«Donde hay mugre hay vida amigo»: Apuntes al margen, de Cristóbal Gaete

Diego Armijo

Por subida Cumming, entre la plaza Aníbal Pinto y la del Descanso, se encuentra el bar Canario. Se escucha que el nombre viene de los comensales que antes lo pululaban: hombres recién salidos de cana, desde más arriba, la Cárcel de Valparaíso. En las paredes del bar, carteles que documentan la vida cultural de la ciudad y entre ellos un afiche de Pablo de Rokha. Este que en su «Oceanía de Valparaíso», contenida en el libro Estilo de masas (Prensa Latinoamerica, 1965) así verseaba el territorio: «un dios guillotinado, pateado, “cogoteado”, preside en callejones y encrucijadas de contubernio y escarmiento vil, la estética contradictoria y terrible de tu emoción lírica». 

Cristóbal Gaete (Viña del Mar, 1983) baila al ritmo de esta “emoción lírica”, pues ha recorrido las calles, trabajó en el Mercado Cardonal, comparte cervezas y vino con chirimoya en el Canario o el Cureptano, desgastó sus ojos en los archivos de la biblioteca Severín y desde allí ha escrito y publicado. Valpore (2009; Garceta, 2015), Paltarealismo (Cinosargo, 2013), Motel Ciudad Negra (Hebra, 2015) y Crítico (Garceta, 2016) son sus libros. Los tres primeros ahora han sido editados en un compendio más dos textos inéditos: Hotel Prat y Barrio. La publicación, Apuntes al margen (Emecé, 2021), nos acerca a las versiones de la ciudad que Gaete ha intruseado durante 15 años, con su “estética contradictoria”, para irle siguiendo la pista mediante estas novelitas a Valparaíso y sus habitantes, aunque todos tengan la mascarilla en la pera. 

—Publicaste Valpore en 2009 y luego has ido interviniendo el campo con novelitas modestas en páginas, pero fieras en intensidad y estilo. ¿Cómo funcionan estas novelitas ahora prensadas en Apuntes al margen

—Prensadas, que linda palabra para pensar en Valpore. No sé cómo funcionarán para los lectores. En mi biblioteca tengo varias antologías, generalmente de poesía. Si el estilo del/la poeta está muy marcado, cagaste, aunque te fascine te cansas en alguna parte, te pide espaciar. A veces cuando mandan las mudas o quiebres de estilo, las cuales prefiero pensar como indagaciones, se vuelve una aventura que seguida cronológicamente resulta material de estudio. No existe tal orden en mi libro. Quiero creer que, más allá del territorio Valparaíso, que sería el eje de mi escritura, mi propia indagación hará de Apuntes al margen un viaje por experiencias estéticas distintas. Y unidas, quizá, tendrán una vida un poco más larga que separadas. A los que nos gusta la vereda para encontrar nuestra lectura sabemos que abrazadas estas breves páginas quizá puedan tener más chances de quedarse. Así leemos la narrativa del XX. Aunque claro, como repito escenas tratando de mejorarlas y todo eso, siempre fueron pensadas para ser leídas de forma autónoma.   

—Una crítica que has hecho es al centralismo y repetición de los jurados de los premios literarios. De hecho, en La Palabra Quebrada, el suplemento literario que editas, se publicó un reportaje sobre eso, donde se hacían evidentes los grupos cerrados de influencia, y por ende los ganadores. Aún así el año 2015 ganaste el Premio Municipal de Santiago con la novela Motel Ciudad Negra (Hebra, 2014). ¿Qué pasó ahí para que se rompiera el centralismo? 

Hay varios factores. Vamos primero por uno estadístico. Para que la gente de provincias siga mandando libros tienen que haber excepciones y yo no soy la única de los últimos años. Y aguanté que Valpore no haya salido ni en las cómicas antes, siendo que estamos vivos que el broli todavía da cara (y espanto), aunque tampoco tratar de sacudir el status quo debe oler siempre a flores. Estos libros de provincias que han ganado en prosa en los últimos años han tenido un carácter fuerte, propio. Porque si vas a salir en una edición chica o artesanal, tenís que hacer una obra intensa, no vas a escribir como todos, ¿no? Para escribir en la tendencia, hay otros canales. Tuvo Motel Ciudad Negra buena crítica en impresos y medios digitales, lo cual es fundamental para acercar un nombre, y después de ello un jurado adecuado para su forma de novelita. Eso sí que es cuea, porque a quién queremos engañar, o tenís o no tenís cuea, si la literatura es subjetiva, hay 2 premios y los lectores especializados harían o no existir la excepción con que inicié esta respuesta.   

