Construyendo el futuro: la importancia política de mediar literatura infantil

Catalina Estrella

Cuando pienso en la mediación lectora imagino una especie de puente entre la historia y quien lee. La forma que toma ese puente y los caminos que puede conectar son infinitos, tal como las posibles experiencias de lectura en torno a un mismo libro. Ese es mi oficio, uno de los tantos eslabones de la cadena del libro que va desde la creación hasta su lectura, pero antes de dedicarme a la literatura, fui solo una niña que leía.

Desde pequeña siempre me movió la curiosidad. En mi casa no habían muchos libros, solo una colección de enciclopedias de animales y el silabario, pero leer era parte de mis actividades diarias porque tenía muchas ansias de aprender cosas. Nunca pensé la lectura como parte de mis tareas porque de alguna manera siempre estuvo muy ligada a mis tiempos de ocio. Los paseos de domingo con mi tata implicaban juntar las letras de cada letrero, detenerme en los kioscos para leer los titulares de los diarios y con el dedo índice, seguir la forma de las letras de cada volante, revista y boleto de micro.

Siempre tuve una relación positiva con los libros. Incorporarlos en mi día a día implicaba sacarlos de la rigidez del estudio. Como a tantas niñas nacidas en los 90, Matilda –la película basada en el clásico de Roald Dahl– me pegó durísimo. Esa fue la primera vez que hice el nexo entre la literatura y mi propia vida y de ahí en adelante el leer se transformó en un proceso permanente que no estaba fijo solo en los momentos en que abría un libro: leer, era más bien un estar leyendo aunque no avanzara ni media página. Esta posibilidad de pensar la literatura en otros espacios y formatos, articulando las historias que leía en los libros en una constante conversación con lo que veía en la televisión y en las calles, me permitió abrir los horizontes de lectura a temprana edad. Nunca se trató de privilegios ni de condiciones materiales, pero sí de mucha libertad de acción.

Nos enseñan a leer pero no a interesarnos en la lectura

Las trampas del fomento lector en la escolaridad

A pesar de tener la fortuna de leer por gusto, la estructura básica de los controles de lectura durante la etapa escolar jamás me hizo sentido y no podría recordar qué  tanto aprendí o cuál era el enfoque de cada prueba que acumulé desde que comencé a leer. Todo giraba en torno a los porqué, estas preguntas debían de alguna manera justificar una respuesta, eso siempre me hizo sentir que había solo un resultado correcto, como en las pruebas de matemática.

Pese a ser buena alumna, creo que jamás me formé literariamente en mis años de estudio. Hice todo lo que debía hacer, cumplí con el currículum escolar y me fue bien en la PSU, pero el pensamiento crítico siempre estuvo fuera de mis espacios de lectura. Me enfrentaba a los libros del colegio con la distancia de quien se siente inferior en la jerarquía, con el desapego a mis propias certezas de niña en un sistema adultocentrista que fija tipos de prueba y tipos de respuestas, dejando fuera la diversidad de las experiencias de lectura, esa dimensión íntima que vincula al lector con la obra, al arte con la vida.

Aidan Chambers en Dime. Los niños, la lectura y la conversación estipula que el problema con los porqués, es que aparte de que muchas veces suena agresivo, amenazante y examinador, es una pregunta que abarca todo, demasiado extensa (Chambers, 1993). Este es uno de esos textos que siento que envejece bien, porque aunque mucho ha cambiado en el mundo desde que Chambers propuso Dime como una forma de conversación literaria en las salas de clases, su enfoque se basa en concebir la lectura como un proceso colectivo y colaborativo que se nutre de las experiencias que se comparten, donde cabe lo que nos gusta o no de una lectura, todo lo que sabemos, lo que ignoramos y que vamos descubriendo a medida que vamos completando nuestra experiencia individual con las del grupo.

Mi oficio me ha llevado por caminos que nunca pensé recorrer. Pese a llevar un par de años trabajando en el fomento lector, a la literatura infantil llegué tarde y a regañadientes. En primera instancia no dimensioné el impacto que tiene mediar lecturas desde la primera infancia, lo que atribuyo a que también era parte del discurso hegemónico donde a les niñes les enseñamos a leer según las pautas de evaluación y no a interesarse en la lectura. El proceso de hacernos lectores no ocurre con naturalidad en el sistema educativo, es más bien una de las primeras grandes presiones que sentimos al ingresar a la escuela. La forma en que se evalúa la lectura es universalizante, sin respeto a la diversidad porque el aprendizaje implica encajar en un molde que no aplica para todes, que aplaca la curiosidad e impone el miedo a equivocarse.

