Hot stew, de Fiona Mozley

Trad. Rocío Abarzúa

El siguiente es un fragmento de Hot stew de Fiona Mozley, publicado por John Murray Publishers el 2021, traducido por Rocío Abarzúa.

Vapor

Bastian se detiene en el pavimento afuera del bar y se pone sus audífonos. Busca en su teléfono algo de música y devuelve el aparato al bolsillo interior de su chaqueta. Los audífonos encajan cómodamente, las bolitas plásticas como pequeños caracoles enrollados en sus conchas. La música humedece la ciudad y lo hace sentir como si pudiera estar en cualquier parte, haciendo cualquier cosa. 

Camina al metro. Bastian se está devolviendo a casa solo. Rebecca quería quedarse y salir a bailar con sus amigos. Podía leerla lo suficientemente bien como para saber que no estaba completamente feliz con su partida anticipada, pero tampoco hizo un lío. Él le dijo que tenía dolor de cabeza, lo cual era parcialmente cierto, en el sentido en que podía sentir una incomodidad en su cabeza, incluso si no era dolor físico.

Después de encontrarse con Glenda en las escaleras, volvió a la mesa y le dijo a Rebecca a quién había visto.

‘¿Se supone que debería saber quién es ella?’

‘Estábamos con ella en la U.’

‘Literalmente no tengo recuerdos de ese nombre. ¿Cómo se ve?’

Bastian describió la apariencia de Glenda tan bien como pudo.

‘Esa podría ser quinientas personas distintas.’ La conversación estaba ocurriendo en frente del grupo y Bastian podía notar que Rebecca estaba disfrutando de la actuación.

Bastian intentó otra vez con algo más de material descriptivo y luego mencionando un par de eventos y anécdotas sobre Glenda que podrían refrescar la memoria de Rebecca. El problema era que Bastian tampoco había conocido tanto a Glenda. Conocía a su amiga Laura, a quien enfáticamente no estaba mencionando frente a Rebecca, pero había muy pocos incidentes definitorios relacionados con Glenda que pudiera recordar.

‘Creo que estaba en el comité para esa cosa de recaudación de fondos para los refugiados sirios.’

‘Ya veo. Era política.’ Rebecca se voltea hacia sus amigos con una expresión que implica que esta última palabra era la única explicación que necesitaba.

Bastian no estaba seguro de que recaudar fondos para los refugiados contara como ser político en la forma que Rebecca quiso decir, pero no siguió con el punto. Rebecca era enfáticamente apolítica, lo que significaba que le gustaban las cosas tal como estaban. Votaba en las elecciones generales, como cualquier persona respetable, pero no creía en hacer campañas por buenas causas y encontraba a cualquiera que lo hiciera profundamente irritante.

Se volvió de nuevo hacia sus amigos del trabajo y les explicó: ‘Nuestra facultad estaba llena de Guerreros de Justicia Social que estaban constantemente en el bar intentando hacer que firmaras peticiones para Dios sabe qué. Todos tenían, ya saben, rastas.’

Sus amigos rieron complacientemente. Bastian no se sumó. Tendía a estar de acuerdo con Rebecca en temas de política estudiantil, pero en este momento estaba demasiado inquieto por el encuentro con Glenda y por la mención de Laura. Rebecca, sin embargo, estaba en una racha. ‘Bastian solía dar un análisis fantástico sobre toda esa gente,’ continuó. ‘¿Qué era lo que decías? Cuando los chicos son jóvenes, todos quieren ser buenos en los deportes. Fútbol, rugby o lo que sea. Así es como organizan la jerarquía social. Luego, si descubren que no son muy buenos en los deportes, se meten en la música. Se vuelven, ya saben, esos chicos que arman bandas y cosas, porque esa es la única forma en que consiguen acostarse con alguien. Y luego, si eso no funciona – si no son muy buenos con la música – van a la universidad y se meten en política estudiantil.’

Las mujeres se rieron. Algunos de los hombres se veían incómodos. Para este momento, Bastian sentía la necesidad de intervenir. ‘Sí, alguna vez dije eso, pero no estoy totalmente seguro de que sea verdad. Quiero decir, es cierto que parte de la política estudiantil que estaba ocurriendo cuando nosotros estábamos en la U era un poco molesta, pero creo que mirándolo bien esa gente hizo mucho bien. O sea, ¿me alegra que hayan juntado esa plata para los refugiados?’

