La repisa de Alma Negra librería y plataforma

Silvana Vetö y Gaspar García

David Wojnarowicz, En la sombra del sueño americano. Diarios (1971-1991). Buenos Aires, Caja Negra, 2021. Editora.

En 1992 la editorial Artspace Books de San Francisco publicaba Memories That Smell Like Gasoline, segundo libro del pintor, fotógrafo, cineasta, performer, escritor y activista estadounidense David Wojnarowicz, nacido en 1954 en Red Bank, New Jersey. En ese libro, Wojnarowicz escribía: “A veces oscurece aquí detrás de estos ojos me siento como el equivalente físico de un grito. La autopista en la noche en las luces altas de este automóvil acelerando a toda velocidad es el único movimiento que permite que el corazón se desenrede…” (traducción personal), dejando al descubierto el tono emocional y las corrientes pulsionales que lo afectaban y movían.

Wojnarowicz murió ese mismo año, a los 37, a causa de complicaciones relacionadas con el Sida. Había sido diagnosticado a fines de los ochenta, en plena epidemia del Sida, acentuando fuertemente la vertiente más política de su obra. En 1989, en un contexto social marcado por la pérdida y el abandono, Wojnarowicz escribía el texto para la exposición colectiva de artistas contra el Sida organizada por Nan Golding en Artists Space (Nueva York). En dicho texto, titulado “Postcards from America: X-Rays from Hell”, denunciaba la violencia de la sociedad estadounidense frente a quienes contraían dicha enfermedad, catalogada entonces como enfermedad homosexual. La exposición fue censurada y, como respuesta, Wojnarowicz escribió: “Lo que está sucediendo aquí no es solo un problema que concierne al ‘mundo del arte’ (…) Se trata del asesinato legalizado y sistémico de homosexuales y de su silencio; se trata de la invisibilidad y el silenciamiento legislados de las personas con sida y de la negación de la información necesaria para que esas y otras personas tomen decisiones informadas sobre la seguridad en sus actividades sexuales” (p. 12).

Wojnarowicz comenzó a ser más conocido en el mundo de habla hispana luego de la retrospectiva “History Keeps me Awake at Night” [La historia me quita el sueño] inaugurada en 2018 en el Whitney Museum en Nueva York, en colaboración con el Museo Reina Sofía de Madrid y el Musée d’Art Moderne de Luxemburgo. En ese contexto, la editorial argentina Caja Negra sacó, en junio de este año, la primera traducción de Wojnarowicz al castellano, realizada por Julio Pérez Manzanares y Cristián de Napoli. Se trata de su diario, publicado en 1998 por Grove Press titulado En la sombra del sueño americano. Diarios (1971-1991), la cual incluye una Introducción de su editora original, Amy Scholder.

Estos diarios, concebidos precisamente “en la sombra del sueño americano”, son una escritura íntima acerca de la vida cotidiana, las experiencias amorosas, sexuales, sociales, familiares, los afectos, las relaciones, los amores y decepciones, la enfermedad y la desesperanza de un joven artista homosexual en los Estados Unidos de las décadas de 1970 y 1990. Son una lectura esencial e ineludible, nos parece, en un contexto marcado también, aunque por cierto de manera diferente, por la epidemia y la muerte.

La escritura de Wojnarowicz nos lleva por los meandros del despertar sexual y el amor, en una escritura directa, aguda, desgarrada, pero a la vez llena de sorpresa, entrega y ternura. En agosto de 1977, a los 22 años, escribe acerca de su relación con un chico llamado Ken: “Me acompañó hasta el metro y me besó al despedirnos. Volví a casa caminando envuelto literalmente en jirones de sonidos y formas, emociones como flashes a medio camino entre el pasado y el futuro imaginado” (p. 59). O también en noviembre de 1978, en una parte del diario dedicado a su amante francés, Jean-Pierre Delage: “Estoy parado con las manos hundidas en los bolsillos vacíos, preguntándome por qué si íbamos a tener sexo no quedamos a las seis o a las siete y ese tipo de cosas que uno se pregunta cuando está nervioso a punto de encontrarse con un nuevo amante: todas las ideas sobre el amor y el romance y un futuro perfecto hacen acto de presencia y se proyectan. A la vez, aparece ese minuto de terror de pensar que todo será arrastrado por un vendaval (…) me pregunto si este corazón acelerado se encontrará una vez más con una cama llena de soledad… con más días de conversaciones rumiadas, sin sentido porque no hay nadie con quien hablar” (p. 103).

