visiones lívidas, densamente simbólicas, una especie de Dreamtime Americano del siglo veinte. Pero la pintura de ninguna manera fue su único medio. Su primera obra de arte seria, hecha en los primeros años de los setenta, fue una irresistible serie de fotografías en blanco y negro de un hombre llevando una máscara de papel del poeta Arthur Rimbaud. Esta figura enigmática, inexpresiva, va a la deriva por los muelles y diners de Nueva York, un flâneur desposeído.

En los años que siguieron, Wojnarowicz trabajó con filmes, instalaciones, escultura, performance y escritura, haciendo cosas que daban testimonio de su experiencia como un marginado, un hombre gay en un mundo homofóbico y violento. Una de las más grandes y permanentes de todas estas obras es Close to the knives, una colección de autobiografía y ensayo originalmente publicada en Estados Unidos en 1991. Una memoria de desintegración, la llamó, aludiendo tanto a su estructura fragmentaria, de collage, como al paisaje que mapea: un lugar de pérdida y peligro, de belleza pasajera y de resistencia. 

Wonjnarowicz se vio impulsado a documentar lo indocumentado, a registrar y dar testimonio de escenas que la mayoría de las personas jamás encuentran. Siendo un niño pequeño, él y sus hermanos fueron secuestrados por su padre alcohólico. Fueron repetidamente golpeados en los suburbios de Nueva Jersey mientras los vecinos podaban las flores y cortaban el pasto. Más tarde, durante los años de plaga de la crisis del Sida, vio a sus mejores amigos morir muertes horribles, mientras líderes religiosos pontificaban en contra de una educación sexual segura y políticos abogaban por cuarentenas en islas.

Lo llenaba de rabia la brutalidad y el desperdicio: «y quiero vomitar porque se supone que debemos hacer, callada y educadamente, nuestra casa, en esta máquina de matar llamada América, y pagar impuestos para apoyar nuestro propio lento asesinato, y me asombra que no estemos corriendo como locos en las calles y que todavía seamos capaces de gestos de amor después de vidas de todo esto».

*

Knives abre con un visceral ensayo sobre los años de vagabundo de Wojnarowicz: un chico de lentes que vendía su cuerpo flaco a los pedófilos y raros que pasaban el tiempo alrededor de Times Square. Recuerda días en cuadras hirvientes de Manhattan en los que estaba tan exhausto y desnutrido que comenzó a alucinar que las ratas llevaban brazos y piernas de niños en sus bocas. Siendo un hombre joven, Wojnarowicz había sido inspirado por los Beats, y ese tono larguirucho y mellado está en todas partes en su trabajo, conjurando el mundo estridente de las calles con una energía que recuerda la City of Night de John Rechy o The Thief’s Journal de Genet.

No tener hogar fue una pesadilla de la que tomó años emerger, pero las calles también eran un sitio de desenfreno y libertad, una fuente de atracción a lo largo de la vida de Wojnarowicz. Gran parte de su más bella escritura concierne los paseos por los muelles abandonados de Chelsea, buscando sexo en las enormes y decadentes salas que se extendían por encima del río Hudson. «Tan simple», escribe, «la apariencia de la noche en una habitación llena de extraños, el laberinto de pasillos deambulados como en las películas, la fractura de los cuerpos desde la oscuridad hacia la luz, los sonidos de motores de aviones alejándose a la distancia».

¿Qué significa si lo que deseas es ilegal? Miedo, frustración, furia, sí, pero también una suerte de despertar político, una paranoia fértil. «Mi homosexualidad», escribió una vez, «era una cuña que me estaba separando lentamente de una sociedad enferma». En un ensayo titulado “En la Sombra del Sueño Americano”, describe lo que es vivir de esta manera, con el conocimiento de que «algunos de nosotros nacemos con la cruz de la mira de un rifle estampada en nuestras espaldas o cráneos». Afuera, en la ruta, manejando a través de los desiertos de Arizona, recoge a un desconocido en el baño del cráter Barringer. Ambos manejan por un camino de servicio para abrazarse: dos humanos lamiéndose los cuerpos, cada uno con un ojo fijo en el parabrisas, en el espejo retrovisor, buscando la chispa de un auto patrulla en la distancia; cada uno consciente de que el acto de su deseo podría llevar a una paliza, a la cárcel, o incluso a la muerte.

