«Primero dudar y luego buscar la esencia de las cosas»: Entrevista con Francisca Pérez Morales sobre Tríada

Alcides Castro

Nos juntamos como a las dos de la tarde de un día de semana en un metro por la Alameda. Fuimos al Cantábrico, lugar que Francisca frecuenta y al que yo nunca había ido, almorzábamos mientras conversábamos. Lo que van a leer ahora es una transcripción de la entrevista que hicimos con el ruido de los servicios en los platos, la tele prendida en las noticias de la tarde y otras conversaciones de fondo, al mismo tiempo que pedíamos más papas fritas y se agotaban las servilletas de nuestra mesa.  

Detalle de portada: Tríada (Overol, 2022).

A: Lo primero que quería preguntarte es por tus inicios ¿cómo te acercaste a la poesía, quizás incluso antes de escribir, y cómo comenzaste a escribir poemas?

F: Siempre digo que es por el taller literario en el que partí en tercero medio, pero ahora que lo he pensado más y cuando era chica igual iba a talleres literarios, eran talleres cortos, como de una semana o un mes. Mi familia me impulsaba, mi mamá (que siempre ha sido media bruja) me decía que me metiera porque podía gustarme, nunca obligándome ni nada. Si lo pienso fui a hartos talleres cuando chica, talleres para niñes. Incluso fui al taller que hizo Pepe Pelayo, el de los chistes de Pepito. Él no pescaba mucho a les niñes, pero su esposa estaba al lado y ella era muy genial, entonces ella me hizo una especie de seguimiento, cuando terminó el taller me dijo: “oye, ¿tú vas a seguir escribiendo?”, yo nunca lo había pensado. Ahí pensé “oh, se puede seguir escribiendo”.

Ahora entrando de lleno a «Tríada», ¿Qué onda el proceso de creación del libro, de dónde viene? 

El libro partió durante el taller literario del colegio, específicamente, en el primer ejercicio del taller literario. Llegamos, el profe nos pasó una hoja que por un lado tenía un poema y por el otro estaba en blanco y teníamos que elegir al azar. Los poemas que cada integrante sacó influyeron mucho en el estilo escritural de cada une. Yo elegí un poema que era Venus en el Pudridero de Eduardo Anguita, el profe dijo que teníamos que hacer una reescritura del poema que nos había tocado. Ahí empecé a escribir y ese fue como el primer poema que leí a conciencia. Antes leía lo que nos pasaban en el colegio y no me llamaba la atención, pero ese poema era otra cosa, nunca había leído algo así. Entonces, siento que ahí empezó el libro, desde la lectura de otro autor, que fue Anguita. Me empecé a contagiar de su poesía y la mezclaba con mi sensación del momento, que estaba muy vinculada a la rabia. El tópico del padre también surge en ese mismo tiempo, el libro partió como una forma de desquitar esa rabia, de sacarla de mí, pero el origen es esta reescritura de Eduardo Anguita. lo leí y dije: ah, esto es poesía (risas). 

En la presentación del libro tu hablaste de la densidad que tiene el poemario, quería preguntarte si podías ahondar un poco en eso, ¿cómo es esta búsqueda de mostrar densidad en “Tríada”?      

Para mí la densidad viene de lo sensorial, como que me sentía viviendo en otra densidad cuando empecé a escribir el libro. Sentía que todo iba muy rápido, la gente caminaba más rápido que yo, los autos pasaban rápido, la vida pasaba y yo iba en tercero medio y quería quedarme ahí. No quería seguir estudiando, no quería ir a la universidad o al instituto o cualquier cosa. Entonces, la densidad era como una barrera que me permitía quedarme en el lugar en el que estaba. También lo relaciono con el agua, mantenerse en el fondo del agua, mantenerse en un lugar sin luz. En ese tiempo, me sentía inmersa en esto de caminar lento, yo misma era densa en el sentido de que si alguien quería conversar conmigo, sólo podía hablar cosas tristes, melancólicas, cargaba con mi herida, con este dolor de abandono paterno, que deben sentir muches niñes en Chile actualmente. Sentía que yo era esa herida, entonces no podía ser una persona ligera, en el sentido de ir a la superficie y decir: oye que rico el día, de hablar de cosas relajadas. También la densidad tiene que ver con que quería conectarme con lo más profundo de mi ser, que tiene que ver con mi origen desconocido, con no saber de dónde vienes y cargar con el fantasma de la ausencia. De repente veía paralelos entre mi padre y yo y decía esto no puede ser, yo no soy mi padre. Estaba ensimismada en un mundo muy profundo de mi propio ser, creo que por ahí va la cosa. 

