Lecturas del 2021: no podemos dejarlas ir

Revista Origami

El equipo de Revista Origami comparte sus lecturas del 2021: esos libros que por razones emocionales, intelectuales o estéticas, marcaron nuestras posiciones de lectura y lugares como lectorxs durante el año.

Esta es otra lista más, como cualquiera: una lista de libros, títulos, artefactos literarios que se ahuecaron en nuestras manos por un tiempo, porque no los quisimos soltar. Libros como refugios, trayectos, lugares donde poner a reposar el pensamiento, las pasiones, los dolores, la espera: un paréntesis de la realidad, a veces, un punto seguido de ella, otras. 

»Audición, de Ryu Murakami. Traducción de J.C Cortés. Abducción editorial

El simple hecho de que Ryu Murakami haya sido traducido en una editorial chilena debiese ser una de las mejores noticias posibles del sector editorial. Aoyama es el protagonista de la novela, un viudo que decide volver a contraer nupcias. Con la ayuda de un amigo cineasta, realiza una audición para encontrar a su futura esposa engañando a las mujeres para que crean que están haciendo una audición para una película. Son casi mil mujeres las que solicitan una entrevista, y Aoyama hace una selección para reducir el lote a un pequeño grupo de mujeres que serán invitadas a participar en la película. Pero antes de que tengan lugar las entrevistas, Aoyama ya se ha enamorado de la hermosa Yamasaki Asami, quien tiene un oscuro pasado.
Un lujo el de Abducción Editorial, que decide indagar en la obra del autor de la mítica novela Azul casi transparente. 

»A lápiz y al azar, Paul Valéry. Cuadro de Tiza Ediciones.

Simples apuntes, banales notas de un cuaderno sacrílego como lo puede ser cualquier cosa de Valéry, A lápiz y al azar describe, incide sobre esquinas perdidas, islas lejanas, el sabor de un cafecito; lo nimio toma colores imposibles en este libro: se inventan pequeños mundos como vitalidades para hacerse con el poder de la palabra. Cuando no he sabido cómo empezar a escribir, A lápiz y al azar se vuelve una brújula sin tiempo con la que rastrear direcciones. Otro acierto, hay que escribirlo y decirlo, de Cuadro de Tiza, que siempre tiene novedades editoriales que, desde la plaquette y la potencialidad de su formato para el bolsillo de la lectora, apuntan a una democratización de la lectura con un catálogo que siempre responde a la exigencia de la lectura y su capacidad de movilizar pensamiento.

»Alfred Hitchcock Presenta: Los relatos de crimen y suspenso. Trad. Ricardo Vinós. Perla Ediciones

Para quienes nos gustan los thrillers y el terror literario este libro no puede pasar desapercibido. En él podemos encontrar las más fascinantes historias de suspenso enviadas a la revista Alfred Hitchcock en Nueva York. Está antología recopila cuentos cortos, y otros a veces no tanto, sobre los lugares más recónditos y escabrosos de Estados Unidos, dándonos información literaria que remonta desde hace cincuenta años. Una de las cosas que más me gusta, es el pequeño cuadro de información sobre el autor con el que empieza cada texto, el cual nos otorga, para los que amamos la búsqueda de autores desconocidos, un abanico infinito de posibilidades. Un pequeño cofre de oro.

»Animales distantes, Nadia Prado. Ediciones Overol

La obra de Nadia Prado habita en la duda: se plantea -aparentemente- en un lugar filosófico que más que abre preguntas y recorre lugares desérticos como la impunidad, la tortura y el dolor, y todo lo que podemos –o no– hacer de ellos: «guardábamos silencio frente a la tortura, aún golpea nidos y páginas», escribe en este libro en el que –aparentemente– se sumerge en lo íntimo y debate en las fisuras familiares de los animales internos, de los animales distantes, de la voz, de las palabras, el lenguaje: toda esta palabra que sigue mientras las vidas ocurren y pasan, a pesar de que las vidas ocurran y pasen, y así la violencia, así el frío.
En un país que oculta y vuelve un lugar común del silencio las heridas, poetas como Nadia Prado van a esos hemisferios del lenguaje emocional hasta encontrarse con las carencias, ausencias y hacer de las palabras una caligrafía «para quedarnos en el jardín, pisar caracoles, ser el viento en su espasmo, ser discreta palabra en el oído cuando repetidas bestias en un lugar irreconocible piensan que la letra es una tormenta solar, la oscuridad y la fantasía después del frío».

