Libre, impúdica y ya no tan sola:
Sobre «Juana y la cibernética» de Elena Aldunate

Javiera Navarrete

Elena Aldunate ha sido recientemente celebrada por el mundo editorial como la gran “dama de la ciencia ficción” chilena, principalmente debido a su cuento más célebre, “Juana y la cibernética”. A pesar de esta relectura que amenaza con instalarse como nuevo canon, a mi parecer, este no es un texto de ciencia ficción y ni siquiera pertenece al género fantástico.

Tal como escribiera Marcos Arcaya, la obra de Elena Aldunate ha sido relegada a los márgenes de la literatura chilena como escritura femenina y de ciencia ficción, habitualmente asimilada a los públicos infantil y juvenil. Adoptar esta perspectiva para leer este relato, implica limitar a priori las posibilidades de la interpretación, hasta encontrar en ella una esencia de lo femenino que, en palabras de Lucía Guerra, se caracteriza por un «estilo sutil y poético, la presentación de conflictos del corazón y el esbozo de los trazos íntimos del alma femenina».

Lo interesante es que efectivamente podemos encontrar esos elementos en el texto, pero ofrece mucho más por explorar. Este es un cuento que está atravesado por la carencia y el anhelo de satisfacer un deseo desbordante, el placer del sexo. «¿Por qué este pensamiento tan íntimo, tan mañosamente oculto, tan fuera de lugar, en estos momentos se le hacía presente de súbito, de golpe?».

Si este es el caso, ¿cuál es el valor de Juana y la cibernética? ¿Qué nos dice sobre lo social y sobre el género? En este cuento se entraman los mecanismos del poder, cristalizando en el personaje de Juana las maneras en que el capitalismo y el patriarcado producen formas de subjetividad a partir de formas específicas de sujeción.

¿Qué sabemos sobre Juana? Se resume en dos adjetivos: soltera y obrera. A ellos, la narradora agrega: «Pospuesta, mal vestida, al margen de la existencia, de los sinsabores y de las alegrías de los demás». Es el trazado de una existencia precaria, surcada por la repetición, el aburrimiento, el sinsentido de un trabajo monótono que, sin embargo, le ofrece a Juana la libertad para soñar.

En su encierro, Juana contempla la fábrica donde trabaja desde el extrañamiento, con inusitada curiosidad. Se detiene junto a su máquina, con énfasis en el posesivo. «Imagina, de pronto, lo que sucedería si metiera una de las manos bajo el tubo redondo y hueco. (…) ¿Y si la máquina se negara a hacerle daño…?». Descarta esos pensamientos como tonterías, pero siente por su máquina una atracción irresistible, que la lleva a un viaje sin retorno, «su aventura, ¡la única!, tantas veces ansiada».

Hay en el relato un sentido del humor marcado por la ironía frente al drama de la protagonista, a lo tragicómico de la situación en la que esta se encuentra prisionera, aunque esta prisión es la que finalmente le da la oportunidad de liberarse, de entregarse a la fantasía con un desparpajo embriagador.

Juana se mueve entre el tiempo para sí y el tiempo para otros, su cuerpo construido como espacio de lo silenciado, lo reprimido. El relato nos devela los referentes culturales en los que ha construido su modelo aspiracional de feminidad y de pasión: el cine. Es fascinante cómo desde los intersticios de este texto emergen imágenes que dibujan la vida de una mujer como Juana en la década de los sesenta, donde el trabajo les daba relativa independencia económica, sin ahorrarles la ansiedad por la expectativa social para su género. «A las seis se va al cine, a las ocho hay que tener una cita o leer un libro o morirse de pena».

¿Cómo vivimos nuestra sexualidad en un mundo orientado a la productividad y la anulación del goce? Juana recuerda experiencias cinematográficas vívidamente sensoriales, que despiertan en ella un «hambre de vida, de poder» y es a través de esa conexión íntima con el cine que canaliza su deseo reprimido.

Aldunate, E. (2014). “Juana y la cibernética” (1963). Anales de la Universidad de Chile, (5), Pág. 145-152.


Javiera Navarrete (Chillán, 1994). Antropóloga social dedicada a la investigación audiovisual y la gestión cultural, con experiencia de trabajo en diversos festivales de cine chilenos. Actualmente es gestora en Belladona Producciones.

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