5 preguntas a Ricardo Olave: «La poesía fue el canal para entender una especie de viaje físico y metafórico hacia la sanación».

Cristian Hualacan

«Los poetas pudieron haber estado en algo más fino, más elevado que estas tragedias mundanas, porque el estallido social es tragedia mundana para los poetas chilenos, lo cual es una vergüenza.”, dice Patricia Espinosa sobre las novedades publicadas entre la revuelta y el COVID. Poemarios que se desmarcan de la contingencia y se someten a temas más abstractos, aparentemente más profundos que no dialogan con la contingencia ni las emociones “comunes”, sino libros para una especie de mundillo de las estéticas académicas. Todis desde lugares que se cuentan con los dedos de una mano. Pero, por otro lado, desde la frontera Ricardo Olave (Temuco, 1995) pública un poemario emparentado con el diario. Enclaustro (Tortuga Samurai Ediciones, 2022) poetiza la experiencia del COVID en una residencia sanitaria donde estuvo el autor.  El libro se compone de cinco apartados que tensionan el abandono efecto de la pandemia, la contingencia de la revuelta y el nuevo Chile que al parecer renace, donde un columpio exterior, una plaza, un recuerdo ajeno puede recordar una herida, o simplemente, exponer el peligro que azota.  

Detalle de portada de Enclaustrado (Tortuga Samurai Ediciones, 2022).

Es la primera publicación de la Editorial y tu primer libro ¿Cómo fue trabajar con Tortuga Samurai Ediciones? ¿Me cuentas que onda ese proyecto que nace desde Temuco?

Tortuga Samurái es una editorial independiente de Temuco dirigida por el poeta y antropólogo Romero Mora Caimanque, ante la necesidad de encontrar un espacio para escritores jóvenes. Existen otros proyectos, donde abundan espacios editoriales independientes con tinte artesanal, ante una constante necesidad de expresión, en el caso de La Araucanía, con un territorio de muchas voces, sus diferentes escrituras, casi una urgencia por dejar plasmado en papel lo que ocurre a través del verso. Tortuga enfrenta las dificultades que significa escribir desde una región pobre y con poco apoyo a la cultura. La editorial nace a inicios de 2021, por la cual nuevas voces han podido debutar, lo que para Romero es importante, pensando en la primera obra como una forma de madurar y concretar lo que para muchos es un anhelo.

A Romero lo conocí semanas antes de dejar Chile en octubre de 2021, ofreciéndome el espacio para esta idea que venía rondando. Tras conversar, quedamos en que yo le enviaría una propuesta, lo que ocurrió en enero pasado. En ese sentido, todo el trabajo se hizo online. El trabajo entre editor y poeta fue importante, ya que él me entregó una estructura desde la cual trabajé la propuesta final. Romero es una persona muy atenta, siempre dispuesto a discutir, a aconsejar para lograr una mayor visión de lo escrito. En el camino también me acompañaron poetas amigos como Diego Rosas y Ricardo Herrera, este último con quien mantengo una relación epistolar desde hace ya largo tiempo. El trabajo se extendió por 3 meses, cuando ambos sentimos que estaba listo. Si bien la editorial cuenta con diseñadora, conocí a Erica de Mello, artista de la India que vive en Portugal, quien se animó a plasmar el alma del texto, ayudada con algunas traducciones que hice de mis poemas al inglés.

¿Por qué la poesía para exponer la experiencia del COVID?

La escritora argentina Leila Guerriero habla que el dolor no purifica, no nos hace mejores, sólo daña. Comparto lo que dice, y resume el porqué utilicé a la poesía para exponer lo que me ocurrió. Tras vivir la experiencia del horror de esta enfermedad desconocida, viví un trauma que me acompaña hasta estos días, una voz que con la publicación y espacio para sanar se ha ido acallando. Ese período trajo dolor a mí y a mi familia, sobre todo por la reacción de cercanos al enterarse que eran casos estrechos, comentarios negativos que solo acentuaron la crisis que provocó enfermarnos. En ese entonces, las cifras alcanzaban el millón de contagiados y el proceso de vacunación estaba comenzando. Tras acabar el encierro, me tocó volver a mi trabajo, en el cual mi enfermedad fue una anécdota, retomando rápidamente la rutina. En mi mente y en mi casa, todo había cambiado. Me cobijé en la escritura para encontrar consuelo, una especie de espejo para ver todo el horror que convivía conmigo tras sentir que mi identidad se había dañado, y la juventud con la cual acostumbraba a vivir se había hecho añicos. Las secuelas, como dolor muscular o problemas para dormir, aún persisten. La poesía fue el canal para entender una especie de viaje físico y metafórico hacia la sanación.