»Aviones sobrevolando un monstruo, Daniel Saldaña París. Anagrama

En este libro Daniel Saldaña París nos entrega parte de su biblioteca personal, mediante un racconto de los lugares donde ha vivido. Es un texto íntimo que dibuja en él una especie de extranjero que habita en el no-lugar, siendo la literatura su única conexión con el mundo que ha pisado, su único hogar real: una posición. La escritura, aquí, hace de la literatura su trinchera. Cada capítulo está cubierto de matices poéticos sobre su pasado, y su relación con el espacio del que fue parte.
Saldaña París no para de escribir sobre escribir, y la verdad es que sus lectores se lo agradecemos. En él podemos encontrar la dificultad, lo ingrato y lo hermoso de dedicarse a este oficio. Espacio infinito se vuelve el viaje, la exploración y la experiencia vívida de habitar las metrópolis contemporáneas a la luz de la literatura. Si El infinito en un junco es una declaración romántica y platónica a los libros, Aviones sobrevolando un monstruo toma sus lecturas y las raya con el andar de los pies, con la ligereza ansiolítica de pisar el cielo a través de máquinas que hacen comunidad, moviéndonos en el azar y las relaciones interpersonales.

»Bluets, Maggie Nelson. Wave Books

Este libro es un poco inclasificable y ese formato híbrido que tiene está completamente al servicio de la obra. Una oda al azul, como indica su nombre, al deseo y al duelo. Nelson se sirve del azul para narrarnos un desamor de manera tan hermosa y con tantas sutilezas y matices que es difícil no pensar este libro como poesía: «Pero qué pasa en ti cuando hablas sobre el color como si fuera una cura, cuando todavía no has declarado tu enfermedad». En la literatura, puede ser complejo hablar de sentimientos y emociones sin caer en lugares comunes o conceptos manoseados, clichés, pero Nelson lo hace de manera que lo espectacular desborda el cliché; como una poeta que es capaz de escribir una oda al azul y enamorarse del color, enamorarnos a nosotres, en ese proceso. Quien haya vivido el amor y el desamor difícilmente va a quedar indiferente con Bluets.

»Cachivaches, Stephan Puschel. Osoliebre

Tengo debilidades por los libros tímidos, sencillos e inocentes. Libro que llegó como un regalo y que se convirtió en una especie de amuleto esencial para las tardes con un buen cigarro, café, lo que guste. Cachivaches es un anhelo triste sobre la infancia. El trabajo de la oralidad toma un cáliz suave, acariciador, donde la memoria es un pequeño lugar en la casa para jugar y dibujar con crayones lo perdido, lo que no tiene nombre, y que vuelve y vuelve como un cofre con objetos sentimentales a utilizar en la más plena soledad.

»Chicas en tiempos suspendidos, Tamara Kamenszain. Eterna Cadencia Editora.

En honor a su triste muerte y al mérito de enseñarme(nos) que en los puntos suspensivos de César Vallejo existe la vida entera, el último poemario de la poeta argentina ocupa un lugar especial y conmovedor de este agitado año. Sus versos, completas radicalidades que ensayan el lugar de la poeta en la escritura latinoamericana, plantean un nuevo lugar para el lenguaje. Este libro por sí solo es un ambiente imberbe y afectuoso para quien desea y se refleja en las pasiones de Delmira Agustini o Cecilia Pavón. Lectura necesaria para el alma, sinceramente.

»Doris, vida mía, Gabriela Mistral. Prólogo de Alia Trabucco. Lumen.

