La repisa de Qué leo trapenses

Catalina Pulgar

Uno de los beneficios de trabajar en una librería es estar en constante proceso de aprendizaje, no solo porque hay un mundo por descubrir entre tantas categorías, sino también por los vínculos que se crean en torno a este espacio, tanto entre quienes compartimos el oficio, como también entre las personas que están en búsqueda de un libro. Pasa que muchas veces terminan conversando entre ellos y recomendando lecturas. Ese es por lejos uno de mis momentos favoritos, ver cómo un lector se empodera tanto de su experiencia con un libro, que se permite sugerirlo a otra persona. Maravilloso proceso.

Pero lo que más destaco de mi trabajo es la posibilidad de conectar profundamente con personas que parten como clientes y que terminan transformándose en amigos.

La pandemia y sus ciclos de cuarentena han hecho que las librerías cierren sus puertas de forma intermitente y ese espacio de encuentro se ha visto interrumpido. El internet aguanta mucho y podemos seguir fomentando la lectura usando las herramientas que este medio nos entrega, sin embargo, acá me pongo romántica y digo que no es lo mismo. 

Estaba pensando en eso mientras seleccionaba las lecturas para esta colaboración cuando se me cruzó un pequeño libro que funciona perfecto como un homenaje a este vínculo que se establece entre lectores y libreros. 

84, Charing Cross Road. Helene Hanff. Anagrama 50.

A esta altura un clásico, una pequeña joya de la literatura. 84, Charing Cross Road, es un libro hermoso que me sacó un montón de sonrisas. Si lo pongo en palabras simples: esta historia me hizo mucho sentido, me causó gracia, me pareció tan real, cargada de una profunda y emotiva simpleza.

El relato está construido en torno a la relación entre una exigente lectora, quien también resulta ser escritora, y el librero de Marks & Co., Frank Doel. A través del intercambio de cartas somos testigos de la complicidad que se establece en este vínculo.

En octubre de 1949, Helene Hanff envía desde su casa en Nueva York, una carta dirigida a una librería ubicada en Londres, justamente en la dirección que da nombre a este libro. 

En ese primer intercambio Helene le pide a la librería una serie de obras rebuscadas, a un precio accesible: “Digamos que soy una escritora pobre amante de los libros antiguos y que los que deseo son imposibles de encontrar aquí salvo en ediciones raras y carísimas, o bien en ejemplares de segunda mano en Barnes & Noble que, además de mugrientos, suelen estar llenos de anotaciones escolares”.

Desde ese punto en adelante, entre extrañas peticiones de libros, agudas críticas literarias, posteriores agradecimientos y curiosos pagos de por medio, estas cartas nos retratan diez años de amistad y confianza nutrida por el amor compartido por los libros y la literatura. 

Mientras leía esta historia, recordé a esa clienta del lugar donde trabajo que solo lee libros felices. Me encanta pensar que es un desafío permanente satisfacer esa necesidad específica, tan bonita por lo demás. Hay tantas otras personas que como ella depositan una confianza absoluta en la librería y en quienes la conforman, en gente que dedica su tiempo a leer. Me emociona crear ese espacio en conjunto con otra persona desde las ideas y las sensaciones que produce un libro.

Me parece que vale la pena, es una obra muy cortita, parece casi un suspiro de amor en el cuerpo.

El poder del arte. Markus Gabriel. Roneo.

Hace unos meses reseñé un ensayo que me gustó muchísimo, se llama Tacto una de las últimas ediciones de Roneo. Un ensayo precioso que habla sobre cómo hemos construido la cultura en torno al sentido de la vista. En esta obra el autor propone que la vida hay que atravesarla, sentirla a través del Tacto, todo en relación al arte, la religión, ejemplos de la historia mas reciente. Disfruto esos libros que te hacen pensar en otros, ese ha sido el tópico últimamente o quizás es una etapa del oficio, quién sabe. 

Me gusta compartir con otras personas del área lo que hago en mis trabajos, creo que es una práctica que siempre trae cosas interesantes, eso hice en la librería. A una colega le quedó dando vueltas una conversación en relación a este libro y me mandó un link que daba a una noticia sobre la venta de una escultura invisible, por supuesto a un precio exorbitante. Maravilladas al conectar las lecturas, y verlas plasmadas en la realidad, ambas llegamos a la misma conclusión: El poder del arte.

Ese es el título del ensayo de Markus Gabriel de esta misma editorial, que explora la naturaleza pura del arte y el poder que contiene en sí misma. Más allá de la teoría, donde no me voy a detener porque no creo estar capacitada para hacerlo, me fascina un texto que aterriza sobre sí mismo, que logra bajar las ideas al presente.

