«(…) y ahora que veo lo presos que estamos de la idea de lo que está permitido que suceda, ya no me importa. Solo voy a decir todo y parecer una chiflada o una idiota o lo que sea, porque ahora veo cuán milagroso es que pase algo interesante o espontáneo en una vida humana»: Entrevista a Amy Fusselman.

Rocío Abarzúa

Ocho de Amy Fusselman (CHAI Editora, 2019) fue el primer libro del catálogo de la editorial argentina CHAI Editora, un sello que se ha ido ganando despacio pero consistentemente el cariño de los lectores chilenos. En Ocho se reúnen dos nouvelles de la autora estadounidense: Diario de a bordo (The Pharmacist’s Mate) y Ocho (8). Aquí encontramos la historia de una mujer que pasa por tratamientos de fertilidad para intentar quedar embarazada a la vez que revisa los fragmentos de un antiguo diario de su padre, fallecido recientemente. La narradora también nos habla del trauma que le significó vivir un abuso sexual, de cómo lo ha sobrellevado, y de cómo lo encara en el presente. Todo esto se va hilando de manera hábil con reflexiones cotidianas sobre los Beastie Boys, la maternidad, la terapia craneosacral, el patinaje artístico, los viajes en taxi o el aprender a manejar una moto en la ciudad de Nueva York. Cualquier resumen no le hace justicia a cómo Fusselman es capaz de mezclar temas aparentemente tan dispares de manera que pareciera lo más natural del mundo, porque lo es para ella. 

Detalle de portada de «Idiófono» (2021)

En Idiófono (CHAI Editora, 2021) sucede algo similar, esta vez añadiendo una prosa poética a la narración: reflexiones sobre el oficio de la escritura, el Cascanueces y sus ratones, la relación con la madre, la maternidad propia, la vejez, los instrumentos de percusión rituales o las capas de la realidad y los muchos mundos posibles. Así, de ambos libros se puede extraer o deducir un estilo que distingue a Fusselman de gran parte de sus contemporáneos: hay experimentación y coraje en su escritura, hay un juego en las formas, hay una belleza extraña y una extrañeza bella. Hay humor y luminosidad. 

Sobre Ocho, dijo Zadie Smith: “El breve libro de Amy Fusselman me afectó profundamente. El talento que se despliega es, de alguna manera, inquietante“. Y Maggie Nelson: “Reflexionar respecto a la alegría puede ser muy difícil, especialmente cuando esta alegría viene mezclada con fealdad y trauma. Amy Fusselman emprende esta importante tarea de manera incisiva y con calma. Con una economía admirable, Ocho ofrece una filosofía de la cotidianeidad que logra ser implacable con las convenciones sociales y, a la vez, compasiva“. Me aferro a estas dos citas de autoras que no solo admiro profundamente, sino que expresan con precisión qué se siente leer a Amy Fusselman. 

Rocío: En Idiófono reflexionas sobre el oficio de la escritura y también sobre cómo es frecuente que se les exija a los escritores que pongan su escritura en una ‘caja’ –por ejemplo, un determinado género. Quería partir con esta pregunta porque tanto Ocho como Idiófono son para mí libros híbridos. No estoy segura si son ficción o no ficción, y en el caso de Idiófono también hay poesía. Creo que esto es fascinante y la manera en que lo haces tiene mucho sentido para mí. Además, no había leído nada similar. ¿Es esta una manera ‘natural’ de escribir para ti o es algo que activamente ejercitas y ejecutas?

Amy: Sí, pienso en Ocho e Idiófono como libros híbridos. Este estilo es ‘natural’ para mí, pero también he estado trabajando en él por años. Así que es natural como resultado del trabajo de muchos años, jaja.

R: En uno de tus newsletters (pueden suscribirse en: https://www.subscribepage.com/amyaf) mencionas cómo aprendiste el coraje de usar las palabras como un medio –como cualquier material artístico– y a perder un poco el miedo de sonar ridícula o decir cosas que parecen no tener sentido, incluso cuando lo haces con un cierto propósito, de los artistas visuales. ¿Podrías contarnos un poco sobre cómo este ‘pedir prestado’ de las artes visuales a la escritura afectó tu visión como escritora? Tú también eres artista: ¿has ‘tomado prestado’ algo de la escritura para tu visión como tal? Quizás no es algo que se puede separar del todo, pero me pregunto cómo, en tu experiencia, estas dos disciplinas se ‘alimentan’ la una a la otra.

