Esoterismo Queer: Porque siempre hemos estado presentes en la magia

sAN chRIS aTHERTON

Janet y Stewart Farrar, sacerdotes de la Wicca Tradicional, en su obra La Biblia de las Brujas, incluyen la siguiente frase «Ríndaseme culto en el corazón que se regocija, pues mirad, todos los actos de amor y placer son mis rituales». Dicha frase, es parte de un ritual llamado «La Carga de la Diosa», cuya invocación está compuesta por una serie de Inter textos que se adjudican tanto a Gerald Gardner, Aleister Crowley y a su recopiladora, Doreen Valiente. Sin embargo, lo que nos importa en esa evocación no son sus orígenes, sino el contenido de la frase: Todos los actos de amor y placer son mis rituales.

Cuando se menciona que la divinidad Wiccana acepta toda clase de amor y placer, nos resulta imposible evitar establecer un nexo con lo queer y las disidencias sexuales. Como seres que bailamos fuera de la musicalidad heteronormativa, la cultura en general nos ha considerado como personas extrañas, raras y abyectas. Debido a esto, las personas que encajan dentro del colectivo LGBTQIA+, nos vemos inclinadas a la oportunidad de abrazar esta rareza y adentrarnos hacia lo desconocido de la naturaleza, ese elemento místico del mundo que resulta tan prometedor.

Lxs brujxs y en específico las brujas, en el folclore, se consideraban ajenas al colectivo humano, reuniéndose en enclaves ocultos (aquelarres) o aislados de la sociedad. Habitando a horcajadas en la brecha entre lo civil y lo salvaje, lo humano y el elemento, y son estas personas quienes provocan, atacan, agitan, curan y avivan el orden social. Lo queer y lo oculto, entonces, caminan de la mano, habitando en los márgenes de la sociedad, volviendo a forjar los exteriores de un contexto que nos amenaza constantemente con una especie de falsa visibilidad que alaba a una parte del conjunto de personas, mientras ignora al resto. Incluso, en algunos grupos paganos, quienes poseen una diversidad de deidades transgénero, han sido parte de un vasto historial de discriminación hacia personas no binarias, transgénero y homosexuales; en estos grupos se espera que la mayoría de las personas trabaje dentro de un marco heteronormativo, fomentando definiciones rígidas entre masculinidad y feminidad, enfocándose en una unión heterosexual como el epítome de la experiencia espiritual, invisibilizando todo lo que queda al margen.

Sin embargo, si nos ponemos a analizar la historia de las prácticas mágico rituálicas u esotéricas, veremos que no existe tal distinción heteronormativa, ni mucho un afán por fomentar definiciones rígidas del binarismo.

Si echamos un vistazo al poder de la fluidez, podemos ver al taoísmo que, parafraseando las primeras líneas del Tao Te Ching, dice que si alguien realmente pudiera entender completamente el Tao hasta el punto en que pudiera ser etiquetado y categorizado, entonces eso no sería posible. Ser realmente el Tao porque el Tao es el todo todopoderoso, y si pudieras encajar el todo todopoderoso en una caja de entendimiento perfectamente formada, entonces no sería ni todopoderoso ni todo. Fuera de la filosofía, una gran encarnación humana de este extraño poder de fluidez recae en les chamanes queer del este de Siberia. Debido a que en realidad no se etiquetan a sí mismxs como «homosexuales» o «heterosexuales», «masculinos» o «femeninos», «mortales» o «espirituale», se permiten ser todo lo que les plazca. A diferencia de sus homólogos heterosexuales de chamanes en sus tribus, les chamanes queer pueden invocar todos los poderes de cualquier etiqueta que elijan. 

Pero, vayámonos a un caso mucho más cercano: Les Machis y Les Kalkú. Gonzalo Rojas, historiador chileno, en su obra Reyes sobre la Tierra, plantea que para ser machi no había limitaciones de ningún tipo. Podían serlo tanto hombres como mujeres, fueran solterxs o casadxs, no importando tampoco la edad en que se recibía el llamado vocacional. Según lo expuesto por Rojas: 

«Existen fuertes evidencias que indican que en épocas pasadas los hombres Machi mantenían prácticas de travestismo y homosexualidad. Diversos testimonios establecen que vestían como mujeres, se dejaban crecer el cabello y vivían en pareja con otros hombres. En cuanto a las mujeres Machi, existen ciertos elementos que permiten presumir que en una época también vistieron y hablaron como hombres» (Rojas 28)

Sin embargo, bien sabemos que desde la mirada Queer, les machis no se miden bajo esta perspectiva heterosexual en que se invalida a la figura transgénero, por lo que una tesis apuntaría a que les machis eran (y son en algunos casos) personas transgénero, capaces de encarnar las energías masculinas y femeninas, convergiéndolas en un solo envase físico. 