*

Y entonces la muerte vino, de la forma más brutal imaginable. El terror ciego de la vida en los años de la plaga: «la gente despertándose con enfermedades de aves pequeñas o mamíferos; gente cuyas caras están completamente negras de cáncer comiendo ensaladas saludables en los solitarios asientos de los restaurantes». Uno a uno, los amigos mueren; «parte por parte, el paisaje se está erosionando y en su lugar estoy construyendo un monumento hecho de sentimientos de amor y odio, tristeza y sentimientos de asesinato».

El corazón de Knives es el ensayo que le da título, que lidia con la enfermedad y la muerte del fotógrafo Peter Hujar, una-vez-amante, mejor amigo y mentor de Wojnarowicz, «mi hermano mi padre mi vínculo emocional con el mundo». Nada que haya leído alguna vez iguala la furia y el dolor de esta escritura, el horror puro de observar a un ser amado agitándose contra una sentencia de muerte prematura. No había un tratamiento seguro para el SIDA en ese entonces. Wojnarowicz describe un pesadillesco viaje en auto con el demacrado, furioso Hujar a Long Island a visitar un doctor que afirmaba haber tenido buenos resultados con inyecciones tifoideas. Resulta que no es realmente un doctor, aunque su sala de espera está llena con docenas de desesperados pacientes de SIDA.

Hujar murió el 26 de noviembre de 1987. Inquebrantable como siempre, Wojnarowicz registró su muerte, parándose junto a su cuerpo para tomar veintitrés fotografías de «sus asombrosos pies, su cabeza, ese ojo abierto nuevamente», antes de levantar sus manos con impotencia y quebrarse. Roto de dolor, fue sumergido en una confrontación con la mortalidad, especialmente tras su propio diagnóstico unos meses después. Siendo un hombre joven, a menudo se había comportado de manera autodestructiva, incursionando con heroína, tratándose a sí mismo con un desprecio temerario. Ahora quería lidiar con esos oscuros impulsos, comprender su causa.

En el titánico ensayo final, “El Suicidio de un Tipo Que Una Vez Construyó un Elaborado Santuario Sobre un Hueco de Ratón”, investiga el suicidio de un amigo, mezclando sus propias reflexiones con entrevistas a miembros de su círculo en común. Nuevamente, la escritura es notable: una confrontación plena, riesgosa, con la mortalidad. Cierra con una descripción incansable de una corrida de toros en Mérida, México. Un encantamiento repite como una campana: «Huele las flores mientras puedes». Suena simple, hasta que recuerdas todas las fuerzas unidas contra la salud y el amor, el coraje que tomaba comprometerse con el placer.

*

De todas las voces en los márgenes, la de Wojnarowicz está entre las más dominantes, escribiendo en un tono de urgencia abrasador. Y aún así Close to the knives no es una diatriba, ni mucho menos nada parecido a un seco análisis político. En cambio, es una suerte de híbrido intensamente vivo: una obra de honestidad radical que utiliza las experiencias más íntimas, particularmente las sexuales, como una manera de desplegar forzosamente la manera devastadora en la que los sistemas políticos funcionan para excluir y silenciar a los no deseados.

«Es agotador, vivir en una población en que la gente no habla de lo que presencia si no los amenaza directamente a ellos». Wojnarowicz no solo estaba alerta a su propia experiencia. Politizado por su sexualidad, por la violencia y la privación que había vivido, estaba atento a cualquier otre cuya experiencia fuera borrada por lo que él llamaba «el mundo pre-inventado» o «la nación de una tribu». En el transcurso de Knives, toca repetidamente otras luchas, desde la brutalidad policial hacia personas de color hasta la erosión de los derechos abortivos. 