Después de decir esto, Bastian recordó la escena en el segundo piso. Las camas de campamento, las postales, la mujer con el trapero y el balde. Pensó en contarle a Rebecca pero la conversación había avanzado y, por alguna razón, le inquietaba mencionárselo a ella o a cualquiera. Era como si hubiera transgredido algo al entrar en esa sala y haber visto lo que vio. Describir la escena también sería una transgresión, como si hablar sobre ella lo hiciera cómplice de algún tipo de crimen. Sería más fácil olvidarlo, pero sospechaba que si no hacía nada se iba a volver uno de esos pensamientos que se retuercen y te corroen lentamente, como termitas en una iglesia vieja. Hizo una nota mental de hablar con su papá sobre ello en la mañana. Bastian acaba de empezar a trabajar para la empresa de su papá, que representa a una mujer que es dueña de gran parte de las propiedades en la zona. El bar podría incluso ser uno de los suyos.

Bastian llega a la estación de metro y se desliza a través de las barreras. Una larga escalera mecánica lo lleva a los niveles inferiores. Puede escuchar a alguien tocando jazz en un saxo tenor. La música choca con la que él está escuchando y se saca los audífonos para poner atención a la música en vivo. Las notas rebotan contra las baldosas, ida y vuelta en las paredes curvas, a lo largo de los largos túneles. Llega hasta abajo y ve al saxofonista agarrando su instrumento y canturreando hacia adentro de él con los ojos cerrados. Hay una lata de recolección a los pies del saxofonista, pero Bastian no tiene cambio así que acelera el ritmo y se dirige hacia la plataforma.

Bastian toca el contrabajo, pero comparado con este tipo es un completo amateur. Casi nunca toca en público, pero Laura logró una vez que tocara para ella. Tocó parte de un concerto contemporáneo y luego bajó su arco y arrancó con los dedos un par de líneas de walking bass que ella encontró graciosísimas. Sabía que estaba molestándolo, y dijo que en verdad lo había disfrutado, pero él era demasiado tímido para tocar de nuevo para ella.

Bastian había conocido a Laura en las últimas semanas de su pregrado. Los exámenes se habían terminado y los estudiantes estaban esperando para graduarse. Esas semanas estuvieron llenas de fiestas en jardines y bailes. Todos tomaron mucho Pimm’s y champaña y comieron blinis de salmón ahumado y salchichas de cocktail. Anduvieron en bote y se cayeron en el río Cam y se echaron en pastos recién cortados.

Bastian y Rebecca se habían peleado. La presión de los exámenes finales los afectó a ambos y estaban en un break’, como Ross y Rachel de Friends. Ya no estaban saliendo, pero no había habido un final oficial en su relación. Decidieron volver a reunirse una vez que los exámenes terminaran, solo que los exámenes de Bastian terminaron varias semanas antes que los de Rebecca y se quedó solo en las celebraciones de verano.

Bastian conoció a Laura Blind en un evento de cocktail de media tarde en el jardín de una de las facultades que daba hacia el río. La había visto por ahí y sabía que estaban en el mismo año, pero nunca habían hablado. Iban a cursos diferentes y tenían grupos de amigos muy distintos que casi no se traslapaban. La fiesta tenía temática de carnaval. Había personas vestidas de hombres forzudos y mimos, malabaristas y magos. Un stand en una esquina anunciaba un ‘Freak show’ que, por razones de buen gusto, consistía principalmente en figuritas plásticas y vegetales deformes. En otra esquina había un salón de espejos y una pequeña tienda con una adivina adentro. Bastian no había entrado, pero aparentemente era una mujer que vestía la parte, que veía el tarot y leía las manos, y tenía una bola de cristal.

Bastian vio a Laura parada en un stand de frutillas escogiendo los especímenes más rojos y jugosos y luego depositándolos en su bol de cartón. Miró como se movía hacia el jarro de crema y la vertía sobre la fruta tan libremente como si estuviera vertiendo leche en el cereal del desayuno.

