«Una gramática misteriosa y obvia»: Dron de Christian Anwandter

Megumi Andrade Kobayashi

Punto de partida: textos heterogéneos de fuentes diversas. Materiales como noticias, notas de prensa, definiciones de Wikipedia, post de redes sociales. También poemas propios en verso o en prosa. A los primeros se los libera de imágenes, títulos y otras referencias.

Procedimientos: igualmente heterogéneos. El más evidente consiste en alimentar –con el material recopilado– un programa computacional llamado Dronbot. Los documentos que resultan de la operación se denominan «ejecutados». 

El autor: revisa, aísla, recorta, junta el material «ejecutado». Por el gusto de ver lo que pasa, traduce fragmentos en Google antes o después de ingresarlos al programa. Cambia palabras, frases o párrafos. Escribe poemas «normales» que, de pronto, asumen una cadencia mecánica y torcida. Con paciencia, durante casi diez años construye un artefacto llamado Dron

Christian Anwandter

Orden: enumera, crea unidades, distingue cinco secciones. «En mapas lo que perdimos», «Derrotas», «Premonición del dron en estadio a medio hacer», «Reinserciones» y «Destrucción de provincia afectiva». Los números están en desorden, los «a-b-c» trastocados.

Poemas: primera persona, segunda, tercera, impersonal. La mayoría de los poemas están compuestos por enunciados poco coherentes, o que tienden a serlo en alguna de sus secciones, generalmente la última. Otros tienen una tendencia narrativa: el regreso al barrio de infancia, un viaje o el intercambio con una promotora en un supermercado. Otros solo tienen números, puntos y comas (¿el código fuente? ¿Cómo leer esos poemas en voz alta?, alguien se pregunta). 

Estructura: en sus primeras y últimas páginas, Dron revela algunos de sus materiales y procedimientos. Se muestran para decir que el foco del libro no está en la utopía de un artefacto digital capaz de hacer poesía. Lo importante es mantener las palabras en continuo movimiento: inciertas y contradictorias, son las responsables de un ambiente enrarecido. 

Extrañamiento: responde, en parte, a la presencia de inconcordancias gramaticales, palabras inventadas o injertos verbales mal tipeados. «Tienes un vocabulario nuevo por primera vez. Una lengua en este adrecido de su argunidad» (84). Esta falta de familiaridad recae, también, en el contenido temático del material con el que se inicia la escritura: malls abandonados, cambio climático, realidad aumentada, atentados terroristas, migraciones, algoritmos, reality shows, simulación de vuelos, videojuegos, sitios eriazos. De estos contenidos, dos eventos son protagónicos: la construcción de Nueva Fuerabamba y la visita a la réplica de la Cueva de Chauvet. Copias artificiales y desplazadas de un original intervenido. 

Movimiento: al igual que con Fuerabamba y la verdadera Cueva, se quiebra el vínculo entre el material textual y sus respectivas procedencias (una noticia, una entrada a Wikipedia, un post en una red social). Gracias a este desplazamiento y a las sucesivas intervenciones que les acontecen, las palabras se vuelven esquivas: no se justifican ni nos representan. 

«La ansiedad de reflejar / detiene el movimiento» (87), afirma un poema. 

La ansiedad de definir también. 

Dron no fue escrito por un programa computacional. Tampoco por un ser humano. 

En el límite de ambos el poema se desprende, sobrevuela, o simula hacerlo. 

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