Publicadas por primera vez en 2009, las cartas de Mistral a Doris Dana vuelven a publicarse en una nueva selección realizada por Daniela Schutte, con material inédito y prologado por Alia Trabucco. Estas correspondencias que muestran una dimensión sexoafectiva de Mistral muy lejana del lugar que se le había otorgado en la poesía –de la madre–, también muestran por qué o cómo es que Mistral ha pasado a ser reconocida como una figura queer hoy –quizás madre, padre o hermana– de esta nación, como profundiza Trabucco en su prólogo al volumen.
Me aferré y me aferro a este libro, y pienso que podemos aferrarnos todas, no tanto para rastrear –o quizás sí, los motivos sobran– una seña a la obra poética de Mistral, pero sin dudas, a sus emociones e inquietudes en un momento dado y con relación a sí misma, a lo que las cartas como registro potencian y restringen, a lo que significa estar escribiendo para alguien y que ese alguien sea Doris Dana, compañera, vida suya; a algo que podría ser el amor, el deseo, una pureza en la boca que se dirige, siempre se dirige, a una alguien y, en estas cartas, parecen devolverse como un aguacero que llena y ahoga la boca que quiere decir y decir, y termina siempre, diciendo. El aguacero, parece decirnos esa boca, también hidrata la lengua, así como el amor, así como la insistencia en ser de a dos.

»El invencible verano de Liliana, Cristina Rivera Garza. Literatura Random House

Este es un libro que se toma con cuidado, porque se sostiene con la consciencia de que tiene una vida contenida adentro; una que le fue arrebatada a la autora, la de su hermana, la de Liliana Rivera Garza –digamos, siempre, su nombre–.
El invencible verano de Liliana, quisiera ser justa y por eso lo repito, es un libro que contiene una vida, y como esa vida muchas, las de mujeres que ceden al silencio por amor, que no reconocen señales, que quizás qué andan pensando para no ver, responder, a la violencia patriarcal y sexista que amenaza con arrebatarlas de todo, saquearlas, borrarlas –o eso podríamos haber escuchado en cualquier noticiario, en cualquier tratamiento a la tragedia de la violencia de género–. En esas amenazas y señales que no lo son se escribe este libro, en esas amenazas y señales que son lanzadas a las víctimas y no a los victimarios, en esas amenazas y señales de la violencia que terminan por borrar el nombre propio, poner encima un término que pasa a marcar el lugar de esa vida ahora, que desplaza el nombre propio, y nos deja hablando en clave –víctima, victimario, feminicidio–, cuando el horror, parece decirnos Cristina Rivera Garza, no es ni útil ni bueno ni hay señal que valga la pena reconocer porque ninguna vida que se borre sirve de algo en esa muerte, porque ningún horror vale la pena. Un libro al que aferrarse, que no soltar, necesario.

»El gran Jardín, Lola Randl. Chai editora

El Gran Jardín es simplemente una novela sobre horticultura. Seguimos la voz de una mujer que junto a su familia deja Berlín y comienza a vivir en un pueblo rural alemán. La mujer describe el tratamiento de las raíces, ovejas, carneros y cerdos. A esto se va entramando una serie de personajes que van desde animales, paisajes y personas, todos los seres tienen el mismo tratamiento y protagonismo, por ende, la misma profundidad. El ojo narrativo de Randl es sutil, gracioso y sobre todo real porque exprime la materia de la vida actual en sus desequilibrios de lo interno.

 

»El Libro de los Muertos, Muriel Rukeyser. USACH

La imagen poética, como la luz ante su observador, es resbaladiza y ambigua, es flexiva en tanto sigue la dirección de su acumulación. Pero ocurre en El Libro de los Muertos que aun con todos estos impredecibles, el libro se afirma a la órbita del accidente minero del túnel de Hawk´s Nest en Virginia. Sin resultados ociosamente expansivos o factoriales, Muriel Rukeyser más bien usa la acumulación de imágenes para reconstruir la catástrofe minera, comunicando los relatos y los documentos de las personas que estuvieron, local y afectivamente, relacionados con ella. El libro es documental, pero también es un momento de aire en el relato, no porque esta pieza histórica necesite ligereza, sino oxígeno para mantener viva la idea de recordar, y el poema, todavía en su complejidad, es esa rienda que quema la mano, pero guía.

