La inmunidad virtuosa de Cristina Rivera Garza

Claire Mercier

La obra de Cristina Rivera Garza es un artefacto híbrido y nómade que habita la frontera entre diferentes géneros literarios con el fin de elaborar las voces propias de un archivo afectivo colectivo. En su último libro publicado, El invencible verano de Liliana (2021),[1] Cristina Rivera Garza enfrenta el feminicidio de su hermana y restituye vida donde hubo muerte.

Detalle de portada de El invencible verano de Liliana

Lo anterior hace pensar, en relación con el escenario pandémico, que la obra de Cristina Rivera Garza tiene el efecto de una inmunidad virtuosa. La filósofa española, Patricia Manrique, en su texto “Hospitalidad e inmunidad virtuosa” (2020)[2] y en referencia a la pandemia de coronavirus, llama, al contrario del paradigma inmunitario de Roberto Esposito, a una inmunidad virtuosa y comunitaria en la que importa la protección de otros y otras. En su obra, Cristina configura comunidades escriturales que testimonian de la vulnerabilidad y atienden al bien común.

Al filósofo francés Jean-Luc Nancy, fallecido este año, le interesó las relaciones entre escritura y comunidad, este afuera del sí-mismo que Cristina Rivera Garza pone en práctica en su escritura mediante lógicas de desapropiación textual que se oponen al régimen neoliberal global. Se trata así de entender el trabajo de la escritura como práctica del estar-en-común y: «la escritura siempre en tanto reescritura, ejercicio inacabado, ejercicio de la inacabación, que, produciendo el estar-en-común de la comunalidad, produce también y, luego entonces, el sentido crítico –al que a veces llamamos imaginación– para recrearla de maneras inéditas» (Los muertos indóciles…, 102).[3] Después de todo, lo dice el propio Jean-Luc Nancy: «El ser en cuanto ser en común es el ser (de) la literatura» (La comunidad inoperante, 82).[4]

Aquí reside la potencia de la escritura como devenir del ser-en-común. Es justamente lo que realiza Cristina Rivera Garza en sus recuentos testimoniales y relacionales acerca de la vulnerabilidad humana. Y hay que ser valiente para traer, en el mundo de una violencia crepuscular, esta vulnerabilidad a la materialidad de un texto. La escritura de Cristina Rivera Garza es inmunidad, es valentía, ya sea con la exploración de la obra de Juan Rulfo en su persona –Había mucha neblina o humo o no sé qué (2016)–,[5] con la narración del algodón acerca de sus propias promesas de porvenir –Autobiografía del algodón (2020)–[6] o con la excavación en la vida de una brillante estudiante de arquitectura víctima de femicidio –El invencible verano de Liliana–. Cristina Rivera Garza sabe la valentía de la escritura y lo formula en Los muertos indóciles: «Cuando todo parece normal o inexorable, cuando todo indica que así iba a suceder, la escritura salta y mira alrededor y regresa a la pluma y dice, no. Esa salvaje indomable palabra: NO. Aquí hay una grieta, esto es difícil de explicar, esto apunta a otra cosa y ésa a otra más. Las posibilidades son inmensas, inauditas acaso, pero no inimaginables. Esa terquedad de la escritura es la que he querido para mí. Y es la que quiero compartir con ustedes hoy» (396).

De hecho, ¿qué es la violencia machista sino un virus? Tanto Sergio González Rodríguez en Huesos en el desierto (2002),[7] como Roberto Bolaño en 2666 (2004),[8] mostraron la abyecta materialidad de los femicidios en México. En el impactante Invencible verano de Liliana, Cristina Rivera Garza recoge esta realidad y permite, sin victimización, que surja la propia voz de su hermana, con el fin de protegernos del virus del machismo gracias a la experiencia de una comunidad afectiva virtuosa. Otro texto de una de sus compatriotas posee una estrategia textual similar: el cuento “Soñarán en el jardín” (2018)[9] de Gabriela Damián Miravete. El relato describe un futuro muy alejado, pues se sitúa en un México donde ya no existen femicidios. Tiene como protagonista a la Guardiana, una mujer encargada de custodiar un memorial en el que, a través de hologramas, se honra la memoria de víctimas de femicidios y, sobre todo, se preserva sus voces, puesto que, gracias a la reconstrucción de sus personalidades, los y las visitantes pueden interactuar con ellas y conocer su historia. De la misma manera, en El invencible verano de Liliana, Cristina Rivera Garza no solamente hace presente a su hermana, sino también a las que han sido borradas por la violencia machista.

Al respecto, la académica Dunia Gras Miravet, en una conversación que tuvo con la escritora en julio de este año,[10] enunció el mayor elogio que se puede hacer a esta obra: que mediante el texto desapropiativo de Cristina, hoy conocemos a Liliana. Es lo que de alguna manera retoma Cristina Rivera Garza en este mismo libro al decir que el duelo es nunca estar sola, que el duelo es el fin de la soledad. Así, en una entrevista al Mercurio en septiembre del año 2021, Cristina Rivera Garza dedica el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso de la Universidad de Talca que recién ganó a su hermana, Liliana, y a: «las mujeres que nos han sido arrebatadas por la violencia patriarcal; a sus familias, que tenemos que encontrar maneras de recomponernos cada día con otros, gracias al abrazo de otros y al lenguaje de tantos; a los múltiples feminismos y movilizaciones de mujeres que han tomado la palabra para decir lo indecible y la plaza pública para demandar justicia».[11]

Termina este “Por las ramas” con el título de la obra que hace referencia a una frase del filósofo francés Albert Camus, sentencia que Liliana retranscribe en uno de sus cuadernos poco tiempo antes de morir: «En lo más crudo del invierno aprendí al fin que había en mí un invencible verano». El autor de La peste murió de manera temprana sin poder terminar su obra. El primer ciclo de esta considera la filosofía del absurdo en un mundo sin sentido. El segundo es el de la revuelta frente a la crueldad arbitraria de la realidad; revuelta que debe ser colectiva. El tercero, que no pudo escribir, es el del amor. Cristina Rivera Garza, en El invencible verano de Liliana, nos entrega a la vez la absurdidad de la violencia, la revuelta escritural y el amor agápico. Cristina nos entrega la vitalidad solar del amor, esta invencible inmunidad virtuosa contra la crueldad fría de la violencia.


[1] Bogotá: Random House, 2021.

[2] Sopa de Wuhan. S./l.: Aspo, 2020, pp. 145-161.

[3] Santiago, Chile: Los libros de la Mujer Rota, 2020.

[4] Santiago, Chile: LOM/Universidad Arcis, 2000.

[5] Santiago, Chile: Random House, 2017.

[6] CDMX: Random House, 2020.

[7] Barcelona: Anagrama, 2005.

[8] Barcelona: Anagrama, 2010.

[9] Disponible en: http://www.latinamericanliteraturetoday.org/es/2018/mayo/so%C3%B1ar%C3%A1n-en-el-jard%C3%ADn-de-gabriela-dami%C3%A1n-miravete

[10] Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=gI_nd6W-Qhc

[11] Roberto Careaga C., “La Mexicana Cristina Rivera Garza gana el Premio José Donoso”, 04/09/2021.


Claire Mercier es licenciada en Artes, Letras y Lenguas con mención en letras Modernas. Magister en Literatura Francesa, Extranjera y Comparada, y doctora en Literatura Latinoamericana. Hoy es Académica del Instituto de Estudios Humanísticos de la Universidad de Talca, editora en jefa de la Revista UNIVERSUM y coordinadora del Premio Iberoamericano de Letras José Donoso.

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