Las niñeces son la respuesta

La literatura infantil no me parecía interesante, tampoco la veía valorada en la academia, no era parte de las grandes discusiones del área. Trabajando en librerías comerciales caía en el edadismo como único criterio válido a la hora de recomendar libros en el sector infantil. Sin embargo, cuando la dimensión política del arte se hizo central en mi rol como mediadora de lectura, me enfrenté a esta categoría desde otro lugar, considerando a les niñes como ciudadanos en formación.

Mucho hablamos de la desesperanza del futuro y poco hacemos para invertir en el presente. Desde mi lugar, les niñes son la respuesta a todas las preguntas, la solución a los grandes problemas que enfrentamos como sociedad, siempre y cuando les consideremos sujetos de derecho.

En Enseñando a sentir. Repertorios éticos en la ficción infantil, su autora Macarena García, hace un repaso por lo que denomina libros infantiles sobre temas difíciles como la migración, la diversidad sexual, la violencia, la muerte, el género, etc., en su ensayo problematiza la forma en que como adultes enfrentamos el desafío de preparar a les niñes para el futuro en una narrativa ingenua que universaliza el discurso hacia la promesa de la felicidad omitiendo las diferencias. Si la literatura es un recurso para documentar los procesos políticos y las expresiones artísticas van mutando junto a las sociedades que las produce, por qué la ficción infantil se aboca a mantener a les niñes en una falsa seguridad que omite de su discurso su capacidad de criticar lo que leen (García, 2021)

Hace un par de días una amiga me escribió pidiéndome recomendaciones de lectura para tratar el duelo con les niñes y mi respuesta automática fue que antes de enseñarles a cómo sentir la pérdida, sería mejor explicarles la muerte como un proceso natural de la vida, enseñarles a abarcar los sentirse y a dejar que coexistan en su interior les permite enfrentar sus emociones entendiendo de dónde vienen. Porque encerrarles en una burbuja no les va a proteger de los peligros del sistema, algún día estarán insertes en la misma vorágine capitalista que sufrimos les adultes, lo que sí podemos hacer es armarles de educación emocional. Solo el respeto a la diferencia y la sensación de pertenencia a la comunidad es lo que despertará en elles el apego al entorno que habitan.

En el día internacional del libro infantil y juvenil recomiendo dos lecturas para ampliar los horizontes.

Funámbulus

Alex Tovar y África Fanlo

Akiara books

40 págs. 

En la línea de la educación socioemocional, este libro es una joyita premiada por la calidad de su edición. Funámbulus es una historia sobre vivir en equilibrio que se desmarca de la positividad tóxica que omite la inequidad en el mundo. Lo que más me interesa destacar de esta lectura es que presenta las emociones de una forma abarcable para les niñes y además cuenta con una guía de lectura para profundizar, donde las preguntas apuntan a inferir la metáfora de existir y vivir en sociedad a partir de informaciones que irán completando su experiencia de lectura. En Funámbulus todes somos parte del mismo mundo y atravesamos la misma vida.

Hoy en día Akiara es una de mis editoriales favoritas, tienen un respeto único por las niñeces y un trabajo tan personal que se nota desde que abres la primera página y te encuentras con les autores hablando, no solo del contexto de producción, sino también de su relación con el libro que vamos a leer.

Nadando al cielo, volando al mar

Paula Villarreal Gil y Catalina Williams

Muñeca de trapo

32 págs.

Simplemente amo el uso del lenguaje poético en la literatura infantil, hay cierta magia en la musicalidad que aporta el texto dispuesto de esta forma en un libro ilustrado. Nadando al cielo, volando al mar abre las posibilidades discursivas en la conversación que podemos tener con les niñes. Cargada de metáforas, esta novedad de la editorial Muñeca de trapo trata la empatía de manera sutil poniendo a dos estrellas, una fugaz y otra de mar, a intercambiar lugares en el mundo a partir de los anhelos presentados en sus sueños. En esta historia, les niñes verán retratada la empatía sin que se les indique cómo debe sentirse habitarla.

Con el paso del tiempo, he descubierto que la línea editorial de mi trabajo está siendo, va mutando en el trayecto mientras se nutre de las experiencias que trae consigo recomendar libros y si algo he aprendido mediando lecturas infantiles es que escucharles criticar libros y dejar que exploren sus intereses en la literatura permite establecer relaciones honestas de confianza y aprendizaje.

Les adultes de hoy estamos construyendo y decidiendo el rumbo que va a tomar el mundo que habitarán les adultes del futuro. Si queremos contribuir a establecer una sociedad más justa les niñes deben ser parte de la discusión, recibiendo educación cívica y emocional en pleno respeto de sus derechos.

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