El futuro posible aparece permanentemente en sus diarios, ligado al presente, y como espectro inevitable de la emoción y de la memoria, como cuando se pregunta dónde estará él o su amigo, o qué pensara o dentro de 10 o 30 años acerca de lo que escribe mientras recorre Estados Unidos haciendo dedo en 1977: “Como si un ojo-telescopio en lenta revolución hacia un futuro imposible o ficticio de pronto se replegara y volviera al pasado. ZOOOOMM…” (p. 56), escribe. Un futuro imposible o ficticio, en su caso signado y truncado tempranamente por el VIH.

Así, en 1991, en medio de la Guerra del Golfo, se siente ajeno al sufrimiento mostrado interminablemente en la televisión: “El mundo entero está transcurriendo a la distancia o quizá soy yo quien se mantiene alejado y viendo desde la distancia como todo es reducido a polvo entre crujidos. ¿Cómo describir el vacío sin usar palabras?” (p. 299). Pero, ¿cómo podría hacerlo con palabras? Parece como si el grito, en el cual él sentía materializarse, fuera la única salida. 

Sus últimos diarios, de 1991, coincidentes con la publicación de Memories That Smell Like Gasoline, muestran brutalmente esa materialización, indesligable del desgarro de su existencia y en claro contraste con aquellos futuros posibles de los setenta: “Llevo años deprimido y lloro desde que Peter murió y Tom recibió su diagnóstico y yo el mío. Cuando era más joven podía centrarme en las posibilidades y la esperanza, por más abstracta que esta fuera teniendo en cuenta que sentía que mi vida era una mierda. Hoy perdí esa habilidad. Me rodean demasiado los temores, intento hacer frente a los de los demás y a los míos con la mayor claridad posible, hacer frente a la muerte y la enfermedad y la pérdida de movilidad y la reducción o la putrefacción de mi cerebro (…) Sabiendo que estoy deprimido, entendiendo hasta qué punto recientemente todo se hizo más confuso porque no sé cómo sigue, no logro distinguir qué parte de mi fatiga y mi agotamiento y mis síntomas se deben a la depresión y qué parte a la enfermedad. Una retroalimenta a la otra hasta que tengo ganas de gritar” (p. 304-5). Siente que es una “puta fotocopia borrosa” de lo que fue, “completamente perdido en el pasado, flotando como un jirón de tela al viento” (p. 324).

De este modo relata su experiencia de la enfermedad y de la pérdida paulatina de sus amigos, de su gran amor (Peter Hujar), teniendo muy claro, a pesar de todo, que para quienes “tenemos que vérnoslas con las manifestaciones del virus” no se trata de la muerte, sino de cómo poder vivir con él: “necesitamos un espacio en el que poder abrazar y pensar la posibilidad real de la muerte” (p. 301). 

Octavia E. Butler, Hija de sangre y otros relatos. Bilbao, consonni, 2020. 

Publicado en 2020 por la editorial bilbaína Consonni, con la traducción de Arrate Hidalgo, los relatos de Octavia E. Butler (1947-2006) comprendidos en Hija de sangre, presentan a una cuentista de ciencia ficción en plena madurez. Publicado originalmente en 1995, el relato que da título al libro ganó los Premios Hugo y Nébula, los más importantes del género. 

Bichos extraterrestres, entidades alienígenas superiores, hombres embarazados, carreteras apocalípticas, nutren una de las mejores colecciones de relatos fantásticos publicados hasta la fecha. 

Butler fue una escritora afroamericana de ciencia ficción, a la que le costó abrirse camino en un género dominado en su mayoría por hombres blancos. También en el canon literario, donde los géneros suelen ser desdeñados, como escritura de cómic o pulp. Octavia E. Butler, hoy reconocida como uno de los referentes de los llamados “feminismo negro” y del “afrofuturismo”, ha comenzando a abrirse paso lenta pero firmemente desde la aparición de la traducción de una de sus más importantes novela, Parábola del sembrador, traducida por Virginia Gutiérrez y publciada por Overol en 2019. 

Una de las particularidades que hacen de Hija de sangre una vía de gran interés para adentrarse en la obra de Butler, es que cada relato y ensayo contenidos en él viene acompañado de un epílogo escrito por la misma autora donde aborda las interpretaciones y críticas, da cuenta de lo que estaba pasando en su vida personal al momento de escribirlos e incluso recomienda lecturas afines. En el epílogo a “Parientes cercanos”, escribe: “En primer lugar, ‘Parientes cercanos’ no tiene nada que ver con mi novela Parentesco. Se lo dije al editor que aceptó el relato originalmente para esta antología [no se trata del libro que comentamos, sino la antología donde apareció originalmente], pero lo único que él recordaba es que yo tenía dos obras con títulos parecidos y, por lo tanto, debían estar relacionados. Nada más lejos” (p. 92). O bien, en el epílogo al relato que sigue; “Sonidos de habla”, escribe: “Concebí ‘Sonidos de habla’ sumida en el cansancio, la depresión y la pena. Empecé la historia sintiendo poca esperanza o simpatía por la especie humana, pero, para cuando llegué al final, la había recuperado. No sé por qué siempre me pasa.” (p. 111). En el epílogo a “Hija de sangre” pone en tela de juicio la interpretación del relato como un relato de esclavitud, comentando que lo que aborda en él es el amor entre dos seres muy distintos entre sí, del paso a la madurez, de un hombre embarazado y de uno de sus temores, a los insectos amazónicos en particular. Respecto de lo cual comenta que es algo que suele hacer, escribir acerca de lo que le infunde temor.

