No soy tan moderna, de Elvira Hernández:

hacer preguntas sobre las palabras

ADELANTO

La siguiente es una selección que realizó Guido Arroyo, editor de Alquimia Editorial, del último libro de la poeta Elvira Hernández: No soy tan moderna, publicado por la misma editorial y en cuyas líneas nos sumergimos en un trayecto hacia eso que podría buscar la poesía según la poeta, que no es más «que uno se haga todas las preguntas que pueden hacerse sobre las palabras». 

Compuesto por extractos de veinte entrevistas, una larga conversación inédita y un peculiar diálogo cruzado por los yoes de la autora, No soy tan moderna urde un relato vital y reflexivo bajo el signo Elvira Hernández. “La poesía busca que uno se haga todas las preguntas que pueden hacerse sobre las palabras”, nos dice, en un luminoso fragmento de este libro. Y aquella máxima atraviesa todas sus palabras, que continuamente se interrogan sobre el oficio de escribir y la función social que posee, aún, la poesía.

En algunos pasajes estas frases se vuelven punzantes aforismos, que abren senderos para la reflexión y, al mismo tiempo, desconciertan. La poeta merodea por el pasado histórico chileno y la importancia política que subyace en el poema. Sobre las consecuencias que la tecnología imprime en el lenguaje y la importancia de los movimientos feministas para la literatura.

Este libro es una muestra de que las poesía de Elvira Hernández tienen la entrañable facultad de cobijar cual frondoso bosque, pero volverse también materia prima de barricada.

No soy tan moderna. Extractos de entrevistas a Elvira Hernández

(Selección)

Tengo muy claro que el poeta no puede ser parte del sistema.

He dicho muchas veces que lo importante no es que el escritor sea visto, sino lo que ha podido ver. Por eso la poesía no es mediática. Se mueve desde rincones insignificantes que son observatorios de primera magnitud de la vida.

Mi poesía no es una poesía que esté situada. No soy romántica. El poeta romántico era el que se situaba en su corazón, hablaba de sus sentimientos, de su amor o de sus desengaños; ese era su mundo. La verdad que yo me sitúo en otro lado: me sitúo en un espacio común, civil, y no es que en mi propio espacio haya desaparecido, pero tiene un peso semejante al de otro.

No es que uno busque un tema, sino que de repente lo encuentra. Hay que estar con los ojos bien abiertos. Yo como proyectista soy un cero a la izquierda. Nunca podría hablar de lo que pienso hacer. El artista es aquel que tiene el control de todo. Yo diría que tengo muy poco control. Soy menos artista. No soy tan moderna.

*

La obra poética está ahí, al margen de su autor, para recibir la mirada perceptiva, imaginativa, las interrogaciones y los juicios de quien lee.

No tengo obra, tengo trabajos. Obra es vinculación directa entre tu trabajo y tu sociedad; reconocida relación recíproca, con crítica de por medio: muchos estratos que están actuando. En el momento en que el poeta pasa a ser parte de nuestra riqueza, ya tiene obra y ya no lo puede dominar. El que uno tenga una buena crítica, no convierte eso en obra.

La bandera de Chile no es mi libro preferido, pero es el que me ha dado a conocer. El libro que me ha sacado del anonimato. Aunque pienso que si lo hubiera escrito un hombre habría tenido mucho más impacto.

Después de que estuve detenida escribí La bandera de Chile, que es un poco consecuencia de esa detención también. Yo le pasé ese material a gente del mir, de la revista “Vanguardia”, y eso fue confiscado. Entonces la primera versión de La bandera de Chile la tiene la cni. Esto porque la gente de esa imprenta fue detenida, yo me enteré de eso mucho después, nunca supe si la revista salió o no salió. Luego me enteré de que esa publicación había tenido problemas, de que había caído ese taller. Y bueno, las cosas que se pudieron imprimir se fotocopiaron, y así por ejemplo una vez Diamela Eltit me dijo que en una universidad donde había una protesta estaba La Bandera pegada, pero de manera ajena a mí.

*

La escritura no es una cuestión de voluntad, el voluntarismo no sirve de nada.

Un Premio Nacional de Ciencias, Artes, Educación o Literatura tiene que ser primero un prestigio para su país, para su comunidad. No hay que poner el acento en la venta de libros: pongamos el acento en que sea el poeta el que no se venda.

La escritura tiene un grado de automatismo, el cual no se alcanza a pensar, y es mejor que no se haga.

La escritura es memoria. Y memoria ancestral también. 

Los poemas que logran atravesar el tiempo son los mejores.

*

Pareciera que el desarrollo poético en Chile es unidireccional, sin interrupciones, y creo que no se ha examinado desde el punto de vista del lenguaje lo que la dictadura le puede hacer a un país. Eso no se ha hecho, hay mucha tarea.

Si tengo que ir a algún lugar prefiero hacerlo a pie. Me demoro, porque de repente hay algo que me interesa y me meto a ver qué es lo que hay. Yo creo que la tierra hay que recorrerla a pie. Considero que hay tanto viaje en avión, pero que no son viajes ya, son traslados y el traslado es una suerte de burocracia. La gente va a otros lados, pero no se vincula con el lugar.

Soy pesimista respecto al futuro. El avance biotecnológico y la simplificación en la manipulación de los genes patógenos hace que las armas biológicas cobren gran importancia.

¿Estás conectada del mundo digital? ¿Usas las redes sociales o WhatsApp? 

Para eso necesitaría dos vidas. Yo abro mi correo y me encuentro que hay diez archivos: cada uno puede traer diez páginas. Entonces hay un tráfico de información que no sé si tenemos la capacidad humana de asimilar. Y esa luz de la pantalla, no sé, va llegando más allá de la duramadre. 

¿Cómo te sitúas frente a tecnología? 

Siento que la técnica se nos va a escapar de las manos. Ahora pareciera que nos presta grandes servicios, pero yo tengo desconfianza. Veo un peligro en la dominación tecnológica. No sé si tu recuerdas esa partida de ajedrez entre un campeón ruso y una máquina, donde ganó el computador. Creo que ese fue un momento humillante para la humanidad.

La pérdida de la memoria actual me preocupa. Tú vas a un lugar y todo es fotografiado mil veces pensando que eso va a reconstituir esa situación. Antes guardábamos los recuerdos más vivos. Hoy le estamos entregando a las máquinas cosas íntimas y nos vamos despojando de nosotros mismos.

*

¿No tener hijos fue una definición? 

Sí. Creo que hay mujeres que no están vinculadas a la maternidad.

Me siento adversaria de las máquinas en la medida que éstas se han convertido en un modelo para el ser humano. Nos hacen rendir como máquinas porque la máquina no se cansa. La máquina hace los movimientos que necesita hacer y no va a protestar por nada. Tiene un rendimiento óptimo, entonces, se busca que el ser humano rinda como tal y eso a mí me parece espantoso porque el ser humano es otra cosa.

La vida se está deslizando a una velocidad endemoniada. Que las formas de vida –física, social, económica, política, cultural– van cambiando de manera asombrosa, muy en claroscuro, naturalizándose, poniéndose ese camuflaje.

La poesía busca que uno se haga todas las preguntas que pueden hacerse sobre las palabras.

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