Misión Circular: Una memoria del dolor invisible en el tormento

Josué Navarrete Navarro

It hurts everywhere.
It hurts everywhere.
It hurts everywhere.
It hurts everywhere.
It hurts everywhere.
It hurts everywhere.
It hurts everywhere.
It hurts everywhere.

Jenny Hval, In the red.

Toda persona es consciente de que en el mundo (aquello no habitable en el cuerpo) hay lugares peligrosos. Y estos espacios configuran por sí solos un sentido diacrónico, desesperante y álgido para la concurrencia del alma: ahí, nuestra voz se vuelve un eco tan débil ante esa presencia inmaterial y monstruosa, que el trance del yo se rompe de la misma forma que el nacimiento de un lago o de una isla; hay un punto, en la transformación, donde el vacío toma su lugar y se hace totalmente visible. Así también comienza el arte de ser padre, o el emprendimiento de la literatura; y prácticamente cualquier proceso occidental.

La ruina siempre puede re articular (qué mejor que esta época para decirlo); la destrucción nunca es articulada.

Misión Circular es una experiencia que se posa en eso, en márgenes dirigidos por un centro gravitatorio, como un agujero negro. Ganador del premio Círculo de Críticos de Arte de Chile 2020, en la categoría Antología Poética, también es un humilde libro incoloro de las colecciones Lumen, de tapa blanda, que permite una regresión en la escritura de Rosabetty Muñoz, poeta chilota nacida el 9 de septiembre de 1964. El título de la antología toma prestado el apodo de las expediciones evangelistas perpetuadas por los sacerdotes españoles de la época de la conquista; se iba un par de días a Chiloé, y se volvía para dejar que los autóctonos pudieran digerir la palabra de Dios.

Se les daba tiempo. Un silencio.

A manera de prólogo, la figura geométrica empieza en su primera arista con una dedicación versada para Arthur Rimbaud; además de darle la razón, aceptando cruelmente que poco cuesta asumir la maldad en el ser humano, se implora porque el dolor tenga un don al recalcitrarnos. Que por favor, defina contornos. La primera parte, entonces, se comprende hacia atrás, hasta los años ochenta. Ligia se desprende como una fantasma que desea concatenar la identidad del Chile que se olvida: la nación que ordenaría «Todo lo que faltó a nuestros sueños». De Técnicas para cegar a los peces, nos confina la masa líquida del neoliberalismo como «Un sol delicado alumbra el tránsito / de los que vamos / sin apuro a ninguna parte». Polvo de Huesos está lleno de preguntas y nostalgias concretas, «Porque la vida sigue siendo como esa improvisada carpa de circo»: una mezcla entre espectáculo e inocente asombro. En nombre de ninguna se nos narra un cruel suceso que conmociona a todo un poblado: el hallazgo de un bebé muerto en una bolsa de basura, donde las voces maternas rinden su culto diciendo «(…) que nos encaminamos al fin». Sombras en el Rosselot supone una guarnición de la ira, de lo impotente <<encerrado todo aire en ese puño>>. La contemplación se llega a entrometer en las vírgenes, devotas del rechazo del placer en La Santa, historia de su elevación. Alguna de ellas termina por confesarnos contra el reino del malestar lo siguiente: «Acabaré por levantarme / de las murras / donde me botaron estas bestias». Baile de señoritas busca enfrentarse a lo desconocido, esa «(…) ansia apenas perceptible». En lugar de morir asume paradojal una cualidad humana innata: «Lo que amamos se deshace», y Canto de una oveja del rebaño se da un paseo por el cementerio.

Por la llanura del pasado.

La segunda y última mitad se compone de encuadres propios de la isla de Chiloé y el sur de Chile, titulada Hijos; y en ellos lleva a la poesía chilena hacia los campos de las palabras mapuches. Ellos nuevamente vuelven, como un enjambre de ratas, y la ciudad se convierte un cuento de Kafka o Bolaño.

El último libro, Veterano, inédito y de joven escritura, son consejos de un exmilitar que lo ha aguantado todo después de la guerra; incluso sin sus propios dedos mutilados por la violencia, es capaz de apuntar que «es indispensable esquivar la sangre».

En consecuencia, lo que quiero dejar en claro con esta línea narrativa es la amplia concepción de mundo que Rosabetty logra en versos muy precisos, generalmente cortos, e inmensamente ambiguos. La antología cumple con creces la tarea de extender el panorama y la sensibilidad nacional, por fuera del soterrado smog de la capital como un muro de piedra. Soledad Fariña lo dictó en el lejano 1987, en su libro Poesía Chilena (Miradas – Enfoques – Apuntes): «(…) la poesía que hoy se escribe en el sur de nuestro país muestra modos diversos de dialogar con la realidad y de expresarla».


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