Dos autores, un disco, una lista de Youtube

Ignacio Álvarez

Llevo poco más de un año leyendo A lo lejos (Impedimenta, 2020), la primera novela del escritor argentino-estadounidense Hernán Díaz. No es que sea una lectura interminable, es que se ha ramificado bastante en mi vida durante este tiempo hasta ocuparla. La leí por primera el verano pasado y, poseído todavía por su embrujo, escribí unas notas espontáneas en Goodreads. Luego, pude publicar una reseña más formal en la revista Santiago y la comenté con los estudiantes de un curso de la universidad. El ciclo terminará, creo, cuando se publique en la revista Dossier una entrevista que le hice a su autor el verano pasado. Me pareció una novela maravillosa y la disfruté como hace tiempo no me pasaba. Habla profundamente sobre la soledad, un tema que me interesa mucho, y rasca ese estado del espíritu hasta llegar a su hueso dolorido. También me resultó entretenidísimo que fuera una especie de novela reversible: un western norteamericano en su haz y en su envés una muy latinoamericana novela que trabaja el parche cultural y la cita de manera desaforada, desde la gauchesca hasta Borges y Saer. En fin, la recomiendo con todas las ganas del mundo.

Detalle de portada A lo lejos, Hernán Díaz. Impedimenta.

También he leído con mucha curiosidad una de las tres novelas que lleva publicadas el escritor chileno-venezolano-francés Miguel Bonnefoy: El viaje de Octavio. No tengo todavía un juicio sobre su calidad, pero me produce una suprema curiosidad el lugar desde donde escribe. Se trata de relatos de aire real maravilloso publicados en francés y que encima nos llegan traducidos al español. Todo eso me parece interesante: el francés, lo real maravilloso, la mezcla escrita durante la segunda y tercera décadas del siglo XXI. Es un lugar difícil de sostener e intentar un proyecto de esa índole me parece suficientemente raro como para poner un ojo allí.

Detalle de portada El viaje de Octavio, Miguel Bonnefoy.

Escucho muchas veces a la semana el disco At Swim (Hoop Recordings, 2016) de Lisa Hannigan. Ella es una talentosa cantautora irlandesa –irlandesa como Sterne, como Joyce, como Beckett– que en un principio acompañó a Damien Rice, pero que después comenzó una fulgurante carrera solista. Publicó otros dos discos antes –Sea Sew, del 2008, y Passenger, del 2011–, que también me gustaron mucho, pero en At Swim alcanza una profundidad sutilísima que me conmueve. En algunas entrevistas, Hannigan cuenta que este disco nació del blanco, de quedarse sin palabras después de algo parecido al éxito. Las va recuperando de una manera absolutamente literaria, letra por letra. Por ejemplo, a partir del título de una novela del danés Carsten Jensen, que copia para titular su canción “We, The Drowned”. O bien musicalizando un poema bellísimo de Seamus Haney, “Anahorish”. En estos días mi canción favorita del disco es “Funeral Suit”, una delicada acuarela amorosa que se resuelve en unos pocos y breves trazos.

Detalle de portada disco At swim, Lisa Hannigan.

En YouTube descubrí, finalmente, un canal que me tuvo hipnotizado algunos días. Lo que me interesó de él es un poco enredado de explicar, pero ahí va. Samuel y Audrey, joven matrimonio, tienen un canal de viajes –en inglés y en español– que se llama Guía de viajes con Samuel y Audrey. Visitan lugares y ofrecen tips para turistas, lo usual en ese tipo de videos. La pandemia los deja varados en Canadá, su país de origen, en la casa de los padres de Audrey. En algún momento el papá de Audrey, Daniel, hace algunas apariciones esporádicas en los videos. Es un tipo carismático, un argentino que cuenta las historias de su vida con una gracia irrepetible. Se convierte, en cosa de pocos videos, en la estrella del canal. Cocina, comenta, hace viajes breves dentro de Canadá con su hija y su yerno. La comunidad de espectadores comenta sus apariciones y empieza a pedir que participe más. Todo culmina en una serie de videos que representa, para mi gusto, una forma curiosa de narración tradicional, premoderna casi, realizada en mitad del capitalismo tardío. Daniel se sienta a su mesa y simplemente habla. Habla y habla. Habla y habla y habla. Cuenta la historia de su migración de Argentina a Estados Unidos, luego a Canadá, su vuelta a Argentina y finalmente cómo termina, otra vez, en Canadá. Abundan los detalles, significativos, el consejo de la narración. Por cierto, no es una historia que tenga necesariamente un final feliz. Es un cuento de múltiples traspiés, de pequeñas alegrías, en fin, del saber del que se fue del pago. Aun a través de la pantalla Daniel es un rapsoda que vale la pena escuchar. Este largo relato puede escucharse aquí. 

Captura de pantalla de Youtube: Por qué emigré de Argentina.

Eso: dos autores, un disco, una lista de YouTube.

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