»Elogio del odio, Marina Arrate. Garceta Ediciones.

El sentido del odio, ocupa en este libro cada página, como si las palabras estuvieran no impresas sobre el papel, sino enterradas, prendidas a la hoja desde su filo, porque Marina Arrate hace del odio no un modelo al que elogiar, como el título lo indica, sino su poética.
Instalada en los límites que cercan los deseos que no son otros que los límites de lo imaginario: Marina Arrate expone una dependencia del sentido que se abre como un origen posible que desmantelar: expander más sus límites, dudar del mito, o quizás hacer evidentes sus hebras: mariposa con alas abiertas que enseña sus escamas a quien pueda, se atreva, mirarlas.

»En pueblo hay una casa pequeña y oscura, Vladimir Rivera Órdenes. La pollera

Es sabido que las novelas y cuentos de Rivera Órdenes van a lo oscuro de la provincia, saliendo del lugar común de la ruralidad pasiva para exponer el terror y abrir grietas de la provincia que habitamos. Es uno de los mejores narradores chilenos y la colección de sus crónicas viene a reafirmarlo. Acá hay una infancia contenida en precariedad, violencia institucional y abandono. En las crónicas no hay miedo a definir dolores históricos como las ausencias paternas, la  impunidad y el desastre de la dictadura que cada año salen a flote, porque no dejamos de habitar en una impunidad que seca la justicia. En un país que parece una herida, un tajo o un corte que no cicatriza, Rivera Órdenes se encarga de zurcir.

»Everybody: A book about freedom, Olivia Laing. W. W. Norton

En tiempos en que nos vemos rodeados de neofascismos leer a Olivia Laing es un soplo de aire fresco. En este libro reflexiona sobre el cuerpo que habitamos como herramienta de libertad, sus limitaciones y su potencial, tomando como marco de referencia la vida y obra de Wilhelm Reich. ¿Qué significa la libertad? ¿Para quién es? ¿Qué roles juega el estado en su preservación o reducción? Laing recorre un sinfín de historias y personajes para reflexionar sobre la enfermedad y su impacto en el cuerpo, la sexualidad, la violencia, las luchas de los feminismos y disidencias sexuales, el movimiento de los derechos civiles, la migración, la política carcelaria, las marchas y protestas y la lucha contra el cambio climático. En su revisión, concluye que considerar unos cuerpos como más válidos que otros históricamente ha degenerado en desastres, y nos ayuda a pensar cómo, cuándo y por qué se generan las dinámicas de odio, represión o silenciamiento, cuáles son sus cualidades y cómo podemos enfrentarlas.

»Ex-chile, José Ángel Cuevas. Editorial UV

La nostalgia de las grandes alamedas abiertas para que avance el pueblo libre se escucharon en el primer discurso del presidente electo. Esa marcha e inquietud de multitudes habita en la poesía de Pepe Cuevas que registra un habla popular que aparece en el discurso masivo. En Pepe Cuevas hay una búsqueda de humanidad setentera relacionada a la dignidad, pero también al Chile consumista y supuestamente apolítico. Registra como el cineasta Pato Guzman esa búsqueda combativa de la UP, pero describiendo el actual, para adolecer más de ese pasado exterminado. En está nueva antología se registra el recorrido de un país atravesado por la injusticia y la insatisfacción que trae el consumismo, pero sobre todo por la rabia acumulada. 

»Galería Clausurada, Marina Latorre. Prólogo de Lorena Amaro. BR. UAH Ediciones.

Este libro es parte de una colección que busca poner en circulación escrituras hechas por mujeres que, por el paso del tiempo, el sexismo del canon y la exclusión evidente del campo literario a las mujeres –ni hablar de disidencias–, han dejado de circular.
Galeria Clausurada de Marina Latorre se inserta con textos que fueron originalmente publicados en la década de los sesenta en Chile: relatos que muestran lo que ocurre en un período en el que los artistas, el lugar de la cultura en la sociedad, los roles y asignaciones de género, además del debate por el lugar de la mujer en esa escena, de lo popular, de la justicia, se comienzan a cuestionar, repensar y disputar. Los mismos años que cantaron Los Beatles, como nos recuerda Lorena Amaro en su prólogo, aquí los narraba Latorre y otras autoras, autores, que ya contaban desde una trinchera de efervescencia política cierta esperanza por el cambio, lo que termina por darle a estos textos cierto carácter mesiánico, pues son disputas y posiciones sospechosamente actuales.