Hija de sangre es, además de una excelente compilación de cuentos, una experiencia que lleva a l* lector* a adentrarse en las experiencias personales de una de las autoras más importantes de la literatura de ciencia ficción y del feminismo negro. Además de ello, recomendamos su lectura porque estamos convencid*s que esta escritura, la ciencia ficción feminista, aporta una serie de herramientas de análisis y reflexión en torno a las distintas formas de sometimiento y sujeción. Permite imaginar otros mundos, nuevas posibles formas de control social y planetaria, nuevas maneras de vida y vislumbrar también los derroteros (in)imagibles de la vida humana y no-humana. Como señala ella misma en el epílogo a “Obsesión positiva”: 

“¿De qué sirve la reflexión sobre el presente, el futuro y el pasado que ofrece la ciencia ficción? ¿De qué sirve su tendencia a advertir de peligros o a considerar formas alternativas de pensar y hacer? ¿De qué sirve su análisis de los posibles efectos de la ciencia y la tecnología, o de la organización social y la dirección política? Los mejores ejemplos de ciencia ficción estimulan la imaginación y la creatividad. Saca a lectores y escritores del camino trillado, de la estrecha senda de lo que ‘todo el mundo’ dice, hace, piensa, sea quien resulte ser ‘todo el mundo’ ese año.” (p. 131).

Anne Carson, La belleza del marido. Un ensayo ficticio en 29 tangos. Santiago, Bisturí 10, 2020.

“Una herida arroja su propia luz”. 

Con esta hermosa frase comienza el primero de los 29 poemas de La belleza del marido. Un ensayo ficticio en 29 tangos, traducido por Soledad Marambio y publicado en 2020 por la editorial Bisturí 10 en Santiago. 

Escritura de la herida, el poemario de Anne Carson (Toronto, 1950) teje una especie de comentario, que se enreda y desenreda, en torno al poeta inglés John Keats, a la tragedia griega, a la “pura maldad” del tango (p. 112), el dolor y la decepción que parecen formar parte inextricable de esa forma de vínculo que solemos llamar amor:

“Tenemos esta tristeza profunda entre nosotros y se escribe

de manera tan conocida que no puedo

diferenciarla del amor”. (p. 19)

Conocimos a Carson por la lectura de El ensayo de cristal, plaquette publicada por Cuadro de Tiza en 2015, que nos abrió a esta escritura afilada que ejerció sobre nosotr*s esa extraña atracción que provoca aquello que nos parece cercano y hermoso, pero a la vez temible:

“Los poetas (sé generoso) prefieren ocultar la verdad bajo 

estratos de ironía 

porque esa es la apariencia de la verdad: en capas y escurridiza”. (p. 33)

La belleza del marido es también una reflexión acerca de las palabras y la verdad, y de los lazos arbitrarios que parecen unirlas, bajo la voluntad de los dioses, como diría Carson, o bajo la voluntad del marido, como en el mito, como en la poesía:

“Todo mito es un patrón perfeccionado,

una prepuesta de dos caras,

que permite a su ejecutante decir una cosa por otra, llevar una vida doble.

De ahí la idea que surge temprano en el pensamiento antiguo de que todos los poeta son mentirosos.

Y de las verdaderas mentiras de la poesía

resbaló una pregunta.

¿En realidad qué une a las palabras con las cosas?

No mucho, decidió mi marido

y procedió a usar el lenguaje 

de la manera en que Homero dice que lo hacen los dioses.

Todas las palabras humanas son conocidas por los dioses pero tienen para ellos otros significados completamente distintos.

Pasan de uno a otro a voluntad.

Mi marido mentía acerca de todo”. (p. 30)

La verdad, el secreto y esas indecibles fuerzas que a veces pueden unirnos a quienes nos dañan, son escritas por Carson en este poemario, cuyo título alude a uno de los hilos que tejen esa fuerza de atracción indecible; la belleza:

“(…) y no pido disculpas porque como dije no se me podía culpar, estaba desprotegida

frente a la existencia 

y la existencia depende de la belleza.

