Los atrevidos
(y otras apropiaciones neoliberales):
Presentación de El ABC del neoliberalismo 3 (Colectivo Communes)

Lorena Amaro

Se es lo que se dice
o se es lo que se piensa
pero no se dice o se es
lo que se piensa y se dice
hasta que no se es
lo que se piensa.

Martín Gambarotta

Leo el tercer volumen de El ABC del neoliberalismo, editado por Hiam Ayllach, Claudio Guerrero y Hugo Herrera Pardo, y no puedo evitar la tentación de pensar nuevas palabras que sigan engrosando, extendiendo este proyecto/barricada conceptual, esta enciclopedia de resistencia cultural pensada por el colectivo Communes, que, por momentos, más que referir a la lengua, nos remite diría que a la infamia. Un proyecto de resistencia no solo deseable, sino que necesario en tiempos de lo que Nancy Fraser ha llamado “crisis de hegemonía del capitalismo financiarizado”, del tipo de crisis que, como ella misma plantea, «no sucede todos los días», sino en momentos clave de la historia capitalista. Este libro nos invita a pensar, como Fraser en Los talleres del capital, quién logrará construir «una contrahegemonía viable y sobre qué base», habida cuenta que esto se trata no solo de una cuestión económica: la crisis planetaria que vivimos ha dejado al descubierto hasta qué punto el capitalismo es un tramado económico y social, material y simbólico, cuyo horizonte apenas logramos discernir, al punto que se hace carne invisible de nuestra habla cotidiana.

Lorena Amaro

Muchos son los conceptos que pudieran valer para esta tarea de pensar y resistir al discurso hegemónico, siempre a sabiendas de que toda palabra y todo gesto pueden ser expropiados por la razón del mercado. En mi lista personal hay de todo: desde algunas palabras que pueden parecer muy locales, inocuas, casi estúpidas, como “lover”, “seca/o” o “recha”, a otras de circulación muy masiva y global, la mayoría en inglés: winner, CEO, commodities, STEM, lobby, autoayuda, autoestima, entre otras muchas que creo no han aparecido en los tres volúmenes ya existentes. Recuerdo (y celebro) algunas que ya sí están recogidas en este proyecto: gobernanza, coaching, individualismo, capital humano, emprendimiento, riesgo, inclusión, por mencionar algunas de las dos primeras entregas, y, en esta última, se, subsidiariedad, valor, co-, gentrificación, empoderamiento, nicho, constitución (neoliberal), palabras sobre las que escribenPablo Oyarzún, Christian Viera, Roberto Vargas, Ángelo Narváez, Pablo Pulgar, Hiam Ayllach, Hugo Herrera Pardo, Jader Janer, Lidia Fernandes, Víctor Loback, Nicole Darat, Claudio Guerrero, Jaime Bassa y Mario Domínguez, a las que se suman las “Palabras clave”, de Sergio Raimondi, un torrente poético de palabras y etimologías, pero sobre todo de ecos.

Un dato curioso: muchos de los conceptos de este ABC identificados por los editores Ayllach, Guerrero y Herrera no surgen en el seno del capitalismo, sino que son apropiados y viralizados por este sistema (y quizás por lo mismo se debiera sumar en un cuarto volumen la misma palabra apropiación, sobre la que Claudia Zapata escribió hace unos meses una estupenda columna). Pongo por ejemplo la palabra subsidiariedad, principio que emana de la doctrina social de la Iglesia, pero cuya interpretación chilena, como explica Christian Viera, impulsa el abstencionismo estatal y un canibalismo privatizador con ribetes perversos, que activó el programa económico y jurídico de la dictadura pinochetista. Y así con otros muchos “conceptos viajeros”, como escribe Mieke Bal, que a veces acaban alojados en un relato hegemónico y anquilosador. Uno de los casos más evidentes –y peligrosos— es el del término “empoderamiento”, levantado por las feministas del sur global para transformar la subordinación de género y que hoy, escribe Nicole Darat, es enarbolado por «la mujer económica de clase media-alta», para instalar la idea de que «una puede ayudarse sola, de que ‘querer es poder’». Un caso muy interesante es el que identifica Pablo Oyarzún, cuando el pronombre “se”, de uso cotidiano, se le aparece como un fantasma: lo descubre ausente del último discurso de Allende («abrirán las alamedas»), pero muy presente en la jerga represiva de los 80: «¿Dónde está? Se lo llevaron», recuerda que decíamos en aquellos tiempos, una impersonalidad que encubre las responsabilidades personales en la violencia programática que ejerció la dictadura. Las alamedas de Allende no «se abrirán», entonces. No hay error en la omisión, razona Oyarzún. Solo “abrirán”, lo harán seres humanos que empujen ese proceso, ciudadanos a los que Allende cree ver entre el humo y los escombros de la traición, celebrando el futuro que tal vez llegó, quiero creerlo, en 2019. Está por verse.

