«¡El tejido mismo del Ser niega la soledad!»: Tundra, de Abi Andrews

Rocío Abarzúa

En Tundra de Abi Andrews (CHAI, 2020) Erin, la protagonista, emprende un viaje desde Inglaterra hacia Alaska por tierra y mar. Después de ver Into the Wild, la película de 2007 de Sean Penn que cuenta la historia – basada en el libro escrito por John Krakauer – de Chris McCandless, el mochilero estadounidense convertido en leyenda, se pregunta cómo habría sido ese viaje si lo hubiese hecho una mujer.

«Sucedió así: yo miraba una película sobre un chico fugitivo llamado Chris McCandless, que había abandonado su vida de privilegios y universidades caras para viajar por los Estados Unidos, llegar a Alaska y vivir el sueño de Jack London, pero luego comió unas papas venenosas y murió. Eso fue en 1992, un año antes de que yo naciera. Lloré y me prometí a mí misma abrir una cuenta de ahorros para pagarme un viaje a Alaska, donde yo también podría vivir en tierra salvaje en total soledad. Luego repasé la película tramo a tramo y analicé lo que habría sido diferente si el chico hubiese sido una chica.

La verdad es que habría sido una película completamente distinta».

Rocío Abarzúa: Cuando leí Tundra llevábamos más de un año de pandemia y estaba encerrada en mi casa. Desde esta perspectiva, tu novela fue una bendición porque literalmente me llevó de viaje. Quedé muy impresionada con tus descripciones de la naturaleza y con cómo estos encuentros con ella daban forma a la experiencia de Erin; cómo todo parecía “real”, cómo si de verdad fuera un diario de viaje. ¿Cómo fue el proceso de investigación para esta novela? ¿Hubo algún material que te moviera particularmente en una dirección u en otra?

Abi Andrews: ¡Gracias! Como Erin, vi Into the Wild y me conmovió mucho. Me dieron ganas de hacer un viaje como ese. Estaba desviando mi propio deseo de viajar al momento de escribir, cuando todavía tenía que terminar la universidad. A la vez, también estaba complicada con escribir algo que se sintiera de verdad importante para mí, o que comunicara algo genuino, para mi curso de escritura creativa. Así que canalicé este deseo en mi escritura, imaginando la historia de Erin como una manera de sacarme de Londres.

Empecé a pensar en el ‘travelogue’ [libros sobre viajes] como género; cómo gran parte de la escritura sobre lugares reales o las personas dentro de esa tradición han sido una imposición colonial en los lugares y personas visitadas y sobre las cuales se escribe (particularmente por escritores británicos). Se sentía importante escribir un travelogue ‘ficcional’ sobre lugares a los que nunca había ido como una forma de ir hacia este problema manteniéndolo a una distancia prudente. Pero quería generar la impresión de experiencia directa lo mejor que pudiera. Esto se convirtió en un desafío entretenido – ¿podía escribir algo convincente sobre un lugar que nunca había visitado? Usé mucho Google Maps – me metía al streetview y hacía zoom en los lugares en los que Erin estaba en su viaje e intentaba recrearlos con palabras. 

R: Con relación a lo anterior, los dibujos, fotos y anotaciones que incluyes también son un recurso que da forma a la experiencia de leer la novela como un diario. Disfruté particularmente del mapa principal con la cabina (volvía a él con frecuencia y me recordó la experiencia de leer una novela épica) y del mapa conceptual sobre la metempsicosis. ¿Cuándo o cómo decidiste incluir este material?

A: Me alegra que menciones lo del mapa recordándote una novela épica, definitivamente tenía en mente los libros que adoraba de adolescente cuando lo dibujé – El señor de los anillos y otras novelas de fantasía o aventura. Quería hacer el texto lo más agradable posible, crear una ‘cápsula del tiempo’ en sí misma, como las ‘cápsulas del tiempo’ de las que hablo en el libro – estas colecciones de objetos que se reúnen con alguna idea de prosperidad hacia el futuro. Quería crear un ‘objeto’ como este, de Erin y sobre ese tiempo para ella, distintas partes que fueran importantes para ella, en el texto; darle una cierta metatextualidad. Así que está el guion del documental, los mapas, sus dibujos, etc. Estaba interesada en cómo el texto en sí mismo podía cobrar mayor dimensión, como un verdadero objeto: su ‘cápsula del tiempo’. 