»Idiófono, Amy Fusselman. Chai Editora.

Lo que ocurre con Amy Fusselman es que es imposible dejar de leerla una vez que se le comienza, y más imposible aún, dejar de pensar en su voz cuando nos encontramos de cara a las literaturas. Idiófono, ese libro en el que el poema es todo lo que quizás nos han dicho, hemos pensado, nos recuerda la autora: no es poesía. Y por eso mismo termina siéndolo, porque la escritura de Amy Fusselman no responde a ningún tipo de valor consensuado sobre lo que la literatura debería ser, porque siguiendo su pensamiento, eso podría ser el consenso de una secta. Así, en este libro que se nos puede ir en una sentada por lo hipnotizante, se habla del ballet al mismo tiempo que se habla de la relación con la madre al mismo tiempo que se habla sobre ratas, filosofía, literaturas, oficio, afectos o eso que podríamos llamar vida.

»Imposible salir de la Tierra, Alejandra Costamagna Laurel Editores

Sujetxs empantanados entre su deseo y el mundo material, entre lo que puede ser y lo que hay a la mano. De ese enfrentamiento con consecuencias explosivas, violentas, pero también patéticas, mas comunes que extraordinarias, se enfrentan aquí –lxs sujetxs– al límite de las posibilidades, de sus libertades frente a ellas. La reedición de Imposible salir de la Tierra es una vida nueva a un conjunto de textos sobre la desazón, los proyectos truncos y esos momentos de lucidez al borde del abismo, simbólicos o cotidianos, que forman parte del universo narrativo que construyó/construye Alejandra Costamagna.

»La Oficina del Agua, Simón Ergas. Alquimia Ediciones

Lo que hace Simón Ergas en La Oficina del Agua es interesantísimo: una novela que imagina un futuro cercano, posible, donde el agua está hiper regulada y se exprime en burocracias. Los ojos de la novela siguen al funcionario A. Prieto en sus trámites y vida privada. Es una publicación particular y arriesgada,  va más allá de la típica queja del agua como lugar común. Simón Ergas mantiene su propia narrativa porque configura un mundo donde es el único capaz de salir.

»La Poesía No es Personal, Gonzalo Millán. Alquimia, 2021

Alquimia ha estado trabajando en los últimos años en textos que, como lector, agradezco enormemente. Una reunión de entrevistas, cartas y discursos de los mayores referentes de la narrativa y poesía tanto chilena como mundial, y este libro no es la expansión. En La Poesía No es Personal, podemos encontrar entrevistas que nos hacen repensar la obra de uno de los grandes poetas chilenos, como es Gonzalo Millán. El libro nos transporta en la inmediatez a la intimidad del autor, a su pasado, su familia, y la manera en la que Millán encuentra un refugio de todo el tormento que es la vida en la escritura.

»La sociedad contra el estado, Pierre Clastres. Hueders

Este estudio sobre antropología política se publicó originalmente hace más de cincuenta años. Su atractivo para mí radica en su autoconsciencia: Clastres, desde el inicio, nos invita a salir de un conocimiento que se construye, rígido, desde un único punto de vista, el propio, y a validar otras formas de observar y conocer el mundo distintas, en este caso, en referencia la antropología occidental de principios del siglo pasado. Él lo propone como una “revolución copernicana”, ir hacia una forma heliocéntrica de hacer ciencias sociales: salir del mirarse el ombligo y aceptar que somos solo parte de un sistema en que cada grupo humano tiene su propio modo de experimentar y aprehender el mundo. En tiempos de visiones fascistas que son totalitarias e intolerantes con la diferencia, esto me parece fundamental. Por otro lado, lo que expone más específicamente en cuanto a las formas de vida de los pueblos nativos de la Latinoamérica precolombina tiene mucho que enseñarnos en cuanto a el poder y sus expresiones, las prácticas culturales rituales, el trabajo y el ocio.