No parecía estar con nadie, sino que estaba parada, sola, en el stand, con su bol y su cuchara y comía sin mirar hacia arriba. Tomó el bol con crema, ahora rosada por el jugo de las frutillas, con ambas manos y lo subió hacia su boca, bebiendo de él hasta que estuvo vacío.

Bastian se acercó y vio que algo de la crema rosada había quedado en sus labios, destacando su curva. No sabía por qué había caminado hacia ella. No supo en ese momento. No sabe ahora.

Laura no se dio cuenta de su acercamiento hasta que estuvo parado directamente frente a ella.

‘Buenas frutillas,’ dijo Bastian, sin darse cuenta de lo que decía hasta que las palabras ya habían salido de su boca.

‘¿Qué?’

Debe haber pensado que era un completo idiota.

Él pensó que era mejor continuar en la misma línea. ‘Van muy bien con crema, ¿no?’

Más estupidez.

‘Mm, sí.’

Laura empezó a mirar por sobre el hombro de Bastian para encontrar algún amigo o alguien más hacia quien pudiera escapar.

Sintiendo la necesidad de reparar el daño, él le preguntó si quería un vaso de Prosecco. Era una oferta superficial. Todos los tragos en el evento eran gratuitos. Sin embargo, ella dijo que sí y Bastian fue a buscar una botella. Tomó una de un balde cercano y la abrió. Se alegró de la tarea: rompió la incomodidad.

Laura sonrió inciertamente mientras él le pasaba un vaso. Era una sonrisa que decía ‘gracias’, pero también ‘ándate ahora’. Pero él no se fue. En cambio, Bastian le tendió su mano derecha con la palma hacia arriba. Miró a Laura muy deliberadamente y dijo: ‘¿Cuál es mi fortuna?’

Laura recién había tomado un largo trago de Prosecco en su boca y lo estaba sosteniendo ahí, en su lengua, para saborear la dulzura y dejar que las burbujas se disolvieran. Después de que Bastian habló, mantuvo el líquido ahí un momento más y consideró sus palabras, mirando repetidas veces entre su cara y la palma de su mano.

Tragó y dijo: ‘La tuya será una vida llena de aventura e intriga mientras sigas tu línea del amor, más que tu línea de la fortuna.’ Él relajó su brazo.

Después de eso hubo conversación y escucha. Se rieron mucho: Laura hacía reír a Bastian. Dejaron juntos el evento y se fueron a un pub y pidieron una botella del vino de la casa más barato y asqueroso, que sorbieron de vasos rayados. Después se fueron a la pieza de Laura. Estaba arriba de una oscura escalera de caracol victoriana y tenía el techo inclinado y una ventana que miraba hacia el mercado. En la parte lejana de la habitación había una cama de una plaza. Laura se quitó los zapatos y se dirigió hacia ella, llevando a Bastian de la mano. Entonces se volteó y le dio un beso. Sus labios estaban manchados de azul sangre por el vino. Él se dio cuenta de que los suyos debían tener el mismo color.

Estuvieron juntos solo por un mes, pero de ese mes pasaron cada día y cada noche en la compañía del otro hasta que, una mañana, la relación se acabó abruptamente. Bastian todavía no logra entender qué pasó. Poco después, Bastian y Rebecca volvieron. Él y Rebecca tenían más sentido, decidió. Tenían más en común. Se habían conocido por un tiempo largo. Le prometió a Rebecca que nunca más contactaría a Laura y fue una promesa que mantuvo.

De vuelta en el departamento, Bastian va a la angosta cocina y abre el freezer. Adentro hay una botella de vodka incrustada de escarcha. Un vaso dado vuelta yace en el escurridor. Lo endereza, le echa un poco del líquido pegajoso y le da un trago. Apenas traga la bocanada siente que lo quema a lo largo de la garganta, hacia su estómago. Rellena el resto del vaso con agua de la llave, luego vuelve a vaciarlo de una. Repite ambas acciones. Para cuando vuelve Rebecca, Bastian está borracho.

Al final no fue a bailar y volvió antes de lo esperado. Entra y viene a través de la sala de estar. Bastian está acostado en el sillón. Reemplazó sus audífonos pequeños por un set grande de audífonos caros que están enchufados en un sistema muy elaborado de alta fidelidad. Un vinilo está dando vueltas en el tocadiscos, los ojos de Bastian están cerrados.