A modo de terapia, para acabar con este trauma, decidí desplegar un camino, inspirado en Enrique Lihn y su diario de muerte, anotando con el último suspiro todo el dolor que sentí en el cierro, o imaginando la muerte como Edgard Lee Masters, que se sentó a contemplar el cementerio de Spoon River, un lugar perdido en Kansas. Él nos dice que cada tumba es un poema. Se sienta en la cima de la colina y mira cada letra puesta en el concreto, como una forma de ver la vida en calma, de analizar la humanidad. No puedo dejar fuera a Desove de la poeta sureña Claudia Jara, quien abarca la nostalgia y el dolor de la partida. Fue inspirador y esencial para la escritura.

El paso de publicar Enclaustro, este diario personal escrito en verso por esta pérdida de humanidad, fue enfrentar el horror, y una búsqueda por volver a encontrarme con la gente, con la naturaleza, en síntesis, volver a conversar, reunirnos con los otros que no pueden hablar. Incluso, tuve la oportunidad de ahorrar dinero y mudarme a Portugal, desde donde hoy escribo, en una especie de residencia literaria autofinanciada y la búsqueda de tiempo para dedicarme a la literatura.

Hay una idea de sacar a flote el pasado familiar y en parte amoroso ¿Qué pasa con la memoria cuando está afectada por la enfermedad?

Cuando las personas están más cercas de la muerte es cuando recuerdan y reviven con más fuerza a quienes uno extraña, a quienes a uno le gustaría despedirse. Un evento que marca la escritura fue estar encerrado en la residencia junto a mi madre, quien en un momento se encontraba tan enferma que los médicos decidieron intubarla. Por negligencia del hospital, la ambulancia no llegó. Si bien ella se recuperó, mientras esperaba su traslado, mi madre con la poca fuerza que tenía me habló para despedirse, palabras que conservo muy palpables. Haber escuchado la lucidez de una mujer que aceptó su destino me marcó. Eso me llevó a escribir poemas que tienen relación con el pasado, con una historia que como a muchos chilenos fue contada a pedazos, y en el proceso me llevó a encontrarme con mis apellidos, con la línea familiar de ambos lados, y busqué traspasar esa melancolía a versos.

En las cosas del amor, la pandemia me devolvió a esas preguntas que quedan pendientes cuando uno se separa de alguien que amó, y que recobraron sentido esas jornadas combatiendo con el virus.

La memoria es un lugar seguro, libre de juicios, donde uno puede visitar los recuerdos las veces que uno desee. Chile es un país nostálgico, y eso nos traspasa a varios niveles. Por eso no es sorprendente ver tantos poetas hablando sobre lo que fue, o el regreso de programas de televisión de antaño. Convivimos con la nostalgia y en mi caso la convertí en un motor. Los recuerdos son mi motor, pensando en que hay que avanzar sin dejar de mirar por el espejo retrovisor que nos devuelve a espacios donde uno fue feliz. Saramago dice que el pasado es lo único que tenemos.

¿Cómo pensaste un territorio tan complejo como Wallmapu desde el encierro?

El estar lejos del Wallmapu permite observar con luces y sombras a la región. Si bien hay 12 mil kilómetros de distancia, habito el territorio en mis sueños, o en la noosfera, este espacio donde existe la imaginación, y en el que aún siento las brisas matutinas, el olor a leña o árboles exógenos como el pino o el eucalipto, que ya son parte del cotidiano. Su belleza natural se contrapone con la soledad, la violencia y la pobreza. Así como ahora, cuando estamos retomando la costumbre de volver a vernos, tras descubrir como dijo el músico uruguayo Jorge Drexler, que los abrazos no están garantizados. Nuestro mundo es frágil, y sentimos esa desconexión, y siento que en el Wallmapu es aún mayor, afectado históricamente por la desgracia. Si ya era difícil sentarnos en una mesa a conversar, con este claustro que todos vivimos a su manera, parece que hoy nos vemos y no somos capaces de preguntarle al otro cómo se siente, qué miedos le produjo el encierro, qué tanto cambiamos. Recuerdo estar en pleno centro y ver a la gente caminar con la cabeza agachada, sin querer mirarse a los ojos. Se vive con pena ante un futuro incierto. Uno escribe de lo que sabe y busqué mirar mi aldea.

