Fragmento de Elmet

Fiona Mozley
Trad. de rocío abarzúa

(JM Originals, 2017)

I

No proyecto ninguna sombra. El humo está en reposo detrás de mí y la luz del día, sofocada. Cuento traviesas y los números corren. Cuento remaches y tornillos. Camino hacia el norte. Mis primeros dos pasos son lentos, lánguidos. Estoy inseguro de la dirección, pero estoy clavado en esa elección inicial. Atravesé el torniquete y el portal está cerrado.

Aún huelo las brasas. El contorno chamuscado de una ruina sinuosa. Escucho esas voces de nuevo: los hombres y la niña. La rabia. El miedo. La resolución. Luego esas vibraciones desastrosas atravesando la madera. Y el lengüetazo de las llamas. El chisporroteo caliente, seco. La hermana con sangre en la piel y esa tierra echada a perder.

Me atengo a las vías del tren. Escucho un motor a la distancia y me agacho detrás de un espino. No hay pasajeros; solo carga. Vagones de acero pintados con emblemas rebeldes: la heráldica de una juventud hace ya tiempo envejecida. Óxido y mugre y décadas de smog.

La lluvia viene, se detiene. La maleza está empapada. Las suelas de mis zapatos chillan contra el pasto. Si mis músculos comienzan a sufrir, no les hago caso. Corro. Camino. Corro un poco más. Arrastro los pies. Descanso. Bebo de huecos en los que el agua de la lluvia se encharca. Me levanto. Camino. 

Siempre está la duda. Si ella se dirigió hacia el sur al llegar a las vías del tren, es inútil. Nunca será encontrada. Puedo caminar o puedo trotar o puedo correr o puedo simplemente parar en el medio de los rieles y acostarme y esperar a que un tren cruce a través de mi; no cambiaría nada. Si ella fue hacia el sur, está perdida.

Pero yo escogí el camino hacia el norte así que esa es la dirección que seguiré.

Rompo todos los amarres. Traspaso los límites de los campos. Escalo cercas de alambres de púas y portones cerrados. Cruzo a través de terrenos industriales y jardines privados. No presto atención a las líneas de condados o ciudades o municipios. Yo camino, sea predio o pastura o parque. 

Los rieles me llevan entre cerros. Los trenes se deslizan bajo las cimas con los valles debajo. Paso una noche tirado en un páramo, observando el viento, los cuervos, los vehículos distantes; atrapado en recuerdos de esta misma tierra, más al sur; más temprano, en otro tiempo; también atrapado en recuerdos del hogar, la familia, las variaciones y vueltas de fortuna, de comienzos y finales, de causas y consecuencias.

A la mañana siguiente continúo mi camino. Los restos de Elmet yacen bajo mis pies.

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