Gladys Marín
Solidaridad, consecuencia y valentía

Carmen Norambuena Carrasco

Ciertamente, el tema de la mujer estuvo desde temprano entre sus inquietudes. Es que Gladys intuía que algo no andaba bien en un ambiente social operado por hombres; de allí que se lamenta no haber dedicado más tiempo a los temas femeninos. Quizás, porque en su base ideológica y doctrinal el tema de la reivindicación de derechos no tenía distinción de sexo.

Al hacer un alto en el relato reflexiona: 

“Ser mujer en todos los espacios ‘y no morir en el intento’ vale la pena. Ahonda en la sentencia señalando que en las mujeres se unen dos condiciones: de discriminada y discriminadas por el capitalismo que se ensaña con el sexo femenino. Por eso cuando logramos combinar conciencia de clase con conciencia de género, nuestras convicciones son potentes. Mi postura no tiene nada que ver con aquellas mujeres que arguyen su situación de género para ocupar cargos por discriminación positiva. Asumo el tema de género, de la discriminación de la mujer, como un componente esencial ideológico que en estos nuevos tiempos debe enriquecer las concepciones marxistas, socialistas y revolucionarias”.

Y a esto, una vez más, desafía Gladys en sus escritos; es decir, a conocer desde distintas perspectivas los planos en que se desenvuelve la mujer chilena. En su opinión, para construir relaciones en los cambiantes escenarios contemporáneos se requiere, en primer lugar, conocer lo que las mujeres hacen, sienten y producen para así poder participar en igualdad de condiciones, en la elaboración de las difíciles relaciones de género y de poder en cualquiera de los campos en los que las mujeres deben actuar.

Su arenga a favor del papel de la mujer en la sociedad de su tiempo es fuerte y clara pues, dice, a diferencia de otras mujeres que han militado en el feminismo, que para ella luchar contra la discriminación ha sido parte fundamental de su vida. Sus palabras se tornan dramáticas cuando acusa cómo ha sentido la descalificación, particularmente en la caricatura que se hace de su persona, y más en heridas aún abiertas que algunos se solazan en revivir sin respeto alguno.

Su pensamiento respecto del hacer y actuar de la mujer, desde su militancia comunista, la lleva nuevamente a remontarse en el acontecer histórico y hablar desde su tienda política. De cómo en las filas del partido de los trabajadores, surgido como organización política a comienzos del siglo XX, se arroga una respuesta de clase que asume como centro de intereses, esto es, “la cuestión social”. Se trata de un partido que tiene su origen en el desierto, en las pampas salitreras, hecho que la hace reflexionar y decir: ¡cuántos desiertos ha tenido que atravesar en su casi un siglo de vida!

Su agrupación, asevera, tuvo como característica notable desde sus orígenes, la preocupación por la mujer, por la compañera. Asimismo, declara que justamente esas organizaciones femeninas chilenas nacen junto al desarrollo del movimiento obrero, que entre sus denuncias figura la explotación de la mujer asalariada y la subordinación de sexo.

En sus reflexiones, Gladys señala que esa inquietud inicial favoreció una importante participación de la mujer en la lucha social y política. Es enfática al advertir que, por algo, en ese partido en que milita, están ligados algunos nombres señeros del feminismo chileno como Olga Poblete y Elena Caffarena.

En estos pasajes de tanta relevancia en el impulso y reconocimiento de la labor de la mujer, Gladys Marín hace referencia a otra gran figura del feminismo internacional: “(…) una mujer notable, una española cabal, la libertaria, la anticlerical Belén de Zárraga, quien dejó una estela profunda de exigencia por los derechos de la mujer”. Cabe destacar que a partir de su visita a nuestro país el año 1913, donde divulgó ese mensaje libertario, surgieron aquí diversos centros femeninos y mutuales obreras con ese nombre. Y con el siguiente desafío:

(…) por la abolición de toda forma de autoritarismo en virtud de que es un beneficio social, que además beneficia la consecución del socialismo, que defino como estado de amor y cambio mutuo de deberes.

En este punto de acción y trabajo en pos de la reivindicación de los derechos de la mujer, Gladys Marín da un golpe de voz y señala en lenguaje enérgico, con sus propias palabras y sin falsa modestia, que ha llegado a ocupar cargos relevantes al interior del Partido Comunista porque se le ha reconocido su trayectoria histórica. Porque no tuvo temor cuando debió enfrentar momentos críticos y jamás eludió sus responsabilidades. Declara que lo que hizo fue tomar las demandas sociales y hacerlas suyas para defenderlas. Concluye este acápite centrado en la mujer expresando:

“De mi experiencia desprendo, y mirando mi entorno más cercano, que los liderazgos de mujer, liderazgos ante la sociedad, que sobrepasan los márgenes de sus respectivas representaciones políticas, sociales, étnicas, sexuales, surgen desde los movimientos generales que expresan demandas de todos y todas, que expresan dignidades, derechos y reclamos humanos”.

Esta extensa reflexión acerca del papel de la mujer la concluye haciendo una conexión con el gobierno del presidente Salvador Allende, señalando que, pese a que aún el tema de género no se incorporaba como una reivindicación progresista, la Unidad Popular buscó incansablemente la incorporación de la mujer.

Al respecto, Gladys hace referencia a medidas concretas que se adoptaron en esos años; entre otras, la entrega del medio litro de leche para todos los niños y para unas 350 mil mujeres, asumida como una conquista del movimiento popular y, al mismo tiempo, como un triunfo de las reivindicaciones feministas. También asevera que los Centros de Madres aumentaron de 8 mil a 20 mil, organización barrial de tal envergadura que en 1972 un millón de dueñas de casa eran parte activa de estas agrupaciones. Consuma tal digresión acerca del papel de la mujer señalando que, por esos años, la mujer era partícipe de todos los frentes: en los trabajos voluntarios, en los programas de salud y más aún, ingresaba a las universidades donde la matrícula de ellas aumentó en un 87% entre 1970 y 1971. En tanto, el electorado de mujeres de izquierda pasó de un 30 a un 39%.

Desde la perspectiva de la construcción y del hacer de la historia y considerando los avances que ha tenido el desarrollo de la disciplina, a partir de los años ochenta, especialmente en el campo de la historia social, hemos podido realizar un acercamiento mucho más preciso al abordar y recuperar la participación de los llamados “excluidos de la historia”, entre los que, por cierto, están las mujeres. Se trata de rescatar las acciones de estos otros sujetos que la historia algunas veces ha sobrevalorado y otras ignorado. 

Lo extraordinario de nuestra biografiada es cómo ella, mucho antes de que la historiografía pusiera de relevancia el tema de género, ya estaba situando en escena a estos nuevos personajes, siendo ella misma una figura de primera línea.


Ficha técnica

Gladys Marín. Solidaridad, consecuencia y valentía
Carmen Norambuena Carrasco
180 páginas
Editorial Usach

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