»Línea Nigra, Jazmina Barrera. Montacerdos

En este poco común diario de maternidad que termina con el hijo tomando pecho y la madre siguiendo en su vida, una junto a la de él ahora, Jazmina Barrera no apunta sólo de maternidades, sino de identidad, escritura, trazos y trozos de vidas que se van entramando en lo que podría ser un ensayo que respira vida, o un corazón, puro corazón, como es el feto a las pocas semanas en que parece un arándano y es puro corazón que late según nos cuenta: «Está difícil no encariñarse con un ser del tamaño de un arándano que tiene un corazón, que es casi por completo un corazón que late fuere», apunta Barrera como si de una puntada sobre el telar se tratase.
Como quien teje un telar precioso, Jazmina Barrera escribe en este libro fragmentos, trozos de una vida que inician escritura en el período de gestación del hijo y terminan con el hijo y sus respiraciones propias, y le dejan a ella –o a la voz, cuerpo del texto– esa línea nigra que poco a poco desaparece, a su pesar desaparece, la misma línea que comparte con su madre y la de ella con la suya, vidas que se hilvanan como hilos y afectos, libros que se hacen con palillos, corazón y tripa.

»Mi ojo tiene sus razones, José Watanabe. Editorial Aparte

La poesía siempre es una puerta hacia alguna parte, porque conmueve y por tanto moviliza. La poesía de Watanabe remite a la naturaleza: un lenguado en el fondo del mar, una montaña que cobija a un ser que se guarda, una roca suave como un muslo, el hielo que se derrite. Remite al lenguaje: a la insuficiencia de la lengua ante la vida y la muerte, a su uso como bisagra entre lo que se quiere expresar y lo que sale de la mente o boca o mano. Remite a la familia, a los padres, a los hijos, a los amantes, a los vecinos: celebra lo que queda después de que todo se acaba, o lo que hay antes de que nada empiece, los vestigios que quedaron y el deseo de lo que será, el olor que le trae la presencia del padre muerto, lo que anhela y por ende escribe para su hija bebé. Si nombrar las cosas es atenderlas, lo que nombra Watanabe me parece relevante de atender. Y aún sin aquello, leerle me dejó otra, fue, es aún, una experiencia transformadora.

»Pasados en limpio, Andrés Anwandter Editorial Aparte

Andrés Anwadnter esconde en versos que remiten a cuestiones cotidianas a grandes certezas que yacen ocultas por la velocidad de la vida. Se detiene, hace un alto, capaz de observar el paisaje y decirnos “Tanto tiempo mirando las nubes/ sin haber aprendido/ nada de ellas”, de una negación a la vida analógica. Y tal como dice Alejandro Zambra en la contraportada, los poemas de este libro “plantean preguntas en apariencia sencillas pero casi imposibles de responder”.

»Patas de perro, Carlos Droguett. Ediciones UDP.

El corpus de textos de Carlos Droguett viene picándose hace varios años, y con ello ha venido flotando su escritura más rara, más descartada, como islas en un mar que en sí es medio inaccesible, lleno de sensibilidades incómodas y de “sustos deformes”. Aun así yo leí Patas de Perro en pdf la primera vez, siendo su libro quizás más representativo; al estar agotado en todas las partes en las que consulté. Esta nueva edición devuelve circulación a este libro, al menos como objeto. Sobre la novela no me siento capaz de aportar algún peso teórico, es un libro de mucha ternura y mucha oscuridad, un libro humano y divergente, en el que las lecturas retóricas solo devuelven su propio eco, es una historia que toca, una historia que se traga con piedad y con empatía.

»Pelusa Baby, Constanza Gutiérrez. Alfaguara

Este conjunto de relatos tiene un humor que, con referencias eclécticas y exageradas, va definiendo una personalidad o una voz que se puede calzar en el libro completo. Va marcándose esta oralidad, que muy fuera de lo heroico y lo novelesco, es más bien algo que se escucha en las conversaciones, o quizás son lo que quiso decir, más ordenadamente, alguien que se atropelló por los nervios, o que se distrajo en cualquier cosa, en cualquier tarea o viendo la tele. Por eso el libro se vuelve íntimo y tangible, y aunque todo sea lúdico nada es gratuito, el libro está lleno de destrezas que son difíciles de notar, porque trabajan en hacer rápida y amena la lectura de Pelusa Baby.