R: Me encantó la forma en que relacionabas personas e ideas en las reflexiones de Erin. Disfruté particularmente sus pensamientos sobre Carl Sagan, Charles Darwin y Adam Smith, por nombrar algunos. Me encanta que cuando llega a la cabaña sigue leyendo a Thoreau o a London, entre otros, pero críticamente. Toma lo que le sirve y se muestra en desacuerdo con otras partes, pero sin ‘tirar todo por la borda’, como muchos hacen. ¿Cómo construiste el personaje y el carácter de Erin?

A: El formato de la ‘novela’ fue una manera de construir el personaje de Erin que disfruté mucho. Está en el género de ‘bildungsroman’ o ‘coming of age’, uno que conscientemente quería escribir. Hay tantas historias de aventura y de ‘coming of age’ de hombres jóvenes y no tantas sobre mujeres jóvenes; menos aún las que están situadas en la ‘naturaleza salvaje’. La trama de la novela es extremadamente básica, pues es un ‘travelogue’ de ficción en el cual Erin viaja de A a B. La mayor parte del desarrollo está en su personaje: Erin a medida que se desafía a sí misma en este viaje, cómo las situaciones que experimenta y las personas que conoce desafían sus percepciones, y cómo esto a su vez la cambia a ella como persona y cómo ella se construye alrededor de sus experiencias. Cambia de opinión sobre sus intenciones originales y yo veo esto como su ‘despertar ecofeminista’. Fue entretenido escribirlo porque yo también estaba aprendiendo y cambiando de parecer mientras avanzaba, por ejemplo encontrando algo sobre un lugar en el que ella estaba y mandándola por una tangente de descubrimiento e investigación que a su vez reconfiguraba la forma en que ella se sentía.

R: Me acuerdo de que cuando vi Into the Wild de adolescente me encantó. Lo que más me gustó, además del soundtrack, fue la reflexión final: ‘La felicidad es real solo cuando es compartida’ [Happiness is only real when shared]. El viaje de Erin es solitario de una manera, pero a la vez no lo es. Conoce gente que la cambia a lo largo del camino y se relaciona con la naturaleza de una manera especial, como cuando sube a la cima de una montaña o se encuentra frente a frente con ciertos animales salvajes. Te quería preguntar sobre esta idea de naturaleza y soledad y cómo Erin busca esto, al principio con ciertas ideas de encontrar ‘autenticidad’ y, a medida que la novela avanza, con otras ideas y sentimientos que acompañan este tipo de búsqueda.

A: Sí, esta era una de las cosas principales que quería explorar, esta idea de ‘autenticidad’, ‘naturaleza salvaje’ y ‘soledad’: una matriz que vemos en el trabajo de los trascendentalistas como Thoreau y aquellos inspirados por ellos. Esto también es central para el grupo sobre el que hablo: el del ‘Hombre de Montaña’ – el hombre barbudo viviendo solo en su cabaña con sus pieles y sus rifles. Que es a la vez el tipo de individualismo tosco que es central en la psique Americana [estadounidense], y que se transfiere al Reino Unido (como imagino también se transfiere a otros lugares que consumen muchísima cultura Americana).

Quería sugerir que este individualismo siempre es construido y falso. Una visión ecológica ve que nuestra sobrevivencia siempre está conectada a otros: otras personas, otros seres no humanos, nuestro medio ambiente (ya sea la tundra o la ciudad). La queja original de Erin es que, muy frecuentemente, en la literatura occidental canónica, los hombres que van a la naturaleza salvaje buscan ‘solitud’, pero cuando una mujer busca lo mismo, esto se interpreta de manera distinta: como una soledad, algo que les está pasando a ellas más que algo que ellas están buscando o eligiendo. Pero hacia el final del libro, Erin está empezando a sentir que no existe tal ‘solitud’, pues estamos siempre tan enredados con el mundo que incluso al escribir o documentar nuestras experiencias se presume la existencia de una audiencia, una conexión a la sociedad y a otras personas, tal como lo hacía la escritura de Thoreau.

R: Hay una reflexión hermosa hacia el final del libro sobre cómo todos estamos interconectados. Volviendo al concepto de metempsicosis, si tuvieras que construir un mapa conceptual de metempsicosis para Abi Andrews, ¿qué incluirías? Leí algunas entrevistas en las que hablas de tu afecto y admiración por Rachel Carson y Ursula K. Le Guin, por ejemplo. ¿Hay otras influencias, no necesariamente literarias, que marcan tu trabajo y te hacen apasionarte por vivir y escribir? ¿Estás viendo o leyendo algo por estos días que recomiendes?