Tomando el tema del agua para representar esa densidad, en ese sentido al final del poemario y creo que también en la presentación hablaste de eso, la escritura se ve como, tomando la metáfora del agua, un bote salvavidas, como un espacio de sanación, terapéutico. ¿Esto es así, ves la literatura y la poesía como un espacio curativo? 

Sí. Incluso, recordando el inicio yo me metí primero al taller literario porque me llamaba la atención, y al final terminé tan unida a ese taller porque encontré esa sanación en escribir y compartir ese mundo con les compañeres. Pensaba que no podía expresar lo que sentía, solo podía expresarlo a través de poemas, que como dije tampoco eran mis poemas, al principio eran puras reescrituras de Anguita. Creo que fue bueno eso de las reescrituras porque no me exponía a mí misma de una, no era como «ya, aquí vengo yo a decir mi verdad,» si no que Anguita dice esto, pero también me identifico con eso. Entonces era como vincularse con ese dolor que uno tiene dentro. Quizás en la época escolar no fue tan salvavidas, ahí nos acompañamos mucho entre les integrantes del taller, pero cuando entré a la universidad sí se convirtió en un salvavidas. Si no escribía algo me sentía desequilibrada, con algo atorado en la garganta, cuando escribía, entendía por lo que estaba pasando, porque escribir es como dialogar con uno mismo. Yo rescato harto eso, la Fundación Manoescrita que creó Alejandra del Río quiere hacer ver a las personas que la escritura es una herramienta de sanación, para que conversemos con nosotros mismos. Cuando uno escribe está sacando contenido abstracto que tiene en su cabeza y haciéndolo material en el mundo. Por eso siento que ese diálogo nos dice cosas que de repente no podemos darnos cuenta a menos que hablemos con alguien más y hay cosas que son muy personales que quizás no somos capaces de decirles a otras personas y podemos decirnos a nosotros mismos a través de la escritura. Entonces por ahí va, necesitaba hablar ciertos temas con alguien y no podía hablarlo con nadie, porque eran cosas tan dolorosas o íntimas que solamente las podía hablar conmigo misma y en ese diálogo se da la escritura. 

¿Qué es Fundación Manoescrita? ¿Puedes ahondar en el trabajo que realizan?

La Fundación es un proyecto que comenzó Alejandra del Río, basado en su largo trabajo con la educación poética, que es una forma de enseñar a las personas sobre cómo conocerse a sí mismes, incluso sanar mediante la escritura. Entonces vincula la terapia con la escritura, yo pienso que tiene que ver con el primer momento en el que empezamos a escribir, que nos conecta con nuestra infancia, con nuestros traumas. Finalmente, esta fundación explora todo el lado espiritual de la escritura, porque la escritura tiene un lado estético, que es el que vemos en los libros, lo que se lee en las críticas, que es al final con lo que más nos quedamos. Entonces la Fundación se centra en este lado terapéutico y armónico, que tiene que ver más con el proceso y las cosas que ocurren en nuestro cerebro durante él. También trabaja con la idea de que todes podemos ser escritores, todas las personas podemos escribir nuestra historia y comunicarnos con nosotres mismes, la Fundación otorga esas herramientas para empezar ese camino de la escritura. Desde la primera infancia hasta la tercera edad, trabajamos con todas las etapas de la vida.

Volviendo un poco a Tríada. En el libro hay diversas formas y estructuras de poemas, hay verso libre, hay unos haikús, también diversas alineaciones de los poemas, ¿Qué puedes contarnos acerca de esta preocupación con la estructura y la forma? ¿A qué responde?

Yo creo que partió como una búsqueda y luego se dio vuelta en una especie de respuesta. Partió de la pregunta de qué estilo me acomoda más, con el tiempo me fui dando cuenta de que me acomoda el verso, pero después quería responder a la forma en que la crítica ve la poesía. Entonces, por ejemplo, el último poema que es «Teoría de Cuerdas», es como el sustento teórico del libro, en un comienzo era una búsqueda muy tentativa de qué me acomodaba y después quería un poco decir que no hay límites entre las distintas formas que escribimos. Podemos escribir una teoría que es poesía, pero si le ponemos teoría es teoría, entonces ¿cuál es el límite de lo teórico?, ¿cuál es el límite de los géneros literarios? Entonces partió como una búsqueda y terminó como un juego de confundir estas cosas, de confundir lo teórico con lo estético. Al final, creo que es más como un reproche a la teoría, de por qué es tan seria, por qué suele alejarse de la realidad, por qué no puede involucrarse más con el poema desde lo honesto y no lo académico. Sobre todo hacia el final de la escritura del libro me guié más por la ironía, un poco inspirada en Parra que me gusta bastante. 

Ya para ir cerrando Tríada, desde el título del libro sabemos que es muy importante lo numérico, lo numerológico, incluso en el epígrafe que es una canción de Pixies*, ¿Qué hay detrás de eso, de que los números signifiquen? 

