«Cuando te abres a amar a alguien, vas a lastimarte»: Celia Paul en conversación con Olivia Laing

Traducción y selección de Rocío Abarzúa

Celia Paul y Olivia Laing se reunieron a dialogar en torno al nuevo libro de Paul, Letters to Gwen John (Jonathan Cape, 2022), recién publicado en el Reino Unido, en la librería London Review Bookshop, en Londres, el pasado miércoles 6 de abril. El evento también se trasmitió vía streaming.

Celia Paul es artista visual y este es su segundo libro. El primero, Self-Portrait (Jonathan Cape, 2019), sus memorias, fue traducido por Esther Cross para CHAI Editora en 2021 como Autorretrato y está disponible en Argentina. En Letters to Gwen John, Paul reflexiona sobre la conexión que siente con la artista galesa; los paralelos que percibe en la vida y obra de John con la vida y obra propias. A través de una correspondencia imaginaria, nos presenta esta nueva memoria escrita a modo de diálogo que ilumina nuestra percepción sobre ambas artistas, pero también aspectos sobre el amor, el arte y la creación que invitan a una reflexión más amplia.

Escogí este fragmento de la conversación entre Paul y Laing porque en él dialogan precisamente sobre estos temas, a mi juicio universales. Corresponden a los últimos diez minutos del diálogo.

Celia Paul con su autorretrato Painter and model (2012).

Olivia: Hay una honestidad profunda en cómo Celia escribe sobre –y como pueden escuchar, ha hablado sobre– las relaciones, y hay mucho en el libro sobre amor no correspondido, especialmente con respecto a Gwen, pero tú también hablas de eso, de esta suerte de veneno adictivo que vas calibrando. También mencionas esta frase muy interesante: «¿Qué haríamos si fuera correspondido? Me da miedo que mi talento se marchitase adentro mío». Y eso me pegó fuerte, porque yo he escrito bastante sobre la soledad y veía la soledad como esta suerte de cosa que venía desde afuera, pero cuando me relacioné con alguien por primera vez de manera seria, tuve la sensación de caer en la cuenta de repente de cuánto deseaba realmente esa soledad, guardaba esa soledad, escogía gente que la preservaba, porque era la forma en que podía hacer mi trabajo. Así, esta especie de amenaza que el amor posa a la creación artística es algo de lo que es difícil hablar, es difícil admitirlo. Y creo que tú eres muy buena describiéndolo, este sentido de la intimidad como un desafío o de la necesidad de preservar la solitud. Me preguntaba si eso es lo que ves tanto en ti como en Gwen John.

Celia: Sí, creo que es así. Pero creo que hay tipos de relaciones en donde hay una especie de respeto mutuo por la privacidad del otro, no tiene por qué ser así de intrusivo…

O: Y ahí es donde se siente que quizás –no sé si decir que por sabiduría o por suerte–, pero tú te alejaste un paso de John, creo que ella se quedó estancada en algún punto. No tuvo la suerte de conocer a ese tipo de persona. O ferozmente quería no hacerlo.

C: Es cierto. Es decir, lo que pasa es que cuando te abres a amar a alguien, vas a lastimarte. Todos se lastiman si aman a alguien…

O: Mm…

C: Y no es esta cosa que alivie, sabes, que uno desee ser amado por el consuelo [que brinda], sino que es, de hecho, peligroso, y el peligro es que sales lastimado. Pero si eres destruido, ahí, creo, está la elección… 

O: Y hay una brecha entre esas dos cosas [ser lastimado o ser destruido]…

C: Sí. Y creo que Gwen, por su gran sensibilidad y su casi necesidad de ser tomada por completo, podría haber sido destruida. Hay un fragmento del que hablo [en el libro] en el que, durante la guerra, la primera guerra mundial, ella ayudó y se empapó bastante de un espíritu comunal, pero la obra que creó durante esos años no tiene la intensidad [que tenían sus otras piezas]… No era una persona de espíritu público y creo que hizo bien en temer a la compañía, porque creo que podría, fácilmente, haber perdido su talento.

Gwen John por Gwen John (1900 aproximadamente).

O: Y luego, la pasión principal de todo esto, de la cual escribes con la más extraordinaria belleza y atención, es la pintura. El acto de pasar días en el estudio, pintando. Hay una descripción hermosísima: «pintar es un lenguaje subterráneo que le habla con más fuerza a las almas perdidas». Hablas de estar empapada, físicamente empapada, en el sentido del aguarrás, o «tener» –adoro esto– «tener azul prusiano en el pelo, lavárselo dos veces, y que siga ahí»; hay una sensación de pintar que es increíblemente íntima. Anoche participé de un evento sobre la pintura de Philip Guston, y estábamos hablando sobre qué le apasionaba tanto a él sobre la pintura, y lo que él solía decir bastante era que quería sorprenderse a sí mismo, pero también que quería hacer algo que se sintiera real y vivo y que cuando funcionara, él dejara su estudio y sintiera como si hubiera un ser vivo allí dentro. Y me preguntaba si eso tiene sentido para ti, esa sensación de lo que estás haciendo ahí dentro.

