Números en un dado redondo,
sobre Exterminio de Juan Manuel Silva Barandica

Manuel Boher Varela

Compuesto de 24 textos en prosa, escritos en su primera versión por el autor en 2003, a los 21 años, siendo revisados, reescritos, rearmados hace unos años. Cuestión que no es únicamente un antecedente fortuito o anecdótico, en las notas del autor: palabras al margen, se llega a la idea del recomienzo poético, del palimpsesto, una primera línea secante que une un final con un origen, todo en un clima de florecimiento, casi de vendimia, de renacimiento (de reciclaje, resucitación, etc.). En este sentido el título, Exterminio, no es solo un presagio latente, sino el establecimiento de una dirección que incluso permea el método con el que el libro fue concebido.

Esta idea del exterminio como la más alta cresta de la vida se cierra sobre las imágenes, recorre los materiales con su electricidad robusta, pero es un signo que ha perdido nitidez con el desarrollo de sus contradicciones, se resbala, no ocupa el lugar que ocuparía una sentencia. Pero es el inicio de una posibilidad, y esta esperanza mitiga la condición gaseosa de su sentido. En algunos poemas, el espacio (el espacio gráfico, el espacio semántico, la forma del texto) se llena de arena, de sal, de tierra, un grano rellena el poema cuando el exterminio parece aproximarse, aunque el exterminio siempre esté ahí; provocando el movimiento, este grano a veces se entiende como un ripio, a veces es una ceniza que mancha, y sea o no el grano una materia natural, agua, luz o aire, el punto es que el poema se llena de algo ante la idea de la ausencia, del cese. Siguiendo con esta idea y escarbando en la materia religiosa que empaqueta el texto, la idea del grano, en la biblia, trae consigo una connotación lingüística: es la letra, el signo, que en unión configura la palabra, que en unión configura la idea, etc. Y así, las ideas amortiguan la representación del exterminio, poniendo sobre su forma un pensamiento de continuidad, de respiración, soplando una idea de vigor por encima de la angustia que provoca el final del movimiento. La extinción en un abrir de loto (II), la muerte invoca sentido: es como la tierra, que para Vallejo en Los dados eternos, es un dado roído y redondo, que rueda y no puede parar sino en un hueco de inmensa sepultura: en este hueco el dado terminaría su movimiento, pero en esta inmensa sepultura el dado también mostraría, finalmente, su número. Estos números, estas ideas y sus palabras, son revelados durante el exterminio: en este caso la extinción no es el cese de la vida, es el cese de cierto momento de azar.

Y este signo tiene que caber en alguna forma para detallar cómo la forma empieza a regirse por el signo, así, aparecen conceptos que por un lado lubrican la unión del exterminio con aquello que está por extinguirse, y por otro agregan textura al catálogo de las imágenes, estas nociones corresponden al tiempo y a su incidencia; a las edades, las transformaciones discontinuas, la muerte, el nacimiento… condiciones que auspician el signo, pero que pueden ponerlo, facetarlo o difuminarlo ya sobre los objetos y los materiales, sin que el signo se transforme en un horóscopo o en una idea celeste. Aquí la extinción entra en el paisaje textual, los granos ya no son solo ripio sino un éter que comunica el exterminio (escribe en sal el templo, VII), lo propagan por los lugares, materializado por el tiempo. De esta forma los paisajes de Exterminio son una repetición de sus fragmentos, ordenados o sobrepuestos, apretados unos sobre otros en todos sus estados de conservación y deterioro, desde un origen dilatado hasta un exterminio provisorio, un paisaje de tiempo hecho visible. Lugares liminales en el borde del sentido o erguidos entre las definiciones. Donde el éter es el grano y la palabra, que comunican los sentidos como un hongo en el bosque, relacionando materias, fatigando relaciones y nutriendo el rumbo de las interpretaciones. Pero la sal escribe, la arena escribe, o ambas partículas inscriben algo sobre algo: estos lugares no son paisajes sino poemas, el recorrido es una experiencia textual, y los órganos, los fragmentos de naturaleza, las edades, los animales y los dioses parecen ser significantes que hacen de significado para otros significantes: pero, aunque corresponda la definición, no es del todo una metáfora, porque esa palabra, ese significado original está velado, es una región oscura e inaccesible. Tenemos el origen y la idea de exterminio, el resto de los elementos son solo tentaciones mutables, algo que llena o satura este paisaje de cénit, confuso y crepuscular, naranjo y plegado sobre sí mismo como las visiones de Juan en el Libro de las Revelaciones

Y hay una contradicción especiosa en el desarrollo de Extinción, por una parte hay una suerte de hechizo semántico en las palabras por representar su contraparte, por dar movilidad y volver blando el sentido, mientras que ronda también el fantasma de un afán por emparentar el exterminio con la detención de la materia, con la sentencia y lo definitivo. Pero la detención puede ser móvil: recorrer un círculo es una forma de detención equipada con movimiento, el ciclo es productor de sentido todavía cuando los destinos son predecibles. Eso despeja esta oposición; el mundo es el discurso del universo detenido (VI), por eso, el mundo nunca dejaría de detenerse, de cebarse en su extinción, produciendo discursos que ingresarían también a la detención renovadora, para detener y renovar continuamente. Todavía cuando el dado redondo caiga en el hueco, su número reestablecería el movimiento, al ya producirse algo que nunca dejaría de reproducir. Invito a leer Exterminio de Juan Manuel Silva Barandica, un texto polisémico, ambiguo en buena manera, resistente; abierto, tal vez, cuyos objetos y sentidos departen con una movilidad que los desordena. Sus hilos centrales no son tanto la contradicción sino la inversión de la verdad sin ser mentira (VII), un tercer sitio en la polaridad, una zona libre o un boli luminoso, algunas veces, en otras una bifurcación interminable que nos aleja del destino. Hay espacio en Exterminio para depositar algunas de nuestras cargas abstractas, podemos buscar otredades en referencias donde luego podríamos encontrar lo propio, el libro experimenta con estas zonas, creo, y no delatan inconsistencia, sino seguimiento o compromiso con la espontaneidad de las transformaciones, sinceridad ante lo incognoscible, un registro de la palabra que llega sin saber de dónde, cómo o por qué, pero entendiendo que quizás no volvería a llegar en esta misma forma, y que perderla, como dice Cavafis, sería destruirla en toda la tierra.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s