La poesía no es personal

Gonzalo Millán
Alquimia Ediciones 2021

El hecho de que el foco del reflector te dé en la cara es aterrador. ¿No? Considero la notoriedad más un castigo que un premio; es una situación catastrófica, por el desgaste y el deterioro que acarrean a la vida personal. Pasar inadvertido es más saludable.

El éxito da susto. No tengo vocación de pavo real.

La poesía no es personal en el sentido del individualismo romántico. Para mí, la poesía es impersonal.

Uno es un significante que pasa un significado a una nueva generación, y se acabó el asunto.

El juego del niño es la preparación para posteriores obras creativas. En esa época me interesó mucho el coleccionismo. Coleccionaba mugres: tapas de botellas de leche, boletos de micro, cajetillas de cigarro, cosas que significaban salir a la calle en su búsqueda. Íbamos con otros amigos y encontrábamos cajetillas de cigarros raras, auténticos tesoros. Fue muy importante ese rescate del desecho, que los niños lo convierten en otra cosa, en objetos de juego. Hasta ahora yo funciono así. Me gusta juntar cosas: soy un coleccionista de aceras, recojo objetos y palabras, imágenes, frases hechas.

Siempre, desde la infancia, estaba soñando con fugarme, con irme de la casa.

Mi primer poema era un poema malo, breve y sentimental. Se lo mostré a mis padres, que gustaban de la poesía, y fue muy bien recibido y celebrado, con una salvedad. El poemita empezaba con el ¡Oh! característico de la lírica tradicional, pero estaba mal escrito, así: ¡Ho! Lo cual lo convertía en una parodia humorística. Debido a ese error, que callé, mi primer poema fue recibido por mis primeros lectores como una trasgresión antipoética.

Yo diría que era más bien anarco. Un anarquista potencial y también era un punk antes de tiempo, no creía mucho en nada.

Mi madre tenía unas depresiones tremendas, con intentos de suicidio, de autodestrucción. Consultó como a seis siquiatras y todos le hacían tomar píldoras y más píldoras, hasta que la convirtieron en una adicta a los calmantes.

Mi madre se fue deteriorando, hasta que finalmente se suicidó cuando tenía veintiún años. Pero yo no rescato todo esto como una referencia biográfica que tenga valor en sí, sino porque se relaciona con el mundo de estos poemas [los de Relación personal].

Ahora veo, retrospectivamente, que mientras en mi casa vivíamos una situación límite –porque mi madre tenía un trastorno mental, que se remontaba a mi infancia–, yo me dedicaba a escribir poesía y novela: era un afán de evasión y mi defensa, pues yo me encerraba en mi pieza mientras al lado sucedía la locura, todos los días.

La poesía tiene esa capacidad terapéutica y regeneradora, en el sentido de que uno no vuelve a esos temas por morbo ni para refocilarse en la desgracia, sino para reconquistar esas zonas que están sumergidas o son tan cenagosas. Son territorios salvajes que han sido inundados y a los cuales la escritura permite acceder.

Durante toda la up yo hacía karate, artes marciales. Y empecé a hacer yoga, me interesaba muchísimo el budismo zen. Iba a una concentración, pero leía a Meister Eckhart o cosas del Bhagavad-gītā. Las dos cosas coexistían…

Se vivía de utopías, pero yo creo que en la vida diaria no se vivía de utopías, se pensaba en ellas, pero uno encontraba la fricción con la realidad tal como era.

Me pregunto cómo se podía, simultáneamente, estar dispuesto a luchar y asumir un compromiso político y, por otro lado, decir no a las armas.

***

Todo poeta o artista vive disociado, muchas veces no solo disociado sino tironeado de cada pata, de cada brazo, descuartizado.11

Los poetas somos unos leprosos.12

Uno es esa masa amorfa de seres que están en constantes luchas intestinas, librando guerras enormes en la mente, en la psiquis y en el cuerpo. La poesía, sobre todo la de los últimos tiempos, denuncia la fragmentación, la dispersión de sus identidades, la esquizofrenia.6

El papel y la tinta son las prótesis del poeta.12

La ironía es un antídoto del pathos.13

En un primer momento nuestra ambición es que todo sea expresable, que nada se pueda escapar al lenguaje. A partir de esa crisis empecé a valorar precisamente las realidades que el lenguaje no puede tocar, lo irrepresentable.6

Uno necesita desidentificarse de los roles burgueses que le fueron impuestos. En ese sentido hay que buscar formas de descentrar el sujeto, salirse del guión, desescribirse, desnaturalizarse.8

–¿Es egocéntrico?