Han pasado veinticuatro años desde que Wojnarowicz murió y aún así su lucha no ha perdido nada de su relevancia. Nos gustaría pensar que el mundo que él documentó se acabó con la terapia antirretroviral, o con la igualdad en el matrimonio, o con cualquiera de las otras victorias liberales alcanzadas en las dos últimas décadas. Pero las fuerzas en contra de las que él habló siguen tan vivas y malignas como siempre. Incluso sus antiguos enemigos están de vuelta en circulación.

El candidato presidencial Ted Cruz fue grabado alabando al fallecido senador Jesse Helms, un opositor de los derechos civiles que se dedicó a combatir el financiamiento federal para la obra de artistas gay (Wojnarowicz fue un blanco particular). En cuanto a Hillary Clinton, causó furor al celebrar a los Reagans en el funeral de Nancy Reagan por haber comenzado una conversación a nivel nacional sobre el SIDA, «cuando, antes, nadie hablaba de él». Como si así hubiera sido. De hecho, la administración de los Reagans fue notoria por su larga negativa a mencionar el problema del SIDA, un silencio que tuvo espantosas consecuencias. 

Como el grito manifiesto de los activistas del SIDA dejaba claro, «Silencio = Muerte». Desde el comienzo de su vida Wojnarowicz había estado sujeto a un silencio forzoso, primero por su padre y después por la sociedad que habitaba: los medios que lo borraban, las cortes que legislaban en su contra y los políticos que consideraban su vida y las vidas de aquellos que amaba como prescindibles. 

En Knives repetidamente explica su motivación para hacer arte como un agudo deseo de producir objetos que pudieran hablar, testificando a su presencia aún cuando él mismo no pudiera hacerlo. «Colocar un objeto o un fragmento de escritura que contiene lo que es invisible, por la ley o por los tabúes sociales, en un ambiente afuera de mí mismo me hace sentir no tan solo», escribe. «Es como el muñeco de un ventrílocuo – la única diferencia es que la obra puede hablar por sí misma o actuar como un imán para atraer a otros que cargan con este silencio forzoso».

Clinton pidió disculpas por su declaración en el funeral de Nancy Reagan, pero eso no calmó completamente el furor. Horas después de su comentario, una fotografía comenzó a circular en las redes sociales. Mostraba a un hombre larguirucho desde atrás, llevando una chaqueta de jeans pintada a mano con un triángulo rosado y las palabras SI MUERO DE SIDA – OLVÍDATE DE UN ENTIERRO – SOLO DEJA MI CUERPO EN LAS ESCALERAS DE LA F.D.A.  (la Administración de Alimentos y Medicamentos, en ese entonces arrastrando sus pies en cuanto a la investigación sobre el SIDA).

Era Wojnarowicz, por supuesto: aún encontrando maneras innovadoras de ser escuchado, de contrarrestar falsedades. No mucho tiempo antes de su muerte, hizo una fotografía en el desierto de su propia cara, ojos cerrados, dientes expuestos, casi enterrado bajo la tierra, una imagen de desafío en la cara de la extinción. Si el silencio es igual a muerte, nos enseñó, entonces el arte es igual a lenguaje es igual a vida. 


¹ Cada vez que se menciona América la autora se refiere a los Estados Unidos de América.
² Se traduce literalmente como estafador, pero aquí Laing no necesariamente se refiere a esto. Hustle, informalmente, se refiere a trabajar duro orientado hacia un objetivo. En el caso de Wojnarowicz probablemente implica el que él buscaba, como pudiera, ganar lo suficiente para hacerse una vida.


De Funny weather (2020) por Olivia Laing, publicado por Picador.

Traducción por Rocío Abarzúa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s