«Ya estás dentro. Te sugiero estar atenta a las sincronías»: Un volcán estalló en el mar, de Carola Josefa


Rocío Abarzúa

Un volcán estalló en el mar (Planeta Cómic, 2021) es la primera novela gráfica de la ilustradora chilena Carola Josefa. En ella seguimos la historia de Claudia, una artista visual que viaja a Islandia a visitar a su papá, que está allá por trabajo. Este viaje lo realiza en un momento de crisis: terminó una relación de pareja recientemente, vive un período de incertidumbre laboral y también un importante duelo familiar. Durante su estadía en la isla, Claudia observa y registra un paisaje nuevo, indómito y extraño, conoce amigos haciendo couchsurfing y se encuentra con seres míticos que la llevan a ver el mundo de nuevas formas. 

Una obra en la cual la observación y la búsqueda artística nos llevan a visitar el mundo interno de Claudia a la vez que el propio. Una historia llena de pausas, pero también llena de movimiento latente. Conversaciones cotidianas y reflexiones sutiles se entremezclan para sumarnos a este íntimo y hermoso viaje.

Rocío: Me encantó tu novela, la disfruté muchísimo. ¿Cómo fue el proceso de crearla? ¿Cómo surgió la idea y cómo fuiste desarrollándola?

Carola: ¡Gracias! La novela surge a partir de un viaje que hice el año 2017 a Islandia y también creo que surge de una inquietud que yo tenía por narrar. No sabía muy bien si quería escribir o hacer una novela gráfica, siempre tenía dudas, pero tenía esas ganas de hacer un proyecto narrativo. Cuando fui me pareció que era un lugar tan fascinante que sentía que, si o sí, iba a hacer algo con eso, pero no tenía muy claro qué. Allá tomé apuntes, dibujé, pero sin nada muy claro.

Cuando volví a Chile enseguida me metí a talleres literarios para ejercitar un poco la narración. Me metí a uno de Los libros de la mujer rota, otro con Arelis Uribe y varios más. Pero en ese transcurso de tiempo aún no tenía muy claro el qué – hasta que postulé a un Fondart. Y la postulación del Fondart también fue algo que pasó de manera muy rara, porque yo había postulado a muchos Fondart y nunca me ganaba ningún fondo, o sea sí me había ganado uno, pero no el de artes visuales. Y cuando fui a Chiloé donde la Alison Saravia, que es una chica que tiene una residencia para ilustradores, ella me sugirió que postulara al Fondo del libro. Y ahí todo cuajó porque dije: “Ya, esta idea que tengo, que arrastro ya hace uno, dos años, la puedo condensar aquí”, y ahí mandé las seis páginas que eran las seis páginas iniciales del libro que son muy parecidas a las que están oficialmente ahora en el libro. 

Después de eso me escribió el Diego [editor]. Fue justo en el momento en que yo ya tenía el Fondart y él me dijo: “Vamos con ese libro”. Confió 100% en el proyecto y eso fue muy bacán. No me lo esperaba. Ahí yo me sentí muy con la libertad de hacer lo que yo quería. Eso fue para mí muy mágico, esta absoluta libertad, y también vertiginoso, porque no sabía muy bien qué iba a pasar. Sobre la novela, yo tenía claro más o menos lo que quería en la primera parte, pero no sabía qué cosas iban a pasar después. Pero fue muy bonita esa sincronía. Pensé: “Esta es la oportunidad, vamos.”

R: En la presentación del libro dijiste algo muy lindo sobre eso que era como que tenías que sacar esto afuera, sacártelo, hacerlo y no seguir conteniéndolo…

C: Tal cual, era una carga que estaba ahí, y me ayudó mucho que el Diego y la editorial estuvieran ahí, porque en verdad yo quería meter muchas más cosas. Quizás nunca habría terminado o habría entregado algo menos completo. Eliminé una escena que me encantaba porque ya en verdad no podía meter más cosas. El viaje que se hace da para que sigan pasando muchas cosas mágicas. Yo quería hablar de las ovejas también que son tan chistosas allá y no pude porque no me dio… Podría haber como un Lado B donde sigan pasando estos encuentros que Claudia tiene y todas estas reflexiones que van pasando en el camino. 

R: Sí, a mí también me dio esa sensación, pero igual la novela es redondita. Pasando a la próxima pregunta, cuando Claudia llega donde su papá, llega con una cámara Cosina, y más adelante empieza a sacar unos celulares viejos y otros dispositivos con los cuáles quiere registrar este paisaje fragmentado que es Islandia mediante algo así como una observación fragmentada. Eso me llamó mucho la atención y también lo hablaron en la presentación, esta integración entre el paisaje exterior, la naturaleza, y el paisaje interior, o uno mismo. Quería preguntarte por la relación de estos dos paisajes.