Qué bueno que preguntas esto porque ahora hace poco que he estado haciendo clases de matemáticas he estado vinculándome más con esa parte. En un principio yo creo que respondía a mi interés científico, porque me gustan harto las humanidades, pero también me gustan las ciencias, biología, física y me interesaba estudiar eso también, entonces en un comienzo era como complementar el lado “científico” que había perdido con estudiar literatura. Después se confundió todo. Pienso que mi forma de ver el mundo es pitagórica en el sentido de que todo es número y todo es lenguaje, por así decirlo, en el libro hay una exploración de cuál es la materia que compone mundo, cuál es su esencia. Mi conclusión hasta el momento es que es lenguaje, y ese lenguaje es numérico, verbal o icónico entonces los números también nos dicen algo, en un lenguaje más críptico y simbólico, porque si uno dice, no sé, siete, puede significar tantas cosas como puede significar nada. Entonces es explorar ese lenguaje simbólico de los números y de cómo se repiten los patrones en el mundo. Por ejemplo, se repite la idea de la familia como padre madre hijo(s), esta tríada social juega también la idea numérica, el equilibrio de tres elementos que (según se cree) puede perderse cuando falta un elemento. Es jugar con lo que nos dicen que está bien, y con lo que es verdad o cómo chocan las distintas verdades que surgen hoy. Pitágoras mismo tenía sus propias dudas respecto a su teorema pitagórico del triángulo isósceles, ni él mismo estaba seguro de eso. Entonces, siento que es primero dudar y luego buscar la esencia de las cosas.

En la presentación del libro que hizo Catalina Ríos se mencionaba el machismo en los espacios literarios, tú como poeta mujer, y quizás aún más como poeta mujer joven, ¿qué puedes decir con respecto a este tema?

Cuando le pedí a Catalina que hiciera la presentación nunca había pensado en eso, en que juntas empezamos un poco el camino literario y compartimos los mismos espacios, muchas veces hostiles. Nosotras hablamos desde lo vulnerable, un espacio en el que estás por ejemplo en una fiesta, estás con tu uniforme de colegio y llegan hombres y te dicen: te puedo publicar si vas a mi casa. Muchas amigas y amigues vivieron situaciones de acoso por parte de sujetos pertenecientes a este circuito y la mayoría ha quedado impune hasta el día de hoy, esta es una verdad de la que no suele hablarse. En mi experiencia nunca viví un acoso como tal en este círculo, pero sí había (casi siempre) una segunda intención, creo que es el tema del poder, los hombres históricamente han tenido el poder sobre muchas cosas, entre ellas la literatura, los premios literarios, cargos en los gobiernos en la parte cultural y las mujeres y disidencias siempre hemos sido rezagades. Entonces siento que ellos tenían un doble poder, en el sentido de que eran adultos y que tenían una editorial o pertenecían a una fundación o algo así, y además poder masculino, eran hombres y podían históricamente ponernos el pie encima. Entonces igual fue bien difícil esa experiencia, pero la valoro porque siento que gracias a eso conocí lo que es en verdad este “mundillo”, como que vivía la ilusión de que el circuito literario es maravilloso y todos son tus amigos, y todos te quieren y todos te leen también, entonces pienso que fue un despertar, y este acto valiente hecho por Catalina también me ayudó a reafirmar este despertar, de que las cosas buenas no necesariamente tienen más lobby o no necesariamente se leen más, a veces al contrario se leen menos todavía. Fue observar cómo es el mundo en verdad, que tiene harto que ver con el dinero y el poder. 

Para ir cerrando, ¿En qué estás ahora, y qué se viene para el futuro? 

Ahora estoy muy abocada en la pedagogía, en ser profesora, hacer clases a los estudiantes, aprender de ellos. También me gustaría guiarme más por el arte. Siento que esta división entre literatura, artes plásticas y música hay que romperla, romper esa división entre áreas o géneros. Últimamente he estado aprendiendo un poco sobre teoría musical y ha sido fascinante ver los paralelos e intersecciones entre los distintos campos artísticos y cómo pueden potenciarse entre sí. Me gustaría trabajar algo que mezcle todo, ahora estoy en un proyecto que se llama Cuadernos que fue mi tesis de literatura, estoy en proceso de edición. La idea es trabajar la combinación de estas tres esferas que mencioné, incluyendo la terapia, desde una escritura de la infancia; el primer libro se llama La infancia rota, vuelve a la niñez y profundiza aún más los traumas de infancia, que es un tema aún más denso (risas).

*La canción es Monkey Goes To Heaven, el epígrafe dice: “Si el Hombre es 5 / entonces el Diablo es 6, y si el Diablo es 6 / entonces  Dios es 7”.

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