Me perdonarán si es demasiado previsible, pero en este punto no puedo sino citar a Roland Barthes y su famosa frase, utilizada en la Lección Inaugural del Collège de France, en 1977: «…la lengua, como ejecución de todo lenguaje, no es ni reaccionaria ni progresista, es simplemente fascista, ya que el fascismo no consiste en impedir decir, sino en obligar a decir», sobre todo porque no nos pertenece: no la podemos usar a elección, entrar y salir de ella. Estamos en ella. Pero tal vez podamos intentar distanciarnos críticamente. Traicionarla. Exprimirla.

Desde luego que un antecedente importante de este proyecto se encuentra en el ensayo de Victor Klemperer LTI La lengua del Tercer Reich, publicado por primera vez en 1947, en que el filólogo, quien sufrió la persecución nazi contra los judío-alemanes, registra una serie de palabras que se naturalizaron durante los años de Hitler. Fue esa su forma de resistencia, de lucha cotidiana. Una alerta acústica permanente, con la esperanza de que pudiera haber tiempos otros, en que podría escribir. Así, por ejemplo, comenta en primer lugar una palabra que también gusta mucho en Chile: la palabra “heroísmo”. Lo cito: «Lo que reprocho al concepto de héroe aplicado por el nazismo es precisamente su continua dependencia de lo decorativo, la fanfarronería de su presencia. El nazismo nunca conoció oficialmente un heroísmo honesto y auténtico. Y de este modo falsificó y desacreditó todo el concepto». Tomo este ejemplo de un heroísmo combativo, guerrero y fanfarrón para comentar una palabra que nos hemos visto obligados a oír demasiado en los últimos días. “Atrévete”.

 «Solo un país ubicado entre dos placas tectónicas/ puede pasar de importar la revolución socialista / a exportar al mundo entero la revolución liberal», escribe Sergio Raimondi en el poema “Think Tank”, incluido en este volumen. Se podría añadir (de esto trata mi presentación, una perífrasis de El ABC del neoliberalismo), que solo en un país ubicado entre dos placas tectónicas puede haber un candidato presidencial como José Antonio Kast, quien aúna dos discursos aparentemente contradictorios hasta hoy: ideologismo neoliberal y, como escribe Grínor Rojo, «fervor nacionalista». La receta política del kastismo incluye, evidentemente, muchos milígramos de “tradicionalismo oligárquico chileno”, siguiendo de nuevo a Rojo, para quien este líder fascistoide procura metamorfosearse «en una figura patriarcal mitológica, que conocemos bien, la del bondadoso dueño de fundo, el que les da de comer y protege a sus siervos y al que estos admiran y celebran». Pues bien, es este señor quien nos invita a “atrevernos”. ¿En qué consiste su “atrevimiento”? ¿Quiénes son “los atrevidos”?

Retomo el proyecto de Communes: mostrarnos elementos discursivos (a veces puede ser un pronombre, como en el caso del “se”, o incluso un prefijo, como nos invitan a pensar Ayllach y Herrera en el ensayo “Co-”) que desapercibidamente se han ido integrando a un habla cotidiana que sostiene simbólicamente (o aprisiona, como plantearía Barthes) la subjetividad neoliberal. En nuestro país, esta operación se encuentra en estrecha relación con la lengua de la dictadura, ya que neoliberalismo y autoritarismo se impusieron en nuestras vidas prácticamente al mismo tiempo. Y si bien Pinochet fue derrotado en las urnas en 1988, el lenguaje asociado a la dictadura persistió en el aire como una lenta ceniza que ha seguido derramándose sobre nosotres hasta hoy. Es la lengua de los vencedores en 1973, una lengua que nunca hasta ahora enfrentó la posibilidad de la derrota. Es la lengua heroica que debió soportar Klemperer durante su largo insilio. Es la fanfarria matonesca con que ayer incluso se allanó un partido político de izquierda. Como en los viejos tiempos.

En la introducción al volumen que hoy presentamos, sus editores explicitan que «disputar la lengua neoliberal es una parte del problema» y que quizás sea ahora, como nunca hemos visto antes, que por fin la racionalidad política neoliberal se ve «amenazada por la figura de la interrupción». El propósito del libro es, explican, preguntarse cómo fijar por medio de la escritura y de la imagen el espacio de esa fisura, esa posibilidad; cómo, citando a Mark Fisher, interrumpir el “realismo capitalista” y su aparente inevitabilidad. En el libro la fisura toma la forma de un ensayo, que en algunos casos muy bellamente –como en el texto “Nicho”—, exploran formas escriturales que se desmarcan del lenguaje homogéneo y pretendidamente despolitizado del paper. De aquí, también, la centralidad de la poesía en el volumen, donde hallamos los poemas de Sergio Raimondi señaladas con un fondo negro que expresa esa interrupción del discurso lineal, lógico, causal, como lo son también ciertas estructuras de razonamiento que nos han tratado de imponer para pensar.

