El penúltimo lector

Diego Leiva Quilabrán

«Se compró un plano de París, y con la punta del dedo hacía sobre el mapa correrías por la capital. Subía los bulevares, deteniéndose en cada esquina, en las encrucijadas de las calles, delante de los rectángulos blancos que representaban los edificios».
Gustave Flaubert, Madame Bovary

El 21 de junio de 1987, en una nota de prensa en el periódico La Época, Enrique Lihn definió la poesía de Claudio Bertoni como un work in progress. El año anterior se había publicado por primera vez en Chile El cansador intrabajable (II), el segundo poemario de Bertoni y su proyecto poético se encontraba absolutamente abierto al paso del tiempo.

El 2016, Tajamar Editores lanzó ¿Puede aceptarse todo esto?, un libro que puede catalogarse, mediante una suerte de especificación o nota al pie a Lihn, como readings in progress. La nota del autor que da comienzo al recorrido de la lectura dice:

Yo subrayo los libros que leo y
¿Puede aceptarse todo esto? es lo que cito
y escribo acerca de lo que subrayo.

Lo que sigue es una colección de citas de unos setenta y un autores y autoras (con notorio balance estadístico a favor de varones) algunos con más de un texto. Cada una de ellas está glosada por el autor-lector con sus palabras o versos. A veces, curiosamente, la respuesta a una cita es otra cita, de forma que se establecen nuevas relaciones en las que está presente en una ausencia de su palabra y un nuevo rol de ejecutor de su proyecto poético: el de autor-lector-organizador.

La lectura como mediación, contrapunto o apoyo de la experiencia no es algo nuevo en la obra de Bertoni: ya en Ni yo (Editorial Cuarto Propio, 1996) aparece dos secciones la quinta del poemario, titulada «Diálogos (e intervenciones) con Hilda Graef, Guy de Larigaudie y Enomiya-Lassalle» y la sexta: «Último diálogo con E. L.», en que el referido Lihn aparece como una voz impostada. Otras obras, sobre todo aquellas con un perfil de «diario», como Rápido antes de llorar. Cuadernos 1976-1978 (Ediciones UDP, 2007), ¿A quién matamos ahora? Cuadernos 1972-1973 (Ediciones UDP, 2011) y Adiós (Ediciones UDP, 2013) exploran este formato de anotaciones al margen para poder canalizar un estado de ánimo o perspectiva ante un hecho. Sin embargo, es primera vez que Bertoni compone un volumen completo mediante equilibrio entre la creación poética (poiésis) y la explícita combinatoria y referencia de materiales prexistentes (dispositio).

Ricardo Piglia, comentando una de las cartas a Felice, señaló que leer a Kafka citando un poema chino para hablar de ella «es ver cómo usa una situación narrativa para entender lo que está por vivir o lo que ha vivido. […] Lo da a leer y lo usa en relación con una experiencia». Bertoni es el penúltimo lector de la cadena de la que el lector de ¿Puede aceptarse todo esto? forma parte, asistimos a su escena de lectura, al punto en que lectura y experiencia vital se cruzan para proyectarse en múltiples direcciones. Las glosas de Bertoni son sentidos provisionales de lectura, estilizaciones de arcos reflejos del pensamiento, circuitos de afirmación y negación de las lecturas, lecturas mañosas, rabiosas, desencantadas, antojadizas, que abren los textos hacia lugares no sagrados. Mueve sus citas hacia el lugar coloquial, hacia la intimidad, hacia la ferocidad de la lectura individual que quiere parecer no meditada y se permite la literalidad, la ironía, el rechazo tajante, llegando a la zancadilla a la grandilocuencia.

«Marco Aurelio: 

«Aunque te asesinen, te despedacen, te provoquen con maldiciones, ¿qué impide conservar tu inteligencia pura, sabia, prudente, justa?».

«El dolor, saco e’uéa».

¿Puede aceptarse todo esto? es una puesta en abismo de la lectura que pone al lector en medio de un caos organizado de referencias orquestadas por el autor. No hay que temer al enciclopedismo en esta pasada. Cioran, Buda, Góricheva, Marco Aurelio, Eliade, Graef, Parra, más o menos lejanos al repertorio previo del lector, desfilan como víctima de una vivisección: entre el respeto y la patada, entre el reconocimiento honorífico y la desacralización insolente. Ambiguos y abiertos siempre, inquiriendo al lector su capacidad de trancar o cortar un hilo incesante de correferencias.

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