La brevedad y el ritmo, el cuerpo como soporte

Catalina Estrella

“La primera preocupación del escritor de relatos, una vez dominado el tema, es el estudio de lo que los músicos llaman el ataque (…) la trayectoria es tan corta que prácticamente coincide el trueno con el relámpago”

Escribir ficción, Edith Wharton

Contrario a lo que podríamos haber previsto para el panorama de las artes y la cultura, en Chile no se han dejado de publicar libros durante la pandemia. Es innegable que el medio ha sufrido grandes cambios mientras atraviesa una crisis económica y material –de papel– que precariza aún más el sector. Sin embargo, la misma emergencia ha permitido el fortalecimiento del mundo independiente: librerías online, microeditoriales, medios de circulación digital y otros que vinieron a reforzar y diversificar el ecosistema del libro.

En esta misma línea, algo que llama profundamente mi atención con respecto al abanico editorial que se maneja en el país, es la marcada tendencia a la brevedad entre autorxs debutantes que eligen el cuento como el género que enmarca sus primeras publicaciones.

En medio de esta observación panorámica, cabe preguntarse cuánto ha contribuido el formato de las redes sociales al alza de la circulación de relatos más bien breves. Aún es muy pronto para lanzar conjeturas, pero es importante el levantamiento de esta información para tenerla en cuenta durante los próximos años, cuando tengamos un panorama más acabado en relación al impacto que tuvo la pandemia en el uso del internet y las redes sociales como medio válido de expresión artística, sobre todo durante las primeras etapas de la emergencia sanitaria, cuando gran parte de nuestro contacto con el mundo exterior se vio dramáticamente reducido a interacciones digitales. 

Otra arista a considerar es que durante las últimas décadas, la literatura chilena se ha visto cruzada por una narrativa autoficcional que se caracteriza por tener una autoría que coincide con la voz narrativa. Más allá de la crítica al yoísmo literario y su trascendencia histórica, lo personal se ha ido tejiendo como una especie de red en la industria del libro nacional, a partir de los trabajos de una nueva generación de autorxs que recurren a sus propias experiencias como ingredientes y herramientas para ficcionar desde lo literario. 

Con todos estos antecedentes, tenemos más o menos claro qué esperar de las nuevas voces de la narrativa chilena, sin embargo, mujeres y disidencias han ido variando la rigidez de la estructura del canon literario, al matizar el yo con una fuerte crítica al sistema que subyace en la construcción de personajes, en su mayoría feminizados, atravesados por la crueldad de un sistema desigual.

La brevedad y el ritmo

La manera en que se nos presenta la acción puede fomentar la curiosidad lectora tanto en niñes y adolescentes, como en adultes, por eso dedico gran parte de mi tiempo laboral en la mediación de LIJ buscando relatos con un ritmo de lectura rápido asociado, no sólo a su brevedad, sino también a la forma en que está construida la ficción.

Como lectora soy muy asidua a los cuentos, no solo por la comodidad de un formato más breve, sino también porque para mi un buen libro de cuentos tiene un doble valor, la suma de sus relatos forman un todo y lo cruzan diferentes elementos relativos a la construcción de sus personajes, otros más bien ligados a la técnica y al estilo de la escritura, como por ejemplo un uso particular del lenguaje, y en ciertas ocasiones se logra una cohesión preciosa amparada en sutilezas narrativas de tono y ánimo.

Un buen libro de cuentos tiene una complejidad digna de admirar y este es el caso del libro debut de la chilena María José Bilbao.

Preferiría que me imaginaran sin cabeza

Montacerdos

104 páginas

Sorprendente, y en cierta medida, adelantado a su tiempo. Este libro es una apuesta que ganó. Así he podido resumir mi experiencia de lectura del debut literario de María José Bilbao Prefería que me imaginaran sin cabeza, editado por Montacerdos.

Con una narración tan vertiginosa que bordea lo delirante, los cuentos de Bilbao nos llevan al límite física y emocionalmente. Sus personajes son mujeres precarizadas, con trabajos que las oprimen, sometidas a las bajezas y el maltrato de un sistema despiadado. No es casualidad que sean estos cuerpos y no otros, los que encarnan la hostilidad y la violencia, más allá de si este aspecto es producto de una decisión consciente por parte de su autora, resulta muy inteligente y asertivo que sean mujeres quienes protagonizan estas historias, precisamente por la brevedad de su escritura.

El cuerpo como soporte

En un cuento no hay tanto espacio para delinear la progresión de los personajes, es la presentación de la situación misma la que entrega las claves para soportar una diversidad de lecturas. En el caso particular de Bilbao, la ficción se sostiene en las corporalidades que retrata.

Gaseosa y Angelica Rebolledo, ejemplifican lo que podríamos denominar la incomodidad del ser encarnada en la modificación de un cuerpo que no cabe en la norma. El primero lo aplaudo porque es una osadía que salió bien, se inscribe en el marco de la ciencia ficción, sin embargo, Gaseosa tiene matices que van mucho más allá de las especulaciones del futuro, funciona como un recurso de estilo para exponer las repercusiones éticas que tiene la tecnología en la sociedad. La historia es sobre una mujer que renuncia a su cuerpo y se gasifica, mientras se obsesiona con los del resto del mundo, esperando que la sociedad avance. Que se eleve.

Por otro lado, Angelica Rebolledo se nos presenta como una biografía donde asistimos a la exposición de las acciones. Destaco este cuento en particular porque me parece un buen ejemplo de astucia, no hay un personaje que nos adentre en su intimidad, no vemos su desarrollo mientras se desdobla la trama, sino más bien somos espectadores de una sumatoria de situaciones macabras y repulsivas que nos mantienen al borde del abismo. Angélica reforma su identidad cortando sus piernas.

Quiero detenerme en Noche en el Monte Calvo porque simplemente me pareció una genialidad que escapa de la línea en que se nos presentan las protagonistas de los otros cuentos. Como lectores, asistimos a la queja, la rabia y el hastío de una niña rodeada de adultos que la fastidian. La historia trata de la exploración natural que una niña hace de su vulva en un espacio privado, y de cómo está intimidad se ve pasada a llevar por adultos que la avergüenzan. Es un retrato de un abuso que proyecta una reflexión mayor sobre cómo les adultes delimitamos la privacidad de les niñes y hasta dónde repercuten nuestras palabras y acciones en la forma en que se perciben a sí mismes.

Requiere mucha valentía y astucia construir un relato con una mirada desprovista del adultocentrismo con el que solemos enfrentarnos a historias protagonizadas por niñes, por eso me atrevo a decir que este es el personaje que tiene un mayor desarrollo en relación a las otras historias que conforman el libro, porque entendemos el tono de su monólogo inicial, cuando nos sumergimos en este registro infantil desprovisto de esta caricatura de la inocencia angelical y lleno de la más pura humanidad.

Gran debut el de María José Bilbao, sin duda mi libro favorito en lo que va del año, agradezco el frescor de su escritura. La invitación a salirnos de todos los márgenes, a ponerle el cuerpo a la ficción y aceptarla cómo y desde dónde viene, aunque la reflexión proyectada en su escritura nos atraviese tan rápido como un destello de luz en mitad del cielo.

Una respuesta a “”

  1. Gracias Catalina Estrella, siempre recomendando joyas y explicando desde qué lugar viene esa recomendación ❤ voy a por este librito como autoregalo de cumple si o si

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