La repisa de Gato Caulle

Boris Farías Hunt

Escrito en el aire. Tres poetas clásicos chinos. Trad. Fernando Pérez Villalón. Ediciones Tácitas.

 Hay cierta magia, por decirlo en cursi, en los poemas de los tres antologados en este volumen de Tácitas: Li Bai o Li Po, Du Fu y Wang Wei. Si de alguna forma y en alguna circunstancia hemos podido dormir o caminar sobre la nieve, subir una montaña, soñar en ella y sentir como tu mente se deforma frente a su -incluso mortal-inmensidad, encontraremos en estos poemas el cierre de un abrazo inconcluso, las palabras para una despedida y la compañía frente a la soledad. Que llega a tus ojos 1400 años después con una intensidad solamente comparable a la eternidad de las montañas.

«Al llegar aquí tú y yo nos separamos,

cardo solitario, mil millas de viaje.

Nube a la deriva, nuestros pensamientos,

el sol descendiendo, dos viejos amigos.

Hacemos adiós con la mano, ya en marcha.

Relinchan al partir nuestros caballos».

Crin. Rodolfo Reyes Macaya. Ediciones Overol.

Venía de una racha de leer libros fomes, los dejaba a media o los terminaba por si acaso se «arreglaban al final». Crin rompió la mala racha, me sacó la mufa. Tiene frases que parecen sacadas de sus poemas anteriores, como por ejemplo el librazo Manchas de Humedad. En esta novela Cintia, la protagonista, representa lo que fuimos y nuestros miedos, es capaz de escarbar sutilmente en el dolor y visitar las fronteras para mostrarnos cómo vivir con el desamparo y la ausencia. La entrega de los protagonistas al comienzo puede parecer confusa y exige atención en sus primeras páginas, para avanzar sumando elementos que te meten de lleno en la historia y todas las ramas que agita. 

No cae en el cliché -que personalmente agradezco- de la autoficción y/o el yoísmo. Ya se quisieran los doctorados en literatura escribir algo parecido a lo siguiente: «Ella lo escucha gemir mientras duerme, como si llorara en un planeta extraño» o «En todos estos años, Cintia delineó sus contornos con los ojos cerrados hasta que su madre se convirtió en otra. Primero una sombra, luego en la tierra que se levanta en el camino y queda adherida a la piel».

Le viste la cara a dios. Gabriela Cabezón Cámara. Los Libros de la Mujer Rota.

Este libro es brutal y comienza así: «Si el fin del torturador es provocar la presencia absoluta del que tiene atado para sojuzgarlo entero con laceración y dolor, el objetivo del torturado es tomarse el palo, irse de ahí, partir del cuerpo que pierde el aliento a manos de otro, amatambrado de sogas y en mazmorra sin salida». Cabezón reescribe el relato de la Bella Durmiente, ahora como Beya, una prostituta de Buenos Aires que busca desesperadamente algo como la luz al final del túnel o la amarga paz de la muerte. Leer «Le viste la cara a dios» es, sin round de estudio, lanzarse de lleno a un torbellino de violencia, sangre, muerte y desesperanza de una forma tan particular de describirlo, desde un dolor ahogado y profundo. Un libro que nos hace re-pensar el por y para qué leemos o escribimos. En breves páginas te deja helado y lo hace de una manera profunda, rítmica y brutalmente honesta; como esta beya vida de mierda.

Territorio Cercado. Maha Vial. Ediciones Kultrún.

Maha tiene una tremenda fuerza en su escritura, salpica saliva en tu cara, tu emplaza y quedas sustituido, reducido al mundo Mahístico en su forma de hablar, de expresar su poesía; te deja sin aliento y no hay forma de salir de ese torbellino. Esa energía, que se apagó en forma física, perdurará para siempre en la fuerza bruta de su poesía libre de cercos, que busca desalambrar a cada estructura represiva que se le cruce en su camino. Gracias Maha.

«todo territorio tiene una fisura

que puede dar al fondo de un río

o puede ser; de pronto, un rayo

de luz colándose, estirándose

entre los dedos, libre».

Copyright. Nadia Prado. Bisturí 10.

Cerca de Osorno está el Cerro «La Picada», poco conocido y de una compleja ascensión que requiere avanzada práctica de escalada mixta. Creo, que su desconocimiento -general, no particular- se debe a estar rodeado de gigantes tanto en altura (Vn. Osorno) como en lo técnico (Vn. Puntiagudo), sin embargo, es de una belleza inhumana; prueba de ello es por ejemplo su antecumbre que ya solo en fotos deja sin aliento.

El silencio, los ojos, el yo, la boca, los oídos; todos los elementos dan vueltas por este libro. Fue un libro complejo, que me costó leer, de una autora hasta entonces para mí desconocida, pero que en su propia cumbre me asombró.

«Reposo de costado esperando voltear y verte.

En la pared, intermitente tu sombra. El ruido ha cesado.

Recuerdo todo cuanto dijiste, pero no puedo repetirlo».

¿Existe Dios después del diez?. Juan Carlos Urtaza. Editorial Aparte.

«Alí bumaye» era el canto con el que acompañaban a trotar a Mohammad Ali mientras entrenaba por las calles en el Congo preparando su pelea contra Foreman, la primera vez que lo escuché fue en un documental de boxeo sobre la épica de esta pelea, esas referencias me ayudaron a enganchar con este libro, de una poesía cruda, fría, solitaria. Un boxeador que hace sombra es por sí misma una poderosa analogía poética y lo más llamativo de este libro son las intensas imágenes y la fuerza de cada palabra, una poesía que me asombró por sus recuerdos de adolescencia e infancia, por los cruces con la épica y las analogías con lo callampa.

No es un libro de boxeo, sino que este solo es un vehículo para hablar de la intradesencia, la decadencia, el fracaso o la muerte.

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