En tu poemario hay una especie de país, pero a la vez, un paisaje presente que le da sentido a las metáforas. ¿Cómo es para ti poetizar tu vivencia?

Ha sido la forma de poder hablar libre de barreras, para dar sentido a lo que uno siente. Hoy vivo mirando hacia mi lar, no hay día que no encuentre en las calles que hoy recorro algo que me transporte hacia allá. Me siento profundamente conectado con mi ciudad, pero siempre es bueno salir a buscar respuestas, a mirar con perspectiva. En esta primera experiencia fue una forma de cerrar una etapa que puede (espero) ayudar a otros a encontrar las palabras que cuesta decir sobre este proceso doloroso, que aún sigue retumbando. Pasaran años para que dimensionamos la crisis de humanidad que enfrentamos. Poetizar mi vivencia fue un inicio de un camino del cual no me quiero despegar, para buscar una oportunidad y seguir escribiendo; ahora de lo que me tiene obsesionado como es el lenguaje y los idiomas, así como otros formatos como es el cuento o la crónica.

Pregunta Bonus:
Es innegable que tu poesía se relaciona con la contingencia, ¿Qué opinas de los cambios que se vienen en Chile?

La parte final del poemario («Salida del Enclaustro»), tiene mucho de contingencia. Son cinco horas de diferencia entre Chile y Portugal, lo que me permitía leer temprano los diarios para luego dedicarme a la escritura. En esos poemas busqué hablar de la salud mental, de la soledad, de esta olla a presión que a veces puede ser Chile para las actuales generaciones, que ven como los eventos impiden proyectarse o crear lugares seguros.

Respecto al mundo del libro, puedo hablar solo de mi región, ya que no mantengo contacto con poetas de otros lados del país. Este último tiempo he visto la aparición de nuevas publicaciones y espacios digitales que permiten leer a las nuevas voces, así como la municipalidad de Temuco ha abierto la biblioteca Galo Sepúlveda para la presentación y promoción de escritores de varias generaciones. Incluso, para el centenario de la institución, realizaron marcapáginas con poemas de escritores de toda la región y estos grabaron algunos de sus versos, los cuales fueron transmitidos a través de parlantes en las calles céntricas. Un detalle que valora el trabajo, aunque como siempre sin una retribución económica, para dar respaldo a quienes dan vida a un oficio, el cual por supuesto lo hacen sin una búsqueda monetaria. No escribimos para hacernos millonarios, pero da reflejo del actual estado del arte en el país, siempre con buenas intenciones y poco respeto a su realización.

Respecto al mundo del libro, días después de la publicación le envié una copia de Enclaustro al presidente Boric, con la ayuda de un amigo. A la copia venía acompañada una carta, que buscaba reflejar la falta de apoyo a las editoriales independientes. Todo buen trabajo requiere dinero y apoyo de profesionales, algo que se ve eclipsado en el sur, donde existen muchos espacios dedicados a la cultura autofinanciados y, por ende, deben enfrentar con sus propios métodos cubrir lo que ocurre en el territorio. Es posible que este y otros libros escritos en Temuco no lleguen a todas las librerías del país, y eso impide poder llegar a nuevos lectores y encontrarnos. Hay muchas ideas para levantar a la industria y entregar dignidad a los trabajadores de las letras, más la esperanza está puesta en que el camino es largo y se avanzará tarde o temprano durante el nuevo gobierno. Hace poco me llegó un correo diciendo que lo leyó y dando respuestas a estas dudas. Tener un presidente al que guste la poesía da mayor confianza a su trabajo, al menos a los poetas. A ello, espero que se dignifique el arte y avancemos a un camino de nueva convivencia con la victoria del apruebo en septiembre próximo.

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