Al final.

La existencia no se detendrá

hasta que llegue a la belleza y desde allí siguen todas las consecuencias que llevan hacia el final.” (p. 41)

“El dolor descansó.

La belleza no descansa”. (p. 45)

Esa herida del comienzo, causada en tiempos casi inmemoriales, ahistóricos, fue la herida de la belleza. Una belleza devorada como por un caníbal en el ese gesto vuelve propia toda su fuerza y, de allí en más, la habita y carcome desde dentro, no puede ser extirpada. No por el lenguaje, cuya resistencia sólo puede enfrentarse con las palabras (p. 105), pero tampoco por el silencio. “No allá afuera –señala Carson en el tango XXIX– con deliberación, con templos, con Dios. Adentro. El ya era yo. Condición de mi” (p. 113).

Ángeles Donoso Macaya, La insubordinación de la fotografía. Stgo., Metales Pesados, 2021.

Publicado primero en inglés por la University of Miami Press en 2020 y ganador del premio al mejor libro de estudios de cultura visual latinoamericana (LASA), La insubordinación de la fotografía se publicó en español este año en Santiago, en una edición de Metales Pesados traducida por la misma autora a su lengua materna. 

Ángeles Donoso Macaya (Santiago, 1980), es profesora, investigadora y activista. Es Doctora en Literatura y Profesora titular de la Universidad Pública de Nueva York (CUNY). Sus áreas de interés giran en torno a la literatura y la cultura visual latinoamericana, la teoría y la historia de la fotografía, el cine documental, los estudios de memoria, archivos y contra-archivos y el feminismo.

A partir de un minucioso análisis de la fotografía documental y las prácticas fotográficas durante la dictadura militar en Chile (1973-1990), en La insubordinación de la fotografía, Donoso se enfoca lo que denomina “campo fotográfico en expansión”, una interesante y útil reformulación del más estático concepto de “campo expandido”, acuñado por Rosalind Krauss en la década del setenta. El campo fotográfico en expansión se asocia a la “profundidad de campo”, que alude al “área de nitidez aceptable de una imagen” fotográfica, determinando “los objetos disponibles”, esto es, “discernibles, inteligibles o visibles” en el campo cultural en un momento histórico dado. La hipótesis de trabajo de Donoso establece que, durante la dictadura y en un contexto de permanente invisibilización, censura y desaparición de personas y rastros, las prácticas fotográficas –las que van más allá de la fotografía documental propiamente tal– significaron una expansión permanente del campo fotográfico y, con ello, del campo de lo que podía ser y volverse visible. Esto pone de manifiesto lo que, siguiendo a Ariella Azoulay, Donoso denomina “contrato civil de la fotografía”, es decir, la forma en que la mirada fotográfica implica la pluralización de la mirada y el intento de resistencia a cualquier forma de control y de uniformización de la mirada y del campo de lo visible. 

Uno de los materiales trabajados minuciosa y sutilmente por Donoso, son las fotografías de identidad y/o identificación otorgadas por los familiares y cercanos de los detenidos desaparecidos a la Vicaría de la Solidaridad, las cuales se produjeron, reprodujeron y diseminaron ampliamente en distintos contextos como “foto-copia”, constituyendo un verdadero contra-archivo de la desaparición. Otro de los materiales son las fotografías de los hornos de Lonquén, primer hallazgo de osamentas de detenidos desaparecidos, que sirvió para visibilizar aquello negado y denegado sistemáticamente por el régimen de Pinochet. Trabajando dichos documentos del horror, pero con una escritura a la vez precisa, cercana y fluida, Ángeles Donoso lleva a l*s lector*s por los meandros de las imágenes, siempre paradójicas e incompletas de la desaparición forzada, la tortura y censura, mostrando que ajustando la profundidad de campo es posible ver y mostrar aquello que durante décadas se intentó dejar en la oscuridad. 


Silvana Vetö es Psicóloga (UDP), Master en Psicoanálisis (Université Paris 8) y Doctora en Historia (Universidad de Chile). Fue profesora universitaria e investigadora hasta 2020 cuando dejó el trabajo en la academia para crear Alma Negra Librería y Plataforma, junto a Gaspar García.

Gaspar García es Licenciado en Historia y Geografía de Universidad ARCIS, librero hace 12 años y ha sido gestor de distintas actividades culturales relacionadas con el mundo del libro.

Alma Negra es una librería con un catálogo de libros, clubes de lectura y talleres (por el momento online) orientados por el interés de Silvana y Gaspar por lo que entienden como lecturas críticas de la realidad y de la existencia, especialmente en las áreas de las humanidades, ciencias sociales, narrativa, poesía, cine y música.

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