Rebecca lo empuja suavemente. Él se asusta y luego, viendo quién es, se saca los audífonos y los deja colgar de su cuello.

‘Lo resolví,’ dice Rebecca. No ha dejado su cartera todavía.

‘¿Resolviste qué?’

‘Quien era Glenda. Era esa lesbiana que andaba con Laura Blind.’

Bastian siente que se pone rojo. No debería haber mencionado nada.

‘¿Volvieron a contactarse?’ continúa.

Bastian se levanta, quedando sentado en el sillón con la espalda recta. ‘No,’ insiste. ‘Dios, no. No he hablado con ella en dos años.’

Rebecca lo mira por un rato más sin decir nada.

Bastian puede escuchar la música saliendo de los audífonos alrededor de su cuello. Suena metálica, como cubiertos rasguñando un plato vacío.

Respira profundo un par de veces. Rebecca hace lo mismo.

‘Porque si volviste a contactarte con ella, eso sería el fin de lo nuestro.’

‘Sí, si sé.’

Rebecca tira de su labio inferior. Su lipstick ya se salió. Se aleja de él, camina hacia la pieza y cierra la puerta. Él la escucha entrar al baño ensuite y prender la ducha.

Bastian apaga la música y guarda los audífonos y cables. Está empezando a ponerse sobrio. Se siente como un completo idiota. Cuando piensa en el tiempo que pasó con Laura, usualmente logra construir una red de explicaciones y excusas que se alineen a su favor. Rebecca había dejado claro que no quería verlo; Rebecca podría haber hecho algo similar si hubiera querido (por todo lo que él sabe, lo hizo); nunca hubo ninguna certeza de que él y Rebecca iban a volver a estar juntos. Y cuando volvieron a estarlo, Rebecca fue tan metódica sobre ello que nunca se vio forzado a considerar sus sentimientos.

A veces le parece a Bastian que Rebecca ve su relación como una inversión sensata. Ambos vienen de familias adineradas parecidas, es probable que tengan carreras igualmente exitosas. Ambos son guapos e inteligentes.

Él sabe que a ella le gusta estar una relación con él, pero no sabe si le gusta pasar tiempo con él.

A él le gusta pasar tiempo con ella. Le gusta verla sosteniéndose en frente de visitas, o haciendo reír a la gente, incluso cuando es cruel. Le gusta ir a restaurantes con ella y probar comida nueva y entretenida. Le gusta que le cuente historias de su día en el trabajo y le gusta especialmente cuando le cuenta sobre las cerámicas con las que ha estado trabajando. Bastian no sabe nada de cerámicas, o de arte en general, o del este de Asia, pero este parece ser un tema sobre el que Rebecca es genuinamente entusiasta.  Es su pasión, algo que realmente le gusta, no solamente lo que cree que le debería gustar.

Bastian se para afuera de la puerta del baño y toca. Ella le dice que pase. Su voz suena formal y distante a través de la puerta, como si estuviera haciendo un anuncio de servicio en un tren.

El baño está lleno de vapor. La pantalla de vidrio de la ducha está llena de condensación y Bastian puede ver sombras de Rebecca pero ninguno de sus detalles. Parece una plantilla de sí misma. Él avanza hacia la pantalla, se acerca y pone la palma en el vidrio.

‘No voy a tener sexo contigo.’

Bastian tambalea. ‘Esa no es la razón por la que vine.’

‘Bueno, solamente te estoy avisando.’

‘Esa no es la puta razón por la que vine. Por la puta. Solamente vine a ver si estabas bien. Quería, no sé, pararme aquí y tener una puta conversación contigo.’

‘No tienes por qué enojarte tanto.’

‘No estoy enojado,’ insiste. Se estabiliza y respira profundo un par de veces. ‘Perdón por enojarme. Es solo que no había venido aquí para seducirte. Solo quería decir hola.’

‘Hola,’ dice ella.

Bastian deja caer su mano, pintando el gesto en la condensación como la pluma de un gallo. Vuelve al living. Asume que Rebecca sale de la ducha y se acuesta. No sabría. Se queda dormido en el sillón.

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