Para mi lo más interesante de El poder del arte radica en que el autor traslada esta idea de la independencia de la obra a la realidad imperante, a la contingencia y construye un texto muy interesante, en torno la autonomía del arte y a este poder incontrolable que proviene precisamente de la diferencia sus expresiones. Ni el espectador ni el creador, pueden determinar cuál será su destino. Como humanos habitamos la experiencia estética, somos atravesados por las obras de arte, no es opcional.

“Aquello que tiene poder sobre nuestra imaginación tiene poder absoluto sobre nosotros”

Me gusta recomendar ensayos. Cada vez que encuentro uno interesante busco la forma de acercarlo al público de la librería, creo que este tipo de textos suele ser asociado a un sector demasiado elevado de lectura, yo prefiero plantearlos como libros de apertura a otras lecturas gracias a la exposición de las ideas.

Este es por lejos uno de mis favoritos.

La tejonera. Cynan Jones. Chai Editora.

Entre las muchas novedades que trae Big Sur en julio, viene la esperada traducción de La tejonera de Cynan Jones, a cargo de editorial Chai. 

Del autor había leído Tiempo sin lluvia, tenía referencias de su escritura, sin embargo no estaba preparada ni para el contenido de este relato, ni para su forma.

La tejonera es un libro breve de a penas 140 páginas, está narrado con una fuerza contemplativa que impresiona, me atrevo a decir que hay una descripción de la historia que expone los hechos sin juicio de por medio. Cynan Jones nos lleva de la mano por una avalancha de sensaciones, desde la profundidad de la ternura y la melancolía, hasta la más descarnada brutalidad, casi al borde de la náusea.

El texto se construye en torno a dos ejes, el primero refiere al relato de la historia de dos hombres: por un lado está Daniel, un granjero que cuida ovejas y se dedica a ayudarlas a traer sus crías al mundo, acaba de enviudar abruptamente en un accidente rural donde su compañera fue pateada en la cabeza por un caballo. Con muerte cerebral instantánea, el episodio es descrito con una oscuridad que me parece poética, no sé si puedo ponerlo mejor en palabras. En tan solo un par de líneas, el autor nos lleva desde la maravilla de contemplar el entorno y la belleza de la naturaleza, al dolor en las entrañas, ese dolor que produce la pérdida, la sensación de impotencia ante todo aquello que no podemos controlar: el paso de la vida, el tránsito en el tiempo, que es también el camino hacia la muerte.

Por otro lado está la figura de un hombre grande, un cazador despiadado que pasa sus días escarbando terrenos buscando tejones junto a sus perros entrenados para luego venderlos a pueblerinos que disfrutan poniéndolos a pelear con perros hasta la muerte.

El segundo eje se rige por la fuerza de la naturaleza como telón de fondo, sé que me voy a quedar corta con las palabras, pero me da la sensación de que es también una especie de segunda línea narrativa, inabarcable tanto para los personajes de La tejonera, como para quienes estamos leyendo. Entre frases cortas y escuetos párrafos, el autor nos permite simplemente sentarnos a observar el cruce entre el paso del tiempo, la memoria y la dulzura que encierran los recuerdos, las sensaciones en la piel. Las descripciones son de tal calibre que muchas veces me siento parte del relato a fuerza de imaginar los olores. 

La Tejonera es un libro que estremece de principio a fin, no le sobra ni una línea, su brevedad está tan bien trabajada que tampoco es que le falten, la aguda violencia de ciertos episodios, se cruza también con la belleza del paisaje, o con la crudeza de los procesos y los ciclos de la naturaleza, la vida, la muerte, la fragilidad, la vulnerabilidad de la existencia, etc.

Siempre que recomiendo un libro lo hago desde la experiencia que tuve con él, más allá del contenido, creo que mis favoritos son los que marcan el inicio de otros, aquí dejo algunos esperando que también signifiquen una puerta de entrada para otros lectores.


Mi nombre es Catalina Pulgar y me dedico al fomento lector a tiempo completo. Soy 

mediadora de lectura y librera en Qué Leo Trapenses. De momento reseño y recomiendo libros en una columna para Publimetro Chile. Me interesan todos aquellos espacios culturales a los que la literatura pueda acceder, por eso también trabajo con proyectos colaborativos afines. 

Leo cuentos, novelas, ensayos y poesía. Me gusta mucho transitar de un libro a otro y en general leo más de uno a la vez. Creo que las posibilidades creativas y de aprendizaje que abre el compartir la experiencia lectora, son hermosas e infinitas. Eso es más o menos lo que hago a diario: hablar de lo que estoy leyendo, encontrar lecturas o dejar que me encuentren mientras estoy viviendo.

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