A: Oh, me encanta esta pregunta. Creo que cada arte tiene una cultura, similar a cómo cada deporte tiene una cultura. En la escritura pareciera ser que hay mucha presión por sonar inteligente o demostrar un tipo particular de inteligencia y creo que esto puede ser muy limitante, o al menos lo puede ser para mí. Los artistas visuales parecen tener menos miedo de sonar locos en formas que para mí son muy estimulantes.

R: En Ocho hablas de la terapia craneosacral y en un punto reflexionas sobre cómo estás cansada de hablar sobre el trauma y que solamente quieres ser tocada y sanada. Le hablo de esto a mis amigos todo el tiempo. Creo que tu escritura tiene algo de esta inmediatez. Cuando leo tus libros se siente como ‘la vida’ más que ‘pensar sobre la vida’. Al escribir en primera persona, y quizás al utilizar hechos de tu propia vida, ¿cómo relacionas la experiencia a la escritura? ¿Llevas un diario? O, más generalmente, ¿cómo fue el proceso de escritura de estos dos libros?

A: Gracias, ese es un lindo cumplido. Me gusta la escritura en que se ve la mente moviéndose y creo que eso es lo que estoy intentando hacer. No sé si esto es lo mismo que pensar. Quizás es una forma particular de pensar. No llevo un diario; tomo notas sobre ideas y cosas que veo que me interesan o me inspiran, pero no registro pensamientos/sentimientos por ellos mismos o para que yo pueda recordarlos. No quiero registrar por registrar. El proceso de escritura de los libros que mencionas –Ocho e Idiófono– fue similar en el sentido en que usé la misma técnica para hilarlos o entretejerlos en ambos. Siento que Idiófono fue probablemente la culminación de esa forma. Me encantó escribirlos y fueron muy entretenidos de hacer, pero ahora quiero hacer cosas nuevas. 

R: En Ocho escribes sobre patinaje artístico y sobre los Beastie Boys y en Idiófono escribes sobre ballet y Tchaikovsky, entre otras varias influencias musicales muy presentes en tu obra. Quería preguntarte cómo la música afecta tu trabajo o qué rol tiene en él.

A: La música siempre ha sido monumentalmente importante para mí y una parte triste de mi vida en este momento es que ya no puedo escuchar tanta. Tengo una familia ruidosa en una ciudad ruidosa y estoy prácticamente todo el tiempo esforzándome por escucharme a mi misma, así que ahora estoy en una misión de búsqueda del silencio que es similar a cómo estaba en una misión de búsqueda de música cuando era más joven. La música fue la primera indicación que tuve de que había otros mundos en este mundo. No estaría escribiendo si no hubiese sido movida por eso.

R: Para terminar, me gustaría preguntarte qué has estado leyendo, viendo o escuchando estos días que hayas disfrutado.

A: La más maravillosa obra de arte que vi en la pandemia fue el especial de comedia de Netflix de Bo Burnham, Inside. Aún me estoy recuperando de eso. También me encantó The White Lotus de HBO Max. Su escritura me pareció brillante. He estado leyendo y disfrutando mucho de la obra de Deborah Levy este año, particularmente Cosas que no quiero saber (Things I Don’t Want to Know) y su libro más reciente, Real Estate. Y leí y adoré Mi gato Autíčko (All My Cats) de Bohumil Hrabal. Ese fue otro que me voló la cabeza. Son buenos tiempos para el arte que vuela la cabeza.

Amy Fusselman es la autora de The Pharmacist’s Mate, 8, Savage Park e Idiophone. Sus ensayos han aparecido en The New York Times, The Atlantic, The Washington Post y McSweeney’s. Vive en Nueva York.

Ficha técnica:

Ocho de Amy Fusselman

Traducido por Virginia Higa

Editado por CHAI Editora (2019)

ISBN: 9789874728302

PVP: 14.000

208 pp.

Idiófono de Amy Fusselman

Traducido por Virginia Higa

Editado por CHAI Editora (2021)

ISBN: 9789874728388

PVP: 14.000

126 pp.

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