Muertes imaginarias: Circularidad, reescritura y mixeo

Cristofer Vargas Cayul

En 1896, el escritor francés Marcel Schwob publica Vidas Imaginarias, texto que utiliza como punto de partida la biografía falsa para relatar la vida de diferentes personajes con cierta inclinación hacia lo infame. En 2020, en un contexto de crisis sanitaria mundial, Roberto Castillo, reutiliza el recurso de Schwob para escribir Muertes imaginarias, donde desde el título notamos el diálogo que existe entre ambos textos. La premisa es la siguiente: La revista Caveat Lector (que, desde ya, a través del adjetivo, hace guiño a la propuesta principal del texto), recopila los obituarios más destacados del año 2020. La lectura desconfiada y suspicaz es el camino de entrada que propone el autor en este juego de verdad-ficción en que se teje literatura y mundo. Muertes imaginarias es un conjunto de obituarios ficcionados, que mezcla documentos reales con datos falsos para retomar cuestiones problemáticas acerca de la relación entre vida y escritura. A grandes rasgos, la tesis del autor puede ser resumida mediante lo dicho por uno de los personajes más interesantes del libro, Mori Remparís (29 años), una rockstar chilena que seguirá los pasos de Violeta Parra hasta el último: «El arte es puro remix, de eso se trata» (p. 114). 

El primer obituario, marca la pauta formal del libro. Josué Leñaque (42), un herptólogo obsesionado con la muerte y las serpientes luego de presenciar el asesinato de sus padres siendo niño, es un texto cercano al cuento borgeano por su circularidad, la que está presente en el juego vida-muerte, como también de manera simbólica a través del símbolo de la serpiente o el eterno retorno que encontramos ya desde la portada.

«Tenía un solo recuerdo vivido de su primera infancia, un solo recuerdo «en HD», como decía él: la ventana cubierta de enredaderas donde Josué ve por primera vez una serpiente. Josué ve los anillos blancos sobre fondo negro y la punta colorada de la cola cuando la serpiente pasa rozándole los pies, palpando el aire con el hilito dividido de su lengua negra. Momentos más tarde, el niño siente los golpes metálicos contra la reja de fierro de la puerta, los gritos, los estampidos, los insultos, el silencio, la peste a sangre, a intestinos rotos y pólvora quemada» (p.9).

«Sus restos se repartieron, siguiendo sus deseos, en la precordillera de Santiago y en las colinas verde esmeralda de Valle del Aburrá, donde habían nacidos sus padres, asesinados por encargo aquel remoto día en que Josué vio por primera vez una serpiente venenosa.» (p. 15). 

El resto de los personajes, van desde Silvana Polier, la inventora de un experimento psicológico que se conocería más adelante como la cámara indiscreta, Zenedin Huerta, un boxeador que sucumbe al miedo y se suicida, un aristócrata que salta por la ventana a los cincuenta y ocho años, o una mujer que vivió toda su vida dentro de una cápsula por motivos de salud, al estilo El chico de la burbuja (2001), o Mateo Silva Asueta, fotógrafo del under chileno de los 50’s. En fin, estos personajes bien podrían ser leyendas nacionales, pero es la excentricidad de sus circunstancias lo que importa al momento de la lectura. 

El recurso del mixeo que propone Castillo está en consonancia con la idea borgeana del palimpsesto, un procedimiento escritural que borronea la escritura para sobreescribir encima algo nuevo, llevando a términos prácticos la idea acerca de la circularidad, en tanto que la literatura se puede entender como esta progresión y diálogo entre lo pasado y presente hasta un punto incierto en el futuro.  

«Qué importa el orden, ñor, qué importa quién fue primero o segundo o último. En la guerra no existe ni el orden ni el tiempo. Tampoco existe la mentira, siempre se impone la verdad. La verdad es cómo se decantan las cosas» (p. 68).Muertes imaginarias pone en cuestión temas que hasta hoy son discutidos por quienes nos dedicamos a la literatura. Por ejemplo, ¿qué significa leer un texto literario? ¿Es posible separar la subjetividad del autor de su obra? ¿Cómo repercute lo verdadero en la construcción y expansión de un texto? Para Castillo, no vale la pena preguntarse sobre la veracidad de los hechos, justamente para efectos del libro y de la literatura, lo verdadero no es de importancia, lo literario está en la posibilidad, como Castillo dejará entrever en la letra de una canción ficticia, de un grupo inventado, en un texto que tensiona el carácter fantasmagórico de la ficción: «Un artista es un chorro:/ solo es mío lo que robo/ solo es verdad la mentira bien dicha/ y es honesta la estafa bien vestida», Kalmuk – Estallido (2019).

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