C: Sí, creo que está eso. El asunto es que no se siente tan –porque incluso establecer ese tipo de propósito, no podrías decirlo. Tiene que ser realmente buscar a tientas en la oscuridad. Para que la cosa que se produce parezca venir de ninguna parte. Y yo al menos me he dado cuenta, y hablo de esto [en el libro] también, es que cuando siento que estoy trabajando mejor, estoy trabajando peor.

O: ¡Cuando hablas de esa imagen, del árbol! «Lo tengo, lo tengo, ¡es fantástico!» Y al volver un rato más tarde piensas «oh mierda» (risas). Quiero decir, obviamente tú no… Pero me encanta eso, porque de verdad te creí, pensé: «Celia hoy lo hizo increíblemente bien» y, luego, al otro día, viene esa suerte de, tú sabes, este techo que todos los artistas reconocen. «Oh, oh no. Llevénsela [la pintura]».

C: (Risas) Es cierto. Creo que he formado una especie de suspicacia sobre ese sentimiento de euforia en que realmente crees que hiciste algo fantástico. Debería desconfiarse de él porque nunca es el caso. Así que tienes que ser completamente práctico sobre, bueno, simplemente, buscar a tientas en la oscuridad.

O: Y eso es parte de por qué el libro es tan –sabes, hay otra versión de este libro no escrita por ti que sería increíblemente fanática en cuanto a la creatividad o al hecho de hablar con una artista muerta, pero el tuyo no es así para nada, y pensaba todo el tiempo que era porque lo mantienes en este nivel tan práctico, es sencillamente despreocupado y  –esta es mi última pregunta. Hablas sobre escenas dolorosas, escenas apasionadas, pero siempre con una cualidad que es desapasionada. Dices en alguna parte que admiras mucho a la pintora Alice Neel, que yo también adoro (…) y se me ocurrió de pronto: no creo que tus pinturas sean para nada como las suyas, pero tu escritura sí es como una pintura de Alice Neel, tienes ese carácter de mirar todo por igual y –esta no eres tú, sino una cita de Gwen John: «es difícil expresarse a sí mismo con palabras para los pintores». Pero tú lo haces tremendamente bien y me preguntaba, sabes, siendo este tu segundo libro, ¿por qué escribir? ¿Qué es que puedes decir con palabras que no puedes decir en una pintura?

C: Creo que… Um… Solo he escrito cuando he sentido que podía decir algo explícitamente. No podría –no soy una escritora, creo, en la forma en que tú lo eres. No me siento impulsada a escribir. No siento ninguna compulsión por escribir. Mientras que sí me siento impulsada a pintar. Y creo que el hecho de que solo haya escrito cosas cuando realmente necesitaba decir algo podría darle esa especie de cualidad desapasionada, si eso tiene sentido…

O: Sí, tiene sentido. Sí. Es como –es un coro envidiable. Pero estás hablando sobre cosas que son material caliente, entonces me parece interesante, porque [lo que experimento cuando leo tus libros] no es precisamente lo que experimento con tus pinturas.

C: Bueno, creo que, porque pinto todos los días y… Pintar es algo tan diferente. Empecé a escribir no solamente para lidiar con la pérdida de Lucian [Freud, quien fue su pareja por diez años], sino también porque, cuando mi madre murió, me di cuenta de que era su vida completa la que se iba con ella, sabes, su niñez y todo, no era solamente esta mujer vieja que se moría. Y eso me hizo ver que quería crear un todo con mi vida. Luego empecé el libro de Gwen John, en realidad, para lidiar con las emociones que me producía saber que mi esposo, Stephen Kupfer, se estaba muriendo. Así que en ambos casos fueron emociones alborotadas que un poco necesitaba observar desde una perspectiva desapasionada, y el lenguaje me ayudó más que la pintura en ese sentido.

O: Quizás el lenguaje es un lugar en el cual puedes ser más fría que en la pintura, en donde el vínculo es más fuerte… 

C: Sí, sí, eso creo, porque la pintura es mucho más… 

O: Bueno, es todo tu cuerpo. 

C: Es todo tu cuerpo. Es siempre más como hacer performance o bailar o algo así. Viene de un lugar distinto. Mientras que al escribir, es tu cabeza.

Más información sobre el evento: https://www.eventbrite.co.uk/e/celia-paul-olivia-laing-letters-to-gwen-john-tickets-271218851887#

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