Sí, sin duda. Es imposible no serlo. Esa es una de las dificultades que uno tiene con la realidad, porque uno tiene que hacer coincidir una visión artística, muchas veces alucinada, con una realidad pragmática. Conciliar esas dos cosas es bastante difícil, gran parte del trabajo de sobrevivencia de uno consiste en cómo pasar del volón de escribir un poema a ir a ganarse los porotos a una oficina o a una sala de clases.11

Somos seres distraídos, las cosas nos pasan, las sensaciones nos roban la conciencia; las posiciones, los afectos. Nos alinean a alguna forma, no somos los mismos, hay un proceso de ser distraídos permanentemente o robando la atención por cosas. Toda esta sociedad está hecha para eso, para conquistarnos y seducirnos, para que actuemos de una forma inconsciente. Entonces también hay la necesidad, por tanto, más intensa y más necesaria de recuperar la conciencia.7

En muchos casos es más potente un cartel de publicidad que la vida humana que transcurre bajo ella.8

Rescato una frase de Vallejo: al hombre le odio con afecto.9

La pareja burguesa no tiene futuro. Está condenada al fracaso, a la infelicidad, al desastre. En los años sesenta hubo un cuestionamiento de la relación amorosa. Para qué se ama, qué hay detrás de eso, en el buscar posesión exclusiva del otro, qué se hipoteca con esa exclusividad, de qué manera quedan excluidos los demás.8

Me convencí afuera de que la felicidad de dos que se quieren está siempre limitada por la sociedad, aunque ambos pongan mucho de su parte. Este sistema hace lo imposible para que las relaciones personales fracasen.

–¿Por qué?

Porque el amor es revolucionario.13

En general, me cuestan las relaciones humanas y me siento muy cómodo en la soledad. La necesito tanto como el oxígeno, soy una persona bastante introspectiva, de una vida interior muy rica.1

El estado ideal para alguien que no quiere estar alienado, es ser un extranjero siempre. No acostumbrarse a nada.1

***

El ritmo de vida que fija este país [Chile] es tan intenso, ganarse la vida es tan exigente; entonces el problema es cómo tener tiempo para el ocio, para dedicarse a la poesía.7

Lo más interesante de Chile es lo que no nos interesa, a lo que le sacamos el cuerpo, lo que no queremos ver. Nuestra imagen desgarrada y mestiza.2

Cuando vino el Golpe yo sentí que no podía quedarme acá, que no estaba preparado en ningún sentido como para hacerlo; que si me quedaba no iba a poder escribir lo que quería decir. Fue una reacción emocional, una repugnancia a quedarme, una reacción de seguridad.16

Nadie se va de forma voluntaria. Lo que pasa es que me sentí incapaz de soportar lo que otros han soportado.10

Salgo en noviembre del 73. Lo hago en un barco de turismo italiano rumbo a Panamá. Se suponía que iba a México, donde una fundación alemana me tenía una beca por un año. Pero la embajada de México en Chile estaba cerrada. Ellos dijeron que me fuera a Panamá, que allí podría conseguir visa. Después de un mes, llegué a Panamá y me encontré con cantidad de chilenos en la misma situación. No había visas para nadie. Por suerte la fundación trasladó la beca a Costa Rica. Estuve cerca de un año.24 

Uno empieza a ver que en el mundo eres considerado un paria, te niegan la entrada en los países, desconfían de ti. Esa imagen arquetípica de una persona o una familia que está en un andén o en un aeropuerto con sus bultos, sin saber dónde ir, ésa es la imagen del exiliado. A mí me tocó vivirlo.16

Me parece que el gran desaparecido actual es el exilio. No tiene parientes, nadie lo busca, nadie pregunta.24

Cuando volví del exilio, después de doce años fuera, encontré que, en Chile, debido a los diecisiete años de dictadura, había una especie de corrupción del lenguaje. ¿Qué entiendo por corrupción? Que en los años ochenta, cuando alguien hablaba de democracia había que poner una nota a pie de página –de media página– para explicar qué se entendía por democracia. Porque los militares hablaban de democracia, la oposición hablaba de democracia… ¡de qué democracia estábamos hablando! Cuando las palabras entran en esa relatividad, el lenguaje ya revienta, está saturado.11

Toda dictadura te obliga a la mudez, por prudencia, por cautela. No se puede hablar demasiado. Eso también va haciendo que uno se comunique de otras maneras.5

***

Hay una palabra en inglés que a mí me gusta mucho, “quest”, la búsqueda, y yo creo que la vida es eso, es una búsqueda para encontrar un sentido.23 

Escribir un poema es una traducción en sí misma, que consiste en cifrar con palabras una experiencia no verbal.1

Tengo la noción de “texto abierto” y en permanente movimiento. Pienso que entre obra y concepción del mundo debe haber coherencia. Ese es el sentido de la travesía que hablo, concibo mi vida como movimiento continuo, mi obra también.24

Vivir altera la escritura, así como la escritura influye en la vida. A Yeats le preguntaron por qué seguía corrigiendo sus poemas, y él decía que en realidad al corregir un poema se estaba cambiando él mismo.25 

Las experiencias vividas se traducen en marcas. La verdadera autobiografía es contar sobre las cicatrices, sobre el trauma que provocaron esas experiencias. En este sentido, uno es escrito por la vida.12

Cuando uno escribe debe empezar por la cicatriz.12

Hay que recorrer el dolor e ir a su comienzo. La cicatriz es sólida y es el efecto final de una coagulación y, para escribir de ella, hay que abrirla de nuevo.12

Si la escritura es vida y la vida es escritura del libro, desescribirse de alguna manera es un imperativo.8

Uno en veinticuatro horas es mucha gente, es una multitud, simultánea y sucesivamente.25

La lengua de uno es el centro del mundo.25 

Si yo no hubiera escrito poesía, no sé qué hubiera hecho, a lo mejor habría sido delincuente.11


*Los números de referencia para las notas en pie son parte del sistema de citas del mismo libro.

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