Escoger un territorio: presentación de La Música del hielo de Guido Arroyo 

Gastón Carrasco

Foto del lanzamiento el 30 de septiembre del 2021

Empiezo de atrás hacia adelante: Valdivia – Santiago – Ushuaia, Julio 2014. Y esto es geográficamente relevante, la erosión hace lo suyo, las capas se caen y el deshielo modifica el estado del agua. La música del hielo no es la música del agua. 

No lo pueden ver, porque es un texto pensado para ser escuchado, pero escribo esto en partes, fragmentos que se resquebrajan, párrafos como bloques de hielo en el vaso de la página.

Guido mantiene su fijación por territorios que desaparecen: Cerrado por derrumbe, Zonas de excavación. Solo que ahora desde la materialidad de un gran bloque de hielo que se va deshaciendo en las manos del lector mientras avanza.

Ante el desafío del poema largo, el autor va recorriendo como navegante los macizos y va chocando con los icebergs, acompañado del “ruido de un motor en marcha lenta” (7).

Otra fijación es la materia: el texto se diluye, el tiempo avanza, quizá con la intensión de:

volver a las hebras, valles

transversales que aún

podemos rememorar (9)    

Ante el ejercicio de la contemplación, la decisión es la entrada hacia la materia (en otro orden y estatuto a la referencia nerudiana). Porque no hay forma de resistir el brillo de las cosas ni de las palabras que comparten con el hielo su filo.

La palabra es una balsa en estos días de naufragio.

No son momentos de consignas y el autor lo sabe: 

es tarde

para un 

manifiesto (11)

Los versos van encadenados como imágenes, pequeñas escenas o tomas que adquieren el ritmo de un breve documental. Una ilustración a dos planas interrumpe la lectura y nos desviamos levemente de la ruta. Se resquebraja la página y la tinta muestra la fisura.

Más bloques. Poemas en prosa con lenguaje objetivo y despersonalizado. Los datos, pesados, en bloque, hasta el paso dúctil de los versos que cortan la página.

Entonces la energía contenida en el ojo arma la escena, lo fractal de versos que se apilan y que adquieren y pierden sus propiedades físicas. Más bien transmutan. 

La invitación es a mirar el hielo, que es una forma de mirar hacia el vacío o tentar al tiempo a vaciarlo todo. La imagen se derrite y se desplaza, el tiempo borra la imagen, queda su estela, la música del agua. 

¿Qué es entonces la música del hielo?

Me aventuro a pensar en la nostalgia del paisaje, en el sonido incesante del recuerdo que, fantasmal, roza las cosas. El poeta ante el calor anhela la intemperie.   

elegir un territorio

cuyo pueblo

haya decidido

a mano alzada

sus contornos (32)

Participar de la forma, en definitiva. Pensar en la superficie. Que es una ficción para sortear una certeza: los anhelos y costumbres se gastan:

el deseo de vivir

aferrado

a una mirada, la forma (34) 

Pienso en el último gesto del cadáver de la página 36, que es lo único que importa. En las escenas, nos dice el poeta, que nadie ocupará.

ahora sí las calles

comienzan a utilizar 

el idioma de los muertos (41)

¿Cuál era ese último gesto? Quizá depende de la porción de tierra que nos tocó habitar o el hielo desprendido en el que nos sostenemos. Quizá sea tiempo también de que alguien salte hacia el navío y deje ahí en esa última escarcha sus cosas como un recuerdo de lo que se fue.

El asunto estaría en mirar esa última punta del iceberg antes de hundirse. No pensar en lo que hay ahí debajo, sino en quién está esperando una última palabra. 

lloverá, sigue lloviendo (45)

Una certeza ante la duda: “¿soy el último que queda?” (45). Certezas que se resquebrajan o erosionan. Cuentas pendientes. La oscura costumbre de acostumbrarse a todo. Ese ruido, ese sonido. La costumbre y lo que cuesta decir glaciar más de una vez. 

Escenas finales. El álbum familiar en la fogata iluminando las últimas páginas. Paisaje ártico interior. Una fotografía que insiste, el poema que decanta en otra parte. Poema largo sobre esa vida que estuvo en otra parte, afuera, escarchándose. 

Una maleta y la urgencia de decir. Volver al inicio, deshacer el recorrido: Ushuaia – Santiago – Valdivia. El epígrafe de Denise Levertov. La máscara que nunca pensamos llevar. 

30 de septiembre de 2021, año II de la pandemia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s