C: Definitivamente sentí que había un vínculo entre ambos. Y también entre Claudia y su proceso creativo como artista. Me siento muy rodeada de artistas visuales que están todo el rato trabajando mucho con el paisaje y es algo que cuando yo estudié arte también siempre estuvo muy presente. Entonces para mí es parte del proceso y me interesaba poder plasmarlo, sobre todo porque Claudia está en contacto directo con este paisaje que es totalmente extraño y como una especie de desierto, entonces sentía que si o sí tenía que haber un vínculo entre eso, su proceso como artista y además su proceso interno de no saber muy bien para dónde ir, y como ir recolectando ciertos momentitos y cosas.

Lo otro que me interesaba, y en algún momento quise ahondar más en eso pero no lo hice, era el elemento fotográfico no como algo que trate de captar la realidad tal como es, o “la foto más perfecta”, si no que cómo a través de tu dispositivo o de tu percepción en ese momento percibes el entorno. Cómo tu condición en ese momento o el elemento que tienes en tu mano te hacen captar el entorno de una manera específica, que solo vale en ese momento, que es algo que igual está muy vinculado a la observación en el arte. El medio es el mensaje, un poco. Quería que eso estuviera presente, esa búsqueda, un guiño al proceso artístico, que es algo que siento tan cercano.

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Vista interior al libro
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R: Sí. Esto de tratar de plasmar la percepción o la observación en cada momento, y de que la realidad es contingente a la experiencia, en este caso de Claudia, creo que se nota mucho en la parte visual de la novela: los cambios en la paleta de colores y los tipos de trazo, o cómo Claudia se integra en el paisaje, como cuando se vuelve roca o cuando está rodeada de pájaros. Respecto de esta parte visual de la novela, y de tu obra en general, quise volver al Manifiesto del dibujo de Sofía F. Garabito (Alquimia, 2020), en que, respondiendo a ¿Por qué dibujo?, dices: “Dibujo porque no creo que pueda no hacerlo, porque me nace de manera muy natural y me hace sentir muy cómoda. (…)” Ya hablamos de tu experiencia con talleres literarios, pero ¿nos puedes hablar un poco de tu exploración con el lenguaje visual? Te lo pregunto porque conozco tu obra previa a la novela en cuanto a la ilustración, a la cerámica, pero tampoco sé si este proceso ha sido llevado por algo distinto de tus intereses, entre los cuales está la naturaleza, como por ejemplo por necesidad.

C: Sí. Por ejemplo, con la cerámica, yo me mantuve haciendo eso por necesidad básicamente, porque era algo que en ese momento se estaba vendiendo muy bien. A mi me gustaba igual, pero en un momento dejó de gustarme hacer tanto masivamente y lo seguí haciendo porque justamente, me ayudaba, iba a las ferias y ganaba mucha plata, entonces era por necesidad. Pero yo siempre tuve un proceso paralelo como dibujante, que tiene que ver con abordar la abstracción, con abordar la línea; de hecho, estuve en el taller BLOC apenas llegué a Santiago, un taller conocido en el circuito del arte que da becas a artistas. Esa búsqueda siempre ha estado muy presente para mí. Y lo mismo me pasó con los talleres de poesía: tomé uno con la Victoria Ramírez y ahí trabajamos el tema de la poesía visual, que también es algo que siento que está muy latente en mi trabajo desde siempre, el tema de la imagen y el texto, o el tema de cómo a veces no es necesario que vaya texto. Antes mi trabajo era mucho más silencioso, yo no usaba texto y para mí era una especie de silencio que tenía que me gustaba mucho, que quizás después lo perdió. Siento que oscilo por muchas microinvestigaciones y que aparecen y desaparecen dependiendo de lo que esté haciendo, y también de la necesidad, como decías tú. En ese sentido yo me siento como súper errática en esa búsqueda. 

R: Pero esa inquietud es bacán, siento que uno igual la percibe, como una curiosidad todo el tiempo por explorar cosas nuevas. A mi me gusta porque es como que el trabajo está vivo, no está siempre siendo lo mismo.

C: ¡Sí! Eso me gusta, me siento muy ad hoc con esa descripción porque yo sé que hay artistas que pueden permanecer en un mismo lugar y trabajar con un mismo tipo – y los admiro también por eso, porque mantienen muy sólidamente un trabajo muy bello. Pero yo me siento más parte de otro tipo de creadores como más dispersos en esa búsqueda. Y en algún momento me lo cuestioné, dije: “Chuta, quizás tengo que tener como algo más claro, un estilo propio definido”, pero siento que eso a mí me limita, porque me aburro de hacer siempre lo mismo. De hecho, ahora estoy pensando que quiero hacer otro libro y que quiero que sea distinto a este, tengo otra idea totalmente diferente. Me gusta ese juego. Que también pasa en el libro, en el ir jugando con los colores, ir jugando con las texturas.

R: Sí, se percibe ese movimiento, como que hay algo latente todo el tiempo, y a mí por lo menos eso me encanta. Ahora quería pasar a preguntarte un poco por tus referentes: del mundo de las artes visuales, o del cómic, quizás, en que hay muchas mujeres bacanes, o también escritores, que te hayan inspirado.