Ahora bien, también podemos encontrar evidencia en las figuras divinas que mejoraron sus poderes a través de la magia de la fluidez sexual. Un excelente ejemplo de una deidad con poder queer sería Krishna del hinduismo. Siendo una deidad de (entre otras cosas) la belleza y el amor, se lo representa en el arte como un hombre de gran belleza y juventud perenne. Sin embargo, también es conocido como un libertino sexual y seduce activamente a todxs con su hermosura sin importar el género u orientación de sus conquistas; de hecho, una historia incluso lo tiene seduciéndose a sí mismo a través de su propio reflejo en un lago. No obstante, es esta apertura al amor y la atracción por diversas personas lo que lo hace tan poderoso. 

Por supuesto, la fluidez queer divina no tiene por qué ser solo sexo y romance enfocados hacia el exterior; también podrían ser expresiones internas del yo. Uno de los ejemplos más notorios de esto es la diosa griega Atenea. A diferencia de la mayoría de las diosas del mundo, Atenea no es muy sexualizada por los humanos, ni expresa realmente interés sexual hacia ningún género. Aunque es biológicamente femenina, por lo general se la representa vistiendo equipos de batalla vistos como masculinos y encajando mejor con los olímpicos masculinos que con las diosas femeninas. Dependiendo de cómo la veas, es mejor describirla como una divinidad asexual y de género queer, y eso es lo que la hace tan peligrosamente poderosa. Al no posicionarse en ningún lado del espectro de género o sexualidad, puede mantener su imparcialidad y no participación, lo que le permite ver con los ojos abiertos ambos lados de un problema.

Adentrémonos en el ocultismo, sobretodo en una de sus figuras más influyentes: Aleister Crowley. Los escritos de Crowley también parecen vislumbrar un futuro, libre de restricciones arbitrarias, que no estaría definido por estándares rígidos de género binario o exclusivamente heteronormativos, como lo fueron en el pasado. El género está integrado en la magia Thelémica, pero no necesariamente de una manera «binaria»; pensemos en una de las principales máximas de El Libro de La Ley o el Liber AL, la cual enuncia respecto del nuevo eón: 

«[Horus] gobierna el período actual de 2000 años, comenzando en 1904. En todas partes su gobierno está echando raíces. Observad por vosotros mismos la decadencia del sentido del pecado, el crecimiento de la inocencia y la irresponsabilidad, las extrañas modificaciones del instinto reproductivo con tendencia a volverse bisexual o epiceno» (Crowley IV)

Lo que Aleister Crowley está fundando en su credo Thelémico, es que ordena, por su autoridad, que todo hombre, y toda mujer, y toda persona de sexo intermedio, será absolutamente libre de interpretar y comunicar el Ser por medio de cualquier práctica sexual, ya sea directa o indirecta, racional o simbólica, fisiológica, legal, éticamente , o aprobado religiosamente o no, siempre que todas las partes de cualquier acto sean plenamente conscientes de todas las implicaciones y responsabilidades del mismo, y estén de acuerdo con ello. 

Entonces, ¿podemos decir que esta relación entre lo queer y lo oculto, es radical?  Si consideramos lo radical como alguien que vive en contra del sistema dominante, entonces el esoterismo queer es radical. El sistema económico actual se basa en la explotación global, el éxito individual a expensas del capital comunal y el afianzamiento de la riqueza a través de la herencia familiar. En contraste, estas comunidades de brujería, de magia, de esoterismo, entre otras; votan por consenso total, tienen un liderazgo dual en lugar de singular y celebran formas no normativas de género, sexualidad y familia.

Mágico o no, el proyecto político del esoterismo queer trastorna los ideales del capitalismo: intenta romper, siempre que sea posible, los mecanismos sociales que lo afianzan.

Aunque habla en viejas lenguas y cartas del tarot, esta nueva noción de activismo queer se está afianzando. Si lo queer es un horizonte que nunca llega, entonces ese resplandor distante no es el sol, sino una hoguera. Allí, fuera de la vista, las disidencias bailan y lanzan sus hechizos; por medios expulsados ​​y burlados, continúan sus revoluciones.

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