»Preguntas que hicieron movimiento, Julieta Kirwood. Prólogo de Cynthia Rimsky. Selección y notas de Pierina Ferretti y Luna Follegati. Banda Propia.

Parte de la colección Perditas de Banda Propia Editoras, Preguntas que hicieron movimiento es un trazo de vida, una galería sin fondo, donde el lugar central de la pintura la toma el pensamiento, la idea que moviliza al conjunto, pues aquí el montaje actúa como un collage de partículas de ese pensamiento que recorría la vida y trabajo intelectual de Julieta Kirkwood, teórica y activista del feminismo chileno, cuyo fantasma hoy, en lo que sería su futuro y nuestro presente, sigue recorriendo nuestras calles, nuestras paredes, nuestros nudos feministas.
El libro está dividido en cuatro secciones que transitan el pensamiento de la intelectual y activista: desde editoriales en la aclamada revista Furia, fragmentos de sus libros y publicaciones, apuntes, trocitos, trozotes, todos sin duda material crítico, que apuntan o delinean un panorama que posiblemente no se aproxime al cauce intelectual total de la Kirkwood, pero que sin dudas, sirve como un paneo, muestra, de su complejidad y posiciones: la rebeldía es su trinchera, el pensamiento su arma, porque el pensamiento en Kirkwood siempre es acción.

»Presunta desgracia, Catherina Campillay. Pez Espiral.

Catherina Campillay pone la literatura, la poesía, al servicio de ineptitud que pareciera reconocer la muerte como un acontecimiento que es simple parte de un proceso superior, y no una irrupción de corte en la vida de alguien, alguienes, que se han acostumbrado a las pérdidas o extravíos, temporales o permanentes, de personas sobre quien se ignora su paradero y que se presume podría haber sufrido una desgracia. La ausencia y la búsqueda, aquí, gemelos idénticos, movilizan la letra hacia un espacio de la memoria que desarticula la unidad del yo enfrentándolo a lo colectivo, que es, finalmente, donde la memoria ocurre, se desata, de esta presunta desgracia, siempre en anonimato, porque ahí, quizás, entran todos esos cuerpos que no son más que células que localizar, situar, en la escena de un crimen mucho mayor.

»Sobre Barbara Loden, Nathalie Léger. Traducción de Nathalie Greff-Santamaría y Horacio Maez. Chai Editora

En las novelas cabe todo, y eso incluye las obsesiones. Sobre Barbara Loden es un ejemplo de ello. A Léger le encargaron realizar una entrada sobre la actriz protagonista de la película mítica película Wanda. No se involucre demasiado, le advierte el editor, pero Léger hace todo lo contrario, construyendo un relato en donde confabula tanto la vida de la retratada, la caracterización de su personaje y la misma escritora Natalie Léger. Con una prosa sintetizada, hace que la brevedad del libro no sea por una cuestión de extensión, sino en el cuidado de cada palabra utilizada.

»Publiguías, Manuel Boher. Ediciones Overol

Tengo debilidades por los libros que se sumen como una catarata. Me atrevería a decir que Publiguías demuestra nuevas formas de escritura a seguir. Es una renovación del hálito poético que responde resquebrajado a nuestra modernidad. En este libro la imagen de Chile se vuelve un velo corrompido por lo estático, lo que cristaliza, ficcionalizado en sentires mapeados por lo demarcado como propio. Una lectura más bien difícil; un reto emotivo, más bien diría.