Vuelvo al “atrevimiento” a través de los poemas. Recuerdo un postfacio escrito por Damián Selci para el poemario “Seudo”, de Martín Gambarotta, a quien pienso (y aquí me corregirán los amigos poetas) en continuidad con Raimondi. Creo que en ambos se produce una reflexión sobre aquello que ha quedado postergado por la historia crediticia de la voluntad neoliberal y su trasunto en el lenguaje. Selci escribe esto: «Los ganadores imponen un idioma y los perdedores deben aprender a hablarlo o condenarse a la marginalidad. Contra lo que podría suponerse, la marginalidad verbal no tiene nada de romántico ni transgresor (…) La lengua de los derrotados no se convierte en un arma polémica y fascinante, sino que se anquilosa, envejece, aburre. Cae en el ridículo. A la vez, la lengua de los ganadores parece llena de glamour y juventud: es la lengua del éxito». Para Selci, el trabajo neoliberal no ha sido “la prohibición legal directa” de la fraseología revolucionaria, sino, que constituye “un delicado trabajo gramsciano en las fibras más íntimas de la cultura, que posibilitó que toda referencia no irónica al lenguaje revolucionario quedara como el desvarío agónico de un abuelo en el geriátrico”. En estos ya casi 50 años desde el Golpe, lo que ha hecho la razón neoliberal fue anular la potencia de las palabras emancipadoras e instalar el habla exitista del business, que hoy por fin comenzamos a escuchar anodina, monótona, como esa cháchara confusa que oye Charlie Brown en los adultos. Por el contrario, palabras como revuelta, pueblo, comunidad, han regresado, con nuevas entonaciones. En su epílogo a El ABC… Mario Domínguez escribe: «Hemos visto nuevamente el uso de la palabra Pueblo en pancartas y exclamaciones casi espontáneas, memoria y cultura entremezcalada en simbolismos aún no acabados”, y se pregunta, en alusión a los Escritos corsarios de Pier Paolo Pasolini: “¿Podríamos estar en presencia del retorno de las luciérnagas?».

No es éste un retorno estéril, meramente nostálgico. Responde a nuevas demandas. Y nada más ridículo que llamar a “atreverse” cuando en realidad se está llamando a un repliegue defensivo. ¿Hay que ser atrevidos para repetir lo que la élite chilena nos quiere imponer desde hace siglos? ¿Qué atrevimiento hay, le diría a Kast, en pregonar que pondrá “mano dura” si con la “mano dura” me han amenazado prácticamente desde que nací? Lo que pasa es que los “atrevidos”, fantasmagóricas copias del nazismo alemán, están enojados porque ya no pueden decir libremente sus barbaridades. Porque después de décadas de hablar cuanto quisieron –mientras una mayoría callaba— se han encontrado con el habla barroca, polifónica, plural que reclama un país distinto. Los atrevidos no quieren hacer nada nuevo, solo llaman a defender el manto de la noche que tanto les gusta. Atrevidos individualistas, que solo quieren tener permiso para violentar y gozar de su violencia.

En el último tiempo, el único, el verdadero atrevimiento, ha sido el de feministas, organizaciones sociales y sindicales, comunidades indígenas, escolares, que con las expresiones más creativas y coloridas, con palabras y texturas, con pliegues y cantos y poniendo sus cuerpos y sus vidas en la calle, han buscado recuperar una lengua perdida, hacerla nueva, sin vencedores ni vencidos, sin winners ni rechas, sin competencia despiadada, sin heroísmos machistas. Retomo los poemas de Sergio Raimondi, el último en particular, porque nos invita a pensar esta nueva hora. El título es una belleza, “Xuánguá”, dice en chino, que significa, «suspender, colgar»: «Dejemos de lado el carácter monumental de la obra / (…) / más bien reparemos en la cuadrilla sobre la pasarela/ allá arriba, venidos todos de una misma localidad /alejada a kilómetros según un método de contratación / pensado para privilegiar el uso de un dialecto común / necesario para entender indicaciones sin interferencias; / fijémonos entonces en ésos que acaban de terminar / de ajustar esos cables por lo pronto no tan tirantes / como sus propios nervios en una tarea de alto riesgo / dominando el vértigo de la altura y de la historia: / tal vez sean ellos la verdadera obra en construcción».

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s