Por las ramas
El calamar y la tinta

Angélica Bulnes

La destacada periodista Angélica Bulnes inaugura la sección #PorLasRamas, en donde diferentes invitadas e invitados nos escriben sobre lo que están leyendo, viendo y algunas de sus inquietudes. 

Angélica Bulnes ha trabajado en diversos medios de comunicación. Actualmente puedes escucharla en T13 Radio.

Escribo justo después de que Netflix anunciara que la serie coreana El juego del calamar es su producción propia más exitosa. A un mes de su lanzamiento es número uno en la plataforma en 93 países y desde 111 millones de cuentas han entrado a ver esta historia en la que cientos de personas en problemas aceptan a participar en una secuencia de juegos infantiles, y la que quien gana, se queda con un premio millonario y el resto muere. Todos los medios hablan del asunto y por esa razón, tuve que mirar algunos capítulos para entender de qué se trata el nuevo fenómeno de streaming. Pasó al mismo tiempo en que estaba viendo Fuego contra Fuego (Heat), la película policial de 1995 en que Michael Mann dirigió a Al Pacino y Robert de Niro y el resto de un elenco estelar que incluye a Natalie Portman, Val Kilmer, Jon Voight y Ashley Judd.  

Que haya terminado viendo las dos cosas, y al mismo tiempo además, es una anomalía, porque veo poca televisión y tengo baja tolerancia a la violencia. 

La coincidencia, me llevó a acordarme de un ensayo de George Orwell. El autor de Rebelión en la Granja y 1984, es considerado también uno de los mejores escritores de no ficción en habla inglesa. En su vida, que se acabó prematuramente en 1950, publicó cientos de artículos periodísticos, crónicas y ensayos que se siguen leyendo extraordinariamente bien pese a que fueron publicados hace varias décadas. Desde su estudio sobre Dickens, que ningún admirador de Oliver Twist o Grandes esperanzas puede dejar de leer, hasta el titulado “La política y el lenguaje inglés”, donde dice que el lenguaje político “está diseñado para lograr que las mentiras parezcan verdades y el asesinato respetable, y para darle apariencia de solidez al mero viento”. Muchos de estos textos están traducidos en una voluminosa edición publicada por el sello Debate en 2013 bajo el simple título Ensayos, que cubre su amplio rango de intereses, en los que predominan la literatura y la política. 

“La decadencia del asesinato inglés” es uno de los primeros textos de Orwell que leí y es el que me tiene escribiendo sobre él. Es una breve comparación sobre el tipo de crímenes que capturaban el interés de la crónica roja y sus lectores en el pasado y los que acaparaban interés en su tiempo, tras la segunda guerra mundial (el ensayo es de 1946). Se queja Orwell de que mientras antes los crímenes que cautivaban al público británico estaban motivados por cuestiones de sexo, clase social, temor al escándalo o a perder un aura de respetabilidad social en una sociedad hipócrita y estable, con los años, sus compatriotas lectores de tabloides se conformaron con asesinatos casuales, en los que no hay profundidad en las emociones ni sofisticación en la planificación por lo que no son nada interesantes para seguir. Se trata de un ensayo en el que conviven la ironía y la crítica a una sociedad que Orwell ve embrutecida por la guerra y un reproche a la americanización de los ingleses. 

También es una manera original de describir la banalización de la violencia y la falta total de empatía por parte de los lectores. Eso mismo pensaba yo mientras veía, casi a la vez, la recién estrenada serie coreana y la película policial de los noventa. En ambas hay muchos crímenes, muertes, sangre y gente que le hace daño a otra. En las dos también, los protagonistas tienen vidas miserables o desesperadas. Pero ahí se acaban las similitudes y aparece la gran diferencia: mientras en la película de Mann la violencia está al servicio de la historia y unos personajes que tienen matices, en la serie del calamar, la trama es una mera excusa para mostrar mucha muerte y sangre, una violencia plana y efectista, aunque esté todo esté disfrazado de crítica contra la desigualdad y los males del individualismo de la sociedad contemporánea. 

Me cuesta creer que la serie, a diferencia de la película, vaya a sobrevivir muy bien a sus crímenes y que nos acordemos de ella en un par de décadas más que como un simple testimonio de época. Yo al menos puedo agradecerle al calamar que me haya hecho releer a Orwell.

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