»Safari, Pablo Toro. Montacerdos

Esta novela, en su momento, me pareció que fue la mejor novela publicada en el año. Al leerla, una fascinación pueril, como cuando lees tus primeras novelas de Bolaño, me invadió, y las páginas avanzaban como en un tubo que te transporta desde una guerra a la que nunca hemos pertenecido, a un Chile que ya no existe, pero que si recuerdan a las relaciones que existía entre los distintos tipos de clase, en el Chile pos dictadura. La última parte, cambia totalmente de rumbo, y eso es lo que hace a la novela aún más fascinante, porque te hace dudar de todo lo que vino antes. Pero como una obra muy bien pensada, todos los engranajes y cabos que en un momento pueden parecer sueltos, se entrelazan dejando un sentimiento de total satisfacción y sorpresa.

»Sergio Larraín, la foto perdida, Catalina Mena. Ediciones UDP

En una breve biografía, Catalina Mena indaga sobre la vida de Sergio Larraín. Como si se tratara de un rompecabeza, Mena (sobrina de Sergio Larraín) nos construye una imagen posible y cercana a la del prestigioso fotógrafo de la agencia Magnum. Un libro que nos acerca a la figura humana de Larraín, que guarda distancia con su familia aristócrata, en búsqueda de la espiritualidad y la desaparición del ego, como un testimonio cautivante.

»Teoría del polen, Victoria Ramírez. Provincianos

Teoría del polen está lleno de imágenes preciosas y precisas que establecen relaciones entre lo humano y las plantas: «A las plantas, así como a los cabellos humanos, no les importa torcerse o deformarse, con tal de lograr la expansión». Imágenes preciosas y precisas, que le dan un vuelco al pasto, al jardín, a ese mundo de exterior que tiene más relación con el interior de la que creemos, y del que Victoria Ramírez ensaya, en este libro, con gatos que se convierten en plantas y plantas que forman parte de la vida porque son, ellas también, esa vida.

»Tundra, Abi Andrews. Chai Editora

Una novela disfrazada de diario de viaje de una chica inglesa que cruza el mundo para irse a vivir en medio de la nada, por sus propios medios. Las implicancias de esto son particulares e inherentes a su ser mujer: las circunstancias y peligros a los que se ve expuesta, también la forma en que ella los observa, piensa y experimenta. Hacia el final del libro nos entrega una reflexión, como dice Andrews, “femenina y feminista” del mundo: como humanos, la naturaleza nos contiene, y por ende no es esclava a nuestros caprichos, sino que le debemos el cuidarla y nutrirla, el hacerle justicia a una relación recíproca y circular con ella y abandonar la idea de aprovechamiento y explotación lineal y unidireccional. Las tareas de cuidado no solo se extienden dentro de la raza humana, sino también desde y hacia otras especies. Somos interdependientes, nos dice Andrews, y en ello hay belleza y esperanza.

»Yo no soy el espectáculo, Elvira Hernández. Antología poética.

Yo no soy el espectáculo, apunta en 1987 Elvira Hernández, y escribe ahí una de sus máximas en la poesía, siempre en ella, porque si de algo rebosa el trabajo de Elvira Hernández es de lo poético, o de lo que podría ser, hacer, la poesía. Un trabajo –el de Elvira Hernández– en el que el verso es una cuchilla que apunta a la lengua, arriba las manos este es un asalto, y entonces la estocada: “Leer y escribir son dos movimientos antagónicos,/ como dos solitarios impulsos de amor/ que buscan hacerse uno,/ hacerse pedazos”. Una obra completa como esta, que reúne La Bandera de Chile, junto a 15 poemas de los libros y plaquettes El orden de los días, Bestiario, Santiago Waria, Álbum de Valparaíso, Cultivo de hojas, Un fantasma recorre el mundo, Pájaros desde mi ventana, Pena Corporal y el volumen de textos inéditos Acta Diurna Urbis, es una obra en la que el trabajo, ese lugar de la poeta en la poesía, se particulariza para expandirse fuera de sí, mejor dicho, del énfasis en el yo y su ego, cargas, peligros para la escritura, la palabra, la lectura y escritura que son esos movimientos antagónicos aquí presentes, pues son evidentes, luego de leer estos poemas, las relaciones que hace –hizo, sigue haciendo– Elvira Hernández entre las palabras, sus peligros y potencias, los silencios, sus peligros y potencias, la poesía, sus peligros y potencias.

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