C: Mis referentes vienen mucho del cine. También del cómic, de la narración y del arte, pero el cine, para narrar al menos, para mí es una súper fuente de inspiración y de observación para cachar las escenas, o de repente ciertos detalles – obviamente es un lenguaje distinto, pero sí te da un lineamiento como de guion que es súper importante. Un referente por ejemplo para mí es Frances Ha (2012). Sentía que Claudia tenía relación con Frances Ha en que le pasaban estas cosas medias tontas, como que buscaba manjar y no hay manjar en Europa. Como que quería que tuviera esa esencia, pero también quería que tuviera la esencia de películas de cine europeo como por ejemplo de Tarkovski, que tiene estas escenas muy silenciosas, pausadas, donde todo es muy visual y de repente hay textos poéticos. Es muy poético su cine. Me parecía muy bonito tomar esos recursos y poder incorporarlos al cómic a mi manera, más sintética, más manchada. 

Respecto de los libros, siempre me ha gustado mucho escribir, pero me cuesta concentrarme en la lectura, entonces leo en fragmentitos. Por eso me gusta mucho la poesía, y sin duda la poesía también fue un gran referente para mi narración. Además del taller de la Victoria, tomé uno con la Julieta Marchant. Tenía ese interés de trabajar con un lenguaje poético, sintético, no enrollarme tanto con las palabras. La Julieta Marchant me ayudó mucho con eso.

R: Quería mencionarte una cosa que me llamó mucho la atención cuando estaba preparando esta entrevista y es que revisando tu obra en retrospectiva sentí que quizás tu viaje a Islandia permeó mucho tu obra en general, no solo esta novela. Por ejemplo, estas cerámicas de volcancitos o estas ilustraciones de casitas, que llevas algún tiempo haciendo.

C: Pero cachai que esas montañitas son previas a Islandia. Entonces me pasaba que, cuando estaba allá, algunas amigas me decían: “Estás en un lugar que es muy tú, en tu propio mundo”. 

R: O sea fue al revés…

C: Sí, fue un poco al revés y como que en verdad hasta el día de hoy alucino con esas casitas en el campo, es algo que me llama mucho, siento que todo este ambiente es como mi vitalidad. Estar allá y poder generar este encuentro con este lugar que yo sentía muy cercano a mí fue muy cuático. Es como que fuera mi atmósfera, y traté de plasmar eso con Claudia también. Y a mí me pasa lo mismo, como: “Me quedaría a vivir aquí para siempre”.


R: Claro, pero es brígido porque no es fácil sentirse cómodo en un lugar que estás conociendo por primera vez. Es como que invocaste este viaje. Como que tuvieras una conexión muy, no sé si espiritual, pero sí de las sincronías, que es algo que también mencionas en el libro, con este espacio.

C: Sí, en ese sentido el libro igual es súper místico. Traté de invocar todas estas cositas, por ejemplo, el tema de la chamana, que es súper importante porque es la que la hace entrar en el volcán, que es como un ritual de mucha significación. Quise incorporar elementos del cómic en sí, que a veces incluye elementos más fantasiosos o que tienen esa cosa media absurda. Me gustaba transmitir eso, esa rapidez y sutileza, como que no todo fuera tan realista ni dramático. Algo como: “Todo puede pasar, sí, ¡voy!”

R: ¡Voy! Y sin cuestionárselo. Me encanta. Para terminar, quería preguntarte por tus proyectos futuros, si tienes alguno en mente.

C: Sí, tengo un proyecto que quiero trabajar, que también tiene que ver con mi autobiografía pero que está muy en pañales. Es un proyecto que me empezó a dar vueltas mientras terminaba la novela y también quería terminarla para poder dedicarme a él. Al final igual me enamoré de esta manera de narrar. Pese a que fue un proceso difícil y muy tortuoso el terminar este proyecto, siento que mi cuerpo ya entendió el proceso. Que creo que es algo que les pasa a todas las personas que se dedican a un proyecto grande por primera vez, que al final es como: “Ah ya, ya entiendo”, como que te ordenas, no sé. Siento que ahora tengo mucho más claro eso y tengo muchas ganas de ponerlo en práctica, de una manera ya más madura, como que ya puedo entregarme a este proceso y también puedo buscar de esta manera, ir jugando con eso.

Carola Josefa Aravena Órdenes nació en Los Ángeles, Chile, en 1987, pero creció en Concepción, ciudad en que también estudió Artes Visuales. Comenzó a compartir sus primeros dibujos en forma de pegatinas en las calles de Concepción y durante los últimos diez años ha trabajado como ilustradora independiente en proyectos propios, así como en publicidad, medios, música y todo tipo de cosas. Con su trabajo ha participado en varias exposiciones y ferias. Desde el año 2018, hace viñetas narrativas que comparte en Instagram, algunas de ellas publicadas en revista Paula en la sección Sketch del Domingo. Actualmente vive en Santiago y se dedica a proyectos de narrativa gráfica y todo tipo de actividades que involucren dibujar. Un volcán estalló en el mar es su primer libro.

Ficha técnica:

Un volcán estalló en el mar de Carola Josefa

Editado por Planeta Cómic, un sello de Planeta (2021)

ISBN: 9789569994555

PVP: 19.900

286 pp.

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