NAZCA, el fino y prolijo trazo de un logograma.

Dante Cajales Meneses

Estoy frente a un libro que vincula dos mundos. Al leerlo, me pareció atravesar dos afluentes. El rimero mana como una muestra geográfica de ciertas piezas espaciales donde la escritura se va dibujando como el fino y prolijo trazo de un logograma. El segundo afluente, surge de la quietud observadora de las historias personal y colectiva. La voz poética de Nazca asoma como bitácora, como registro inseparable del poema. Los dos afluentes sostienen la forma de este libro.

Cautela y detalles se manifiestan en la búsqueda de las palabras. Podría decir que Carolina Pezoa crea una estética con las voces que originan la poética de Nazca. Por eso es común encontrar en sus versos un contraste o luxación en las palabras que originan los versos. Es la mirada y el lenguaje que Carolina Pezoa respira en cada cuerpo que nombra.

El poemario contiene siete combinaciones posibles; Poema sin atribución y sin fecha; Para un atardecer; Aún; Nazca; Tara; Data, y Arum, arum

Es en la escritura de “Aun”, cuando Pezoa da señales de un giro necesario, urgente: Los arboles / crecen en círculos hacia adentro / es posible desaparecer.  Es entonces, en “Nazca”, donde pareciera estar la respiración que sostiene el libro, el punto de inflexión entre lo privado y lo publico: En la i de los sueños / habrá que dar un giro / de aliento.

Salir de la palabra interior, ir por la palabra del colectivo. ¿Dónde ir?, o ¿esperar la palabra?… puede ser peligroso. «Un poema puede costar la vida», dice Mandelstam. No importa, salga, vaya y “Nazca” … en la respiración, en el primer latido, en ella, la que recoge las latas, que ellas, las que luchan, botan. En la palabra y los espacios tachados, en el crepúsculo detrás del edificio que tapa la mirada, la paz en la hoja en blanco, en el ojo despreciado en la vereda, la piedra, el olor de la sangre en el asfalto, la “data” que queda en la nube, en la memoria sólida, en la materia blanca del cuerpo, en las heridas de madre… tómelas, busque la palabra, espérela… ¡vaya!, Nazca la veces que se necesario.

Dante Cajales Meneses (Santiago, 1966). Ha publicado poesía y narrativa. Algunos de sus libros son: Techo de pizarreño (1983); Casas para morir (1986); Tiempo (1988); Días de agua (2014); Fissura (2017); Latido de escombros (2019); Respirar (2020); Cielo falso (2020); Saltar el mar (2021).
Ha sido incluído en la Antología Wurlitzer: cantantes en la memoria de la poesía chilena (2018); y en las revistas digitales: Valpoesía (Chile) Marcapiel (México); Otro Lunes (España); Nube Cónica (Chile) Santa Rabia (Perú). Su poesía ha sido traducida parcialmente al inglés.
ref: https://dantecajales.wixsite.com/poesia 

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