Bluets, de Maggie Nelson

Trad. Rocío Abarzúa

El siguiente es un fragmento de Bluets en la edición publicada el 2009 por Wave Books.

Bluets

1. Supongamos que fuera a comenzar diciendo que me enamoré de un color. Supongamos que fuera a hablar sobre esto como si fuera una confesión; supongamos que hice picadillo mi servilleta mientras hablamos. Comenzó lentamente. Una apreciación, una afinidad. Después, un día, se volvió más serio. Entonces (mirando hacia una taza de té vacía, su fondo manchado con un delgado excremento café enroscado en la forma de un caballo de mar) se convirtió de alguna manera en algo personal.

2. Y así me enamoré de un color –en este caso, el color azul– como si cayera bajo un hechizo, un hechizo bajo el cuál luché por mantenerme y escapar, en turnos.

3. Bueno, ¿y qué sobre eso? Una ilusión voluntaria, podrías decir. Que cada objeto azul podría ser una especie de arbusto quemándose, un código secreto dirigido a un agente secreto, una X en un mapa demasiado difuso para poder alguna vez ser desplegado por completo, pero que contiene el universo conocible. ¿Cómo podrían todos los jirones de bolsas de basura azul atascados en ramas, o las lonas azul brillante aleteando sobre cada casucha o puesto de pescado en el mundo, ser, en esencia, las huellas de Dios? Intentaré explicar esto.

4. Admito que puedo haberme sentido solitaria. Sé que la soledad puede producir rayos de dolor caliente, un dolor que, si se mantiene lo suficientemente caliente por un tiempo suficientemente prolongado, puede comenzar a estimular, o a provocar –escoge tú– una aprehensión de lo divino. (Esto debería despertar nuestras sospechas).

5. Pero primero, permitámonos considerar una suerte de caso en reversa. En 1867, después de un largo período de soledad, el poeta francés Stéphane Mallarmé le escribió a su amigo Henri Cazalis: «Estos últimos meses han sido espantosos. Mi Pensamiento se ha pensado a sí mismo detalladamente y ha alcanzado una Idea Pura. Lo que el resto de mí ha sufrido durante esa larga agonía es indescriptible». Mallarmé describió esta agonía como una batalla que tuvo lugar en el “ala huesuda” de Dios. «Luché con esa criatura de plumaje antiguo y malvado –Dios— a quien afortunadamente derroté y arrojé a la tierra», le dijo a Cazalis con exhausta satisfacción. Eventualmente Mallarmé comenzó a reemplazar “le ciel” con “l’Azur” en sus poemas, en un esfuerzo de limpiar las referencias a un cielo de connotaciones religiosas. «Afortunadamente», le escribió a Cazalis, «estoy bastante muerto ahora».

6. El medio círculo del océano turquesa es la escena primaria de este amor. Que este azul exista hace que mi vida sea extraordinaria solo por haberlo visto. Por haber visto tan bellas cosas. Por encontrarse a una misma en medio de ellas. Sin elección. Volví allí ayer y me paré nuevamente ante la montaña.

7. Pero ¿qué tipo de amor es, realmente? No te engañes llamándolo sublimidad. Admite que te has parado frente a una pequeña pila de pigmento ultramarino en polvo en una copa de vidrio en un museo y has sentido un deseo punzante. Pero ¿de hacer qué? ¿Liberarlo? ¿Comprarlo? ¿Ingerirlo? Hay tan poca comida azul en la naturaleza –es más, el azul en lo salvaje tiende a indicar comida a evitar (moho, frutos venenosos)— que los asesores culinarios generalmente no recomiendan luz azul, pintura azul o platos azules cuando y donde se sirve comida. Pero mientras que puede ser que el color agote el apetito en su sentido más literal, lo alimenta en otros. Puedes querer estirarte y alterar la pila de pigmento, por ejemplo, primero manchando tus dedos con él, luego manchando el mundo. Puedes querer diluirlo y nadar en él, puedes querer colorear tus pezones con él, puedes querer pintar los vestidos de una virgen con él. Pero aún así no estarías accediendo al azul de él. No exactamente.

8. No cometas, sin embargo, el error de pensar que todo deseo es anhelo. «Amamos contemplar el azul; no porque avance hacia nosotros, si no porque nos atrae hacia él», escribió Goethe, y tal vez tiene razón. Pero yo no estoy interesada en anhelar vivir en un mundo en el cual ya vivo. No quiero anhelar cosas azules y Dios me libre de cualquier “blueness.”* Sobre todo, quiero dejar de extrañarte.