A: ¡Oh, hay muchísimas influencias, de seguro! Pienso mucho sobre la insistencia de Sarah Ahmed en que ‘citar es memoria feminista’. Pienso que toda escritura es una cita extendida y me encanta la idea de ‘libros fantasmas’, aquello que Maggie Nelson llama ‘los textos que rondan’ otros textos. Estos son los textos en los que Nelson ‘se apoya’, incluyendo las referencias a ellos en su trabajo ya sea de manera explícita o indicando gratitud hacia alguna idea. Ella usa esto para ilustrar que cada individuo nacido en una cultura está inextricablemente tejido en ella. Las ideas viven a través del tiempo y van transmutando según el contexto. Ningún hombre es una isla. Para mí esta es una admisión muy ‘femenina’ y feminista sobre la escritura. En este sentido, escribir en sí mismo es una conversación constante y enredada, una suerte de canción de iteraciones y reciprocidad.

Intento mostrar mis influencias abiertamente en el libro, lo cual es la razón por la que incluyo todos los títulos directamente referenciados como ‘influencias’ para Erin, y estos están listados al final del libro en los agradecimientos. Esto tiene que ver con el tipo de escritura contra la cual estaba escribiendo: la de Thoreau y todos sus solitarios trascendentalistas. 

Creo que escribir es una de las maneras más hermosas de mostrar nuestra interconexión, e intento que mi escritura levante esto en cada etapa, de realmente insistir en esto en la misma forma del texto. Para mí esto es importante para el tipo de mundo en el que nos encontramos hoy, uno en donde necesitamos un cambio en nuestra ética y en nuestras visiones de mundo para poder ver e integrar esta interconectividad para nuestra sobrevivencia. Escribir puede ayudarnos a construir esta nueva solidaridad, entre nosotros, pero también con el mundo no humano. Este año ha sido más sobre practicar esto para mí, o intentar practicarlo, mientras pienso en las formas en que esto funciona o falla, las luchas y los triunfos que hay en ello. Así que he estado viviendo y trabajando como cuidadora de vida salvaje en una zona rural de Australia. Ha sido bastante monumental para mí, vivir tan cerca con más-que-humanos, pensando sobre lo que Donna Haraway llama ‘kin-making’ [creación de parentesco] con criaturas que son muy poco familiares para mí. Ahora estoy comenzando a pensar sobre cómo escribir sobre esto.

R: ¿Puedo preguntar en qué estás trabajando actualmente? Me encantaría leer más de tu escritura.

A: Además de lo recién mencionado, que creo que tomará un buen tiempo de pensar antes de comenzar a ‘trabajar’ en ello, estoy esperanzada en lo que creo que es ya el final de un borrador de una segunda novela. ¡No puedo decidir si es un cambio radical respecto de Tundra o si escribí casi exactamente el mismo libro! Trata sobre la representación en una manera similar a cómo lo hace Tundra, pero está situado de manera muy distinta, y trata mucho sobre la colectividad mientras que Tundra trataba sobre la solitud y el individualismo. De alguna forma toma el ‘volver a casa’ sugerido al final de Tundra como punto de partida. Está situada en una especie de centro social levemente anarquista y sigue a una mujer entrenada en antropología que está intentando escribir una etnografía sobre este lugar y fallando en el intento. Se imagina las comunidades luminosas que pueden surgir en lugares y tiempos de lucha. Y todavía está intentando pensar sobre la interconectividad con lo no humano, las formas en que podemos y debemos responder a ello y cómo podemos ‘cuidarnos’ entre todes a través de las diferencias.


Abi Andrews es una escritora del Centro de Inglaterra. Estudió en la universidad de Goldsmiths y su trabajo ha aparecido en diversas publicaciones. Su primera novela, The Word for woman is wilderness, fue publicada en Inglaterra (Serpent’s Tail, 2018) y en Estados Unidos (Two Dollar Radio, 2019). Además, está siendo traducida al alemán, al francés y al español. Actualmente, Andrews está escribiendo su segundo libro.

Ficha técnica:

Tundra de Abi Andrews
Traducido por Virginia Higa
Editado por CHAI Editora (2020)
ISBN: 9789874728364
PVP: 16.000
360 pp.

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