—Escenas de tus libros aún logran generar asco en lectores reaccionarios como Camilo Marks, como pudo verse en su superficial reseña en Artes y Letras a Apuntes al margen, ¿Qué valor crees tú que tienen tus libros, repletos de estas escenas, si al primer acercamiento provocan estupor? Uno puede preguntarse, ¿no serán solo folletines mugrientos?

—Me encantó lo de folletines mugrientos. Donde hay mugre hay vida amigo, no lo olvides. Creo que esas escenas tienen una finalidad, que es llegar a la denuncia no a través de la queja sino que a través del esperpento, por ahí hay varios modelos en la literatura chilena y latinoamericana. Pero esas son intenciones del autor, nada más, así que le doy la razón a cualquiera que comente el libro sin duda alguna y se queden en ese nivel de interpretación que quisiera yo que fuera superficie. Hallo peor responder a la crítica, pero eso tiene que ver también porque estoy al otro lado, editando reseñas o entrevistando en distintos medios.  

—Guiándonos por la contraportada de Apuntes al margen, aunque obviando la exageración comercial, que dice sobre tu escritura: «la propuesta más violenta y libre de la literatura chilena». ¿Qué hace violentos y libres a tus libros?

Que son indagaciones sobre una forma que se agota al final de cada libro. La violencia es la de las calles no más. Los adjetivos de la publicidad dicen algo sobre un campo cultural a su vez, pero no los puse yo para explicarlos.   

Crítico (Garceta, 2016), es el único de tus libros narrativos que no está contenido en Apuntes al margen. En aquel encontramos cuentos, perfiles, ensayos, diarios de vida y hasta poemas. Unido a lo anterior, Crítico también puede leerse como un manual de formas de la prosa. Tú realizas anualmente el taller de Reescritura territorial en BAJ Valparaíso donde muestras a los integrantes una diversidad de géneros narrativos en relación al territorio. ¿Qué lugar ocupa este libro dentro de tu obra? ¿Qué lugar ocupa el territorio en tus libros?

Crítico es un libro distinto a los otros porque ya no puede caber en lo que libremente paso por novelitas. Como se me hace muy difícil inventar y la realidad está ahí para los géneros referenciales y formas de la prosa, Crítico es un híbrido. Necesitaba una obra más flexible también, por el encierro de Motel ciudad negra. Me sigue gustando el libro, pero como me dijo un querido colega, «hace X esa hueá y es el mejor libro del año, lo hacís vos y no pasa nada». Nítido. Es una obra que ha pasado casi piola y que la gente se imagina como compilado de textos efectivamente críticos. Y es cualquier cosa menos eso.   Lo del territorio merece un aparte. El territorio es todo, en tanto desde ahí tomo los elementos, y, mucho más importante, la forma. Aplicaré esta idea a algunos de los libritos prensados en Apuntes al margen, para no ser vago. Hotel Prat son dos estructuras [la primera, se puede leer como adelanto en la página de Planeta], una que compila citas de escritores nostálgicos de Valparaíso y testimonios actuales, incluso una entrevista a una trabajadora nocturna cruzado con un intento de ficción. La otra parte reescribe la estructura con esos materiales, que es lo que se hizo en el edificio al cambiar el nombre del hotel, al cambiar el carácter de sus pisos, al insertar una estructura habitacional opaca y pegarla a la clásica hotelera. En Barrio, que es una crónica con inserciones de ficción, es un libro que no parte nunca. ¿Por qué tendría que partir? ¿Por qué tendría que ficcionar con las vidas que veía de madrugada? Es siempre el comienzo de un día. La forma frenética de Valpore y el encierro de Motel ciudad negra tienen que ver con la vehemencia del mambo porteño y con las estructuras que habitamos. Paltarrealismo es un árbol de varios brazos. El territorio me soluciona pensar que en realidad no soy un escritor de ningún género literario


Créditos de la fotografía a Raúl Roycoolea

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