9. Así que, por favor, no me escribas para contarme sobre más cosas azules hermosas. Para ser justa, este libro no va a contarte sobre ninguna, tampoco. No va a decir: ¿no es X hermoso? Demandas así son asesinas de belleza.

10. Lo que más quiero hacer es mostrarte el final de mi dedo índice. Su mudez.

11. Eso es para decir: no me importa si es incoloro.

12. Y por favor no me hables de «las cosas como son» siendo cambiadas ante cualquier «guitarra azul». Lo que puede ser cambiado ante una guitarra azul no es de interés aquí.

13. En una entrevista de trabajo en una universidad, tres hombres sentados frente a mí en una mesa. En mi CV dice que estoy trabajando en ese momento en un libro sobre el color azul. He estado diciendo esto por años sin escribir una palabra. Es, quizás, mi forma de hacer que mi vida se sienta “en progreso”, más que una manga de ceniza cayendo de un cigarro encendido. Uno de los hombres pregunta: ¿Por qué azul? La gente me pregunta esto con frecuencia. Nunca sé cómo responder. No podemos elegir qué o a quién amamos, quiero decir. Simplemente no podemos elegir.

14. He disfrutado contarle a la gente que estoy escribiendo un libro sobre el azul sin realmente hacerlo. Generalmente lo que pasa en estos casos es que la gente te da historias o guías o regalos, y luego puedes jugar con estas cosas en vez de con palabras. Durante la última década me han dado tintas, pinturas, postales, tintes, brazaletes, rocas, piedras preciosas, acuarelas, pigmentos, pisapapeles, copas y dulces azules. Me han presentado a un hombre que tenía uno de sus dientes frontales reemplazados por lapislázuli solamente por su amor a la piedra, y a otro que adora tan devotamente el azul que se rehúsa a comer comida azul y cultiva solo flores azules y blancas en su jardín, que rodea la ex catedral azul en donde vive. He conocido a un hombre que es el productor primario de índigo orgánico en el mundo, y otro que canta Blue de Joni Mitchell desgarradoramente en drag, y otro con la cara de un abandonado, cuyos ojos literalmente derramaban azul, y a este lo llamé el príncipe del azul, que era, de hecho, su nombre.

15. Pienso en estas personas como mis corresponsales azules, cuyo trabajo es enviarme reportes azules desde el campo.

16. Pero hablas de todo esto airosamente, cuando en realidad es más como si hubieras estado mortalmente enferma y estos corresponsales enviaran pedazos de noticias azules como si fueran los últimos recursos para una esperanza de cura.

17. Pero qué pasa en ti cuando hablas sobre el color como si fuera una cura, cuando todavía no has declarado tu enfermedad.

18. Una tarde tibia en la primavera temprana, Nueva York. Fuimos al Chelsea Hotel a culiar. Después, desde la ventana de nuestra pieza, observé una lona azul sobre el techo del frente aletear en el viento. Tú dormías, así que era mi secreto. Era una mancha de lo cotidiano, una escama azul brillante en medio de toda la viscosa providencia. Fue la única vez que me fui. Fue esencialmente nuestras vidas. Fue estremecedor. 

19. Meses antes de esta tarde tuve un sueño, y en este sueño un ángel vino y me dijo: Debes pasar más tiempo pensando sobre lo divino y menos tiempo imaginando que desabrochas los pantalones del príncipe del azul en el Chelsea Hotel. Pero qué pasa si los pantalones desabrochados del príncipe del azul son lo divino, supliqué. Que así sea, me dijo, y me dejó llorando con la cara contra el piso azul pizarra.

20. Culiar deja todo tal como está. Culiar no puede intervenir de manera alguna con el uso real del lenguaje. Porque no puede brindarle, tampoco, ningún fundamento. Deja todo tal como está. 
*N. del T: Blueness es una sustantivación de blue. En castellano, ambos se dicen azul. Pero blueness puede relacionarse tanto a la cualidad azul del color, su “azulidad”, como a la referencia del inglés a la tristeza que se le atribuye también a la palabra blue (feeling blue, estar triste). No me atrevo a escoger uno sobre otro.

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