Malas sorpresas

Olivia Laing
Trad. Rocío Abarzúa

Febrero 2017

Alrededor del tiempo en el que Donald Trump hizo su juramento como el 45° Presidente de los Estados Unidos, empecé a pensar sobre un ensayo de Eve Kosofsky Sedgwick, la fallecida diosa de la teoría queer. «Lectura Paranoica y Lectura Reparadora, o, Eres Tan Paranoico que Probablemente Piensas que Este Ensayo es Sobre Ti» fue escrito en los noventa. Yo no soy muy paranoica, pero sí creo que tiene un agarre extraño, proléptico, sobre los tiempos en los que nos encontramos.

Si fuiste un habitué de Twitter esa primavera, es probable que hayas visto un florecimiento diario de teorías conspirativas, proliferando a modo de capturas de pantalla de bloques de texto cuyas frases clave aparecen iluminadas en azul. Algunas relacionaban a Trump con Putin, o rastreaban el oscuro flujo de dinero a través de corporaciones fantasma, el feo tráfico de influencias e información, la resaca de rumores o falsedad deliberada. La mayoría de estos ensayos eran bienintencionados, y muchos pueden haber sido incluso certeros, pero algo sobre su tono triunfante me incomodaba. Necesitamos saber qué es lo que está pasando, pero ¿cuánto detalle es útil? ¿y qué haces una vez que lo tienes?

Este es el predicamento al que Sedgwick dirige su formidable inteligencia. Lo que sugiere es que el imperativo paranoico hacia la exposición, que hace ya un tiempo alcanzó un dominio como enfoque crítico, podría no ser el único modo de lidiar con una crisis. Una lectura paranoica, escribe, es sobre todo defensiva, intentando prevenir el sufrimiento de ser tomados por sorpresa: “No deben haber malas sorpresas… la paranoia requiere que las malas noticias ya sean conocidas.”

Necesariamente cínico, esto es también extrañamente ingenuo. El lector paranoico pone su confianza en descubrir actos ocultos de violencia, creyendo que si la horrible verdad es solamente revelada, automáticamente será transformada, “como si hacer algo visible como un problema estuviera, si no a un mero brinco o salto de distancia de resolverlo, al menos en un camino obvio en esa dirección.” Como si la prohibición musulmana¹ no fuera gratificante para ciertos apetitos; como si la evidencia de racismo sistemático fuera por sí misma a alterar las tendencias del supremacismo blanco, menos aún ser una novedad para cualquiera que esté en el lado de su recepción.

Al final de su ensayo, Sedgwick bosqueja la estructura de un enfoque alternativo. Una lectura reparadora no está alojada en la necesidad de predecir y prepararse para el desastre. Puede estar comprometida con la resistencia, o preocupada por producir alguna otra nueva realidad, pero está impulsada por una búsqueda de placer más que por un escape del sufrimiento – que no es lo mismo que decir que está menos atenta a las siniestras realidades de la pérdida y la opresión.

Sedgwick murió de cáncer de mama en 2009 a los cincuenta y ocho años, por lo que nunca va a elaborar en lo que quiso decir con una lectura reparadora, pero yo me imagino que puede ser algo similar a un poema que Eileen Myles leyó en la librería London Review Bookshop el 19 de enero de 2017. Hace años, Myles se había postulado para presidenta, y cerró la noche con un nuevo poema, “Discurso de Aceptación”, su propia versión de un discurso presidencial. Era la noche antes de la inauguración de Trump y la visión que desplegó era el inverso utópico – ¡doloroso! ¡emocionante! – de lo que él diría al día siguiente. Bajo Myles, la Casa Blanca sería un refugio para las personas que viven en la calle, habría bibliotecas activas las veinticuatro horas del día, trenes gratis, educación gratis, comida gratis, tiro con arco para todos, claro, ¿por qué no?

Se sintió reparador, escuchar eso; se sintió como si la habilidad de mi imaginación para formular utopías y luego moverse a propósito hacia ellas hubiera sido restaurada, al menos por un minuto, al menos dentro de esos muros revestidos en libros. Oh, no sé. Una semana o dos después fui a Hackney Wick a ver la obra de mi amigo Richard Porter, Aviones, en el Patio. Es un monólogo con dos músicos, en realidad es solo RIch hablando en el escenario, contando la historia del suicidio de su hermana, que coincidió con la desaparición del vuelo 370 de Malaysian Airlines.

Es una obra, creo ahora, sobre esas dos formas de leer el mundo, sobre el arrastre hacia la paranoia, a construir narrativas de culpa y castigo, y sobre lo que pasa si no lo haces. Una y otra vez, él clasificaba los hechos – un avión perdido, una bufanda bañada en sangre, un auto estacionado en un camino rural – ensamblándolos en patrones, buscando una forma de existir junto a ellos. El desastre ya había ocurrido, la mala sorpresa estaba finalmente aquí. La pregunta era qué pasaría ahora, cómo vivir junto a la pérdida y la rabia, cómo no verse destruido por las que manifiestamente son fuerzas destructoras. Se sintió como si la habitación se hiciera más grande a medida que él hablaba, hasta que estábamos todos sentados en un espacio enorme, una catedral de potencial en la cual el futuro estaba aún sin bosquejar.


¹ Orden Ejecutiva 13769, titulada Protección de la Nación contra la Entrada de Terroristas Extranjeros en Estados Unidos. Efectiva desde enero a marzo de 2017 en los Estados Unidos y comandada por el entonces recién instaurado Presidente Donald Trump. Esta orden, más conocida como “prohibición musulmana”, limitó tanto el viaje como la inmigración de personas de Medio Oriente hacia Estados Unidos.

De Funny weather (2020) por Olivia Laing, publicado por Picador.


Rocío Abarzúa (Santiago, 